Cr髇ica carioca: R韔 de Janeiro celebra su carnaval 韓timo en la meca del samba

Una deriva por la m韙ica cuna del samba, Pedra do Sal, en el casco hist髍ico de la Cidade Maravilhosa. Antiguo barrio portuario, donde esclavizados, migrantes bahianos y artistas bohemios dieron forma, hace 100 a駉s, a uno de los pilares de la cultura popular brasile馻.

Todos los d韆s lunes, religiosamente, los fieles se congregan en la Pedra do Sal. La catedral a cielo abierto del samba carioca se erige en el popular barrio de Sa鷇e. En la zona c閚trica de R韔 de Janeiro, al pie de una escalera tallada en las rocas, sobre la rua Silva Pinto. De espaldas al ostentoso paseo mar韙imo y a los flamantes museos construidos para la celebraci髇 de los Juegos Ol韒picos.

Sobre la diminuta plaza seca hay un solitario cocotero. Desde el atardecer, los puestos de los vendedores de cerveza y caipiri馻 florecen cerca de la mesa que oficiar como altar. Una carpa colorida completa la escenograf韆. Las paredes de las casas que custodian el 醙ora est醤 tatuadas con grafitis. Sobre una de ellas, hay un est閚cil con el busto de una morocha de rulos el閏tricos, acompa馻do por una advertencia: 揅respo es bello, feo, 閟e es su prejuicio. No muy lejos, otro mensaje, uno que se repite: 揊ora Temer.

A las ocho de la noche, el sol tremendo se despide de la Cidade Maravilhosa. Sin embargo, el calor se resiste y no da respiro en este barrio que fue bautizado como la 損eque馻 羏rica por el compositor Heitor dos Prazeres, uno de los santos patronos del g閚ero junto a Cartola, Nelson Cavaquinho, Adoniran Barbosa y Aniceto do Imp閞io.

Viejo mercado de esclavos y escenario de ofrendas a los orix醩 africanos, para las primeras d閏adas del siglo XX Pedra do Sal ya se hab韆 transformado en el punto central de reuni髇 de los m鷖icos que descend韆n al bajo fondo carioca desde los empobrecidos morros.

揈sta es la cuna del samba: la zona portuaria, el barrio de migrantes bahianos y, sobre todo, el territorio de los esclavizados, asevera rotundo Neis Jota Carlos, un elegante jubilado ataviado de punta en blanco: sombrero jipijapa, guayabera crema y zapatillas de running al tono. Neis ara馻 los 80 a駉s, es mec醤ico hidr醬lico y est casado hace d閏adas. Muchas d閏adas, subraya. Su pasi髇 es la m鷖ica en general, y el samba en particular. Toca, canta y compone. Mientras degusta una lata de Antarctica bien helada, recuerda sus primeras derivas bohemias en la Pedra do Sal: 揅uando era joven, ven韆 con amigos a cantar y tomar unas cervezas. No era ni por asomo lo que puede ver usted ahora, con tanta gente. Esto era m醩 bien un desierto. Neis resalta que con el paso del tiempo, y pese a la reticencia de la 閘ite, el samba gan miles de fan醫icos y se transform en parte fundamental de la identidad nacional brasile馻. Antes de perderse en un mar de danzarines y turistas, arriesga: 揂c se dio el origen. Pedra do Sal es la g閚esis de nuestra cultura.

Ruido de rotas cadenas

Por estos d韆s, el samba festeja su centenario y lo hace, obviamente, bailando y cantando en R韔. Las cr髇icas de 閜oca cuentan que poco m醩 de un siglo atr醩, el 27 de noviembre de 1916, se registr en la Biblioteca Nacional de Brasil el primer 搒amba carnavalesco de la historia, titulado simplemente 揚elo Telefone. La canci髇 hizo delirar a los cariocas en el carnaval del '17. El compositor Ernesto dos Santos, alias 揇onga, y el periodista Mauro do Almeida figuran en los registros oficiales como los autores de la pieza. Detalle no menor, pol閙ico y sobre todo discutido, ya que las malas lenguas cariocas cuentan que, en realidad, 揚elo Telefone fue una creaci髇 coral, parida por media docena de m鷖icos, un colectivo bohemio y errante que sol韆 reunirse en la zona portuaria a cantar en ronda y celebrar el candombl. Encuentros que se realizaban en la casa de Tia Ciata, una migrante bahiana, referente de la cultura afrobrasile馻 e indiscutible madrina del samba.

