No culpen al mensajero

Por Peter Laufer, director Unesco Crossings Institute


	AFP

Son raras las noches en que la televisi髇 est encendida en mi casa. En su lugar suelo leer el diario, alg鷑 libro, navegar por Internet o incluso jugar al scrabble con mi esposa. Pero la noche del martes fue una excepci髇. Y mientras el mapa de la CNN se iba pintando de rojo (color asignado al partido Republicano) mi cabeza, como la de tantos otros estadounidenses, solo pod韆 pensar en el exilio. 縋or qu quedarme para sufrir la traum醫ica presidencia de Trump? 縋or qu no evitar presenciar el vulgar declive del imperio estadounidense?

Esa noche me sent en el sill髇 a mirar el escrutinio mientras mandaba mails a mis amigos en otras partes del mundo pregunt醤doles a ellos qu deb韆 hacer. Un amigo que vive en Par韘 me respondi haciendo hincapi en la importancia de que me quede para formar a las nuevas generaciones de periodistas que "ser醤 la defensa contra una estrepitosa ca韉a en el abismo".

Incluso me dijo que 閘 estaba pensando en volver al pa韘. Otro colega, que trabaja como corresponsal en Berl韓, me advirti que los efectos de la victoria de Trump en los movimientos de extrema derecha en otras partes del mundo no me pondr韆n a salvo de las consecuencias de las que quiero escapar. "Perd髇, pero creo que ten閟 que quedarte en EE UU. Vas a ser m醩 necesario all", me explic. Uno m醩, que es corresponsal en Italia, me dio una respuesta digna de una pel韈ula de Fellini: "No te preocupes que nosotros sobrevivimos a Berlusconi. Sean valientes y cierren filas."

Cada vez que trato de analizar la victoria de Trump me tropiezo con la misma situaci髇: me resulta incomprensible. Al norte de la frontera somos muchos los que hemos sufrido la relaci髇 que nuestro pa韘 desarroll con Am閞ica Latina. En mis a駉s de periodista pude verlo en primera persona al cubrir las consecuencias de las pol韙icas estadounidenses desde Guatemala hasta Argentina, pasando por Nicaragua, Bolivia y Per. Nuestro gobierno, como los lectores de Tiempo saben por experiencia propia, tiene una larga y s髍dida historia apoyando golpes de Estado, instalando l韉eres o manipulando la opini髇 p鷅lica. Al mismo tiempo, los "gringos" miramos hacia el sur sin entender que son nuestros propios impuestos los que ayudaron a crear ese infame insulto de "rep鷅lica bananera". Un insulto que ahora nos corresponde. Nuestro nuevo presidente cumple todas las caracter韘ticas del l韉er demag骻ico que contribuimos a crear, luego temimos y finalmente combatimos al sur del R韔 Grande: es un ser vanidoso y mentiroso que promueve la violaci髇 de todos nuestros valores -cuando no nuestras leyes- mientras construye un culto a su persona a expensas de quienes lo eligieron.

Un par de d韆s despu閟 de la elecci髇, un grupo de estudiantes de mi curso de periodismo tratando de procesar el inesperado golpe de ser gobernados por Trump, dedicaron toda la clase a pensar notas para analizar los resultados. Los protagonistas salieron r醦idamente: inmigrantes (documentados o no) que temen por su seguridad y por una posible deportaci髇, los que creyeron en las encuestas y por tanto no se preocuparon por ir a votar, los que atraviesan ahora una depresi髇 post-electoral o los que eligieron votar por un partido distinto al dem骳rata contribuyendo al fracaso de Hillary Clinton. Un listado que tambi閚 inclu韆 a aquellos estadounidenses que, como yo, pasaron la noche evaluando la posibilidad de exiliarse. En la lista de temas, por supuesto, tambi閚 estaba la pertinencia de cambiar el sistema de colegio electoral por uno que privilegie el voto popular, algo que hubiera dado la victoria a Clinton.

Pero mucho se ha hablado sobre el rol del periodismo en esta elecci髇 y, al respecto, es importante destacar a los periodistas que cumplieron un rol importante al suministrar informaci髇 chequeada y valiosa sobre las falencias de Trump. Algo que, sin dudas, no salva a aquellos que cumplieron otro rol siniestro, como muchas corporaciones medi醫icas que dieron incontables espacios de publicidad gratuita a Trump 杣n hombre que sabe c髆o usufructuar esa posibilidad- por el mero hecho de que eso les garantizaba un elevado rating, muchas ventas o un enorme n鷐ero de clicks en sus web.

Pero hay que ser justos: la victoria de Trump no es culpa del periodismo. Nadie puede culpar al mensajero por esta mala noticia. Los que lo votaron lo hicieron porque sab韆n lo que estaban comprando o lo eligieron porque no cumplieron con su responsabilidad civil de estar debidamente informados antes de emitir su sufragio. As como yo puedo leer las coberturas de Tiempo en su web desde mi living de Oregon, ellos tambi閚 podr韆n haber le韉o valiosos art韈ulos de periodismo que los hubieran ayudado a tomar una decisi髇 que tenga sentido para nuestro futuro. La responsabilidad , entonces, reside en los consumidores de noticias que deben buscar la informaci髇 necesaria para no ser enga馻dos por corruptos impostores. <