"En la cárcel las personas involucionan"

Jesús Cabral, periodista de Tiempo Argentino, contó su historia de vida, en una charla en el Centro Cultural Haroldo Conti.

Jesús Cabral, periodista de Tiempo Argentino, participó de una charla organizada en el Centro Cultural Haroldo Conti, en la ex ESMA. Allí contó un fragmento de su vida y lo relacionó con la violencia institucional y las políticas de seguridad.

Explicó que entre la Noche Buena y la Navidad de 2005, los policías bonaerenses Hernán Ricardo Arguello y Marcelo Arriola torturaron y asesinaron al dirigente de la Unión de Docentes de la Provincia de Buenos Aires, Ángel Alberto Marcos y a su pareja, Nancy Nolasco. “Arriola murió en 2008, en una persecución mientras intentaban capturarlo. En tanto, Arguello fue condenado a prisión perpetua en octubre de 2010 a raíz de mi testimonio. Es que yo fui testigo de todo y sabía lo que iban a hacer. Es por eso que comenzó mi calvario”.

Entre 2002 y 2012, Jesús, de 32 años, estuvo preso durante 10 años y seis meses. Fue en varios períodos y en diferentes penitenciarías provinciales. “En prisión fui torturado repetidas veces y hasta estuve al borde de la muerte. También sufrí un simulacro de fusilamiento encapuchado y encerrado en una leonera, que es una jaula en la que las personas pasan transitoriamente. Y me transfirieron clandestinamente a otra unidad penitenciaria. Fui víctima del ensañamiento porque fui testigo de un doble crimen perpetrado por dos efectivos de la bonaerense”, enumera y resume el periodista de este diario.

Voz autorizada, el pasado fin de semana en el Centro Cultural Haroldo Conti que funciona en el espacio de memoria de la ex ESMA, Jesús encabezó una charla en la que abordó cuestiones relacionadas con las políticas de seguridad en relación a la violencia institucional y a la cultura carcelaria. Poseedor de una diplomatura de grado en Humanidades y Ciencias Sociales, está a dos materias y una tesis del diploma en Sociología, carrera que empezó en la Unidad Penitenciaria 48 de San Martín, “sobre los célebres basurales de José León Suárez”, remarca.

Y después de más de una década tras las rejas, algo de idea tiene en relación al significado de cultura carcelaria. “Son las técnicas de supervivencia dentro de la cárcel. Como por ejemplo, aprender cómo calentar agua cuando no hay una cocina”, define y recuerda entonces a la metra tumbera, un dispositivo hecho con botellas de plástico, cables, una chapa, un clavo y un trapo que hace las veces de pava para calentar agua a baño maría. Pero se detiene en la palabra que llama la atención: supervivencia.

“Y sí –reafirma con vehemencia–, porque en la cárcel tenés que sobrevivir todo el tiempo. Porque el sistema carcelario funciona mal, las condiciones de vida son precarias e inhumanas y las personas allí cautivas tienen que emplear estos métodos. El servicio penitenciario es totalmente hostil e intenta convertir a las personas en sicarios sociales para que cuando salgan, reincidan y vuelvan rápido a la cárcel. Es un sistema que deshumaniza, ya que las cárceles no funcionan con el propósito que fueron creadas, que fue que las personas incorporen las herramientas para poder desenvolverse en la sociedad. Es decir que las personas no evolucionan sino que involucionan”.

Pero el problema no empieza y termina tras las rejas. “El Poder Judicial es cómplice de todos los delitos que se cometen en el servicio penitenciario y de todas las violaciones a los derechos humanos que cometen los policías”, denuncia Jesús.

Desde el 15 de octubre y hasta el 27 de noviembre, el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti presenta la muestra Arte y Territorio, una espacio realizado en el marco de la II Jornada de Arte y Transformación Social que se realizará el sábado 26 de noviembre en ese espacio, y del que también participaron la Biblioteca Caminante de la Villa 31 y 31 bis, Instantáneas del Barrio Mitre (Saavedra), Pabellón Frazada (Unidad Penitenciaria 48), Proyecto Enroque (Villa 1.11.14), Proyecto La Estrella (Mariano Acosta) y Zona Imaginaria (Villa Jardín).

La idea de este proyecto, según sus organizadores, es acercar los programas artísticos desarrollados en los barrios, instituciones educativas y cárceles que “constituyen un eslabón importante en el campo de la producción cultural”. Además pretende explorar las distintas modalidades, alcances, formas de organización y producción que se dan en estos espacios e intenta abrir un diálogo con el objetivo de construir otras formas de visibilidad de esas iniciativas artísticas.