揈s imposible separar la historia del samba de la cultura de los esclavizados. Aqu cerca llegaban los nav韔s negreros, con los hombres y mujeres que sobreviv韆n y no eran arrojados al mar luego de las penurias del viaje. Muchos se establecieron por esta zona, recuerda con aires de historiador revisionista Peterson Vieira, un percusionista que integra el grupo que animar la velada. Agrega que toca samba desde la cuna, arranc a ganarse sus primeras monedas en el gremio a los once. Hoy tiene 41 y se dedica full time a darle duro y parejo al pandeiro. 揕a Pedra do Sal era el lugar donde descargaban la sal que se utilizaba para conservar los alimentos. Cuando se aboli la esclavitud, construyeron sus viviendas rodeando la piedra. Ellos mismos tallaron los escalones, dice el m鷖ico y se馻la la curtida roca. Mientras calienta sus mu馿cas, Vieira afirma con orgullo que su familia desciende de aquellos esclavizados que plantaron la semilla del samba. 揈l g閚ero tuvo su etapa under y marginal, porque los ricos la escuchaban con desprecio. Pero siempre fue popular. Lo importante es que las nuevas generaciones se siguen acercando, el samba los moviliza. Y eso se puede ver y sentir ac釘, dice y se acomoda en la cabecera de la mesa, junto a sus fieles mosqueteros: 揈l buen sambista tiene que preocuparse por la cultura, construir su propio estilo y, sobre todo, amar el samba.

Samba de mi esperanza

Cuando faltan pocos minutos para las nueve de la noche, los m鷖icos sueltan amarras y as comienza una larga traves韆 por un mar de sambas. Desde los peque駉s parlantes: guitarras, cavaquinhos y surdos hacen de las suyas. En la plaza y sobre la rocosa tribuna, los fan醫icos comparten cervezas y tambi閚 algo de maconha. Mueven el esqueleto con dosis desparejas de elegancia y frenes.

揘o tenemos un repertorio fijo, hay que estar atentos a los pedidos de la galera, cuenta Vinicius, un jovenc韘imo guitarrista. Mientras ajusta las cuerdas de su instrumento, confiesa que el samba es su familia, su c髆plice y todo. En la rua, codo a codo con sus colegas, aprendi que el mejor sambista sabe combinar la intuici髇 con la armon韆, y no deja afuera el arte de la improvisaci髇. Antes de volver al ruedo, el violero recomienda 揝amba da Benc鉶, un cl醩ico de su afamado tocayo Vinicius de Moraes, como met醘ora de los tiempos agitados y algo oscuros que vive el Brasil. Un poema que homenajea a los grandes sambistas y a sus creyentes. En una de sus estrofas dice: 揈l buen samba es una forma de oraci髇 / porque el samba es la tristeza que compensa / y la tristeza siempre tiene una esperanza / de un d韆 no ser m醩 triste.

Letra picante, modificada para evitar problemas

揈l jefe de la polic韆 / por tel閒ono / mand a avisar / que en Carioca / hay una ruleta / para jugar. As comenzaba la versi髇 original del cl醩ico samba que cumple por estos d韆s 100 a駉s. Sin embargo, a la hora de su registro en la Biblioteca Nacional de Brasil, los versos picantes sufrieron modificaciones, para evitar el enojo de las autoridades policiales. En los documentos oficiales, por ejemplo, el 搄efe de la polic韆 pas a ser 揺l jefe de la diversi髇. Corr韆n tiempos violentos y complicados. Las autoridades no miraban con buenos ojos a los bohemios, migrantes bahianos y m鷖icos negros. Por eso, los padres de la samba prefirieron evitar la provocaci髇.

Un par de d閏adas despu閟, una de las ramas del samba floreci tocada por el jazz y dio lugar a la bossa nova. Naci entonces un aut閚tico puente r韙mico entre lo erudito y lo popular.

El ajuste llega al Samb骴romo

El ajuste impulsado por el gobierno neoliberal de Michel Temer llegar tambi閚 al Carnaval de R韔. Con menos apoyo estatal, los desfiles en el Samb骴romo carioca ser醤 austeros este a駉. Desde la Liga Independiente de Escolas do Samba de R韔 de Janeiro (LIESA) afirman que el Carnaval 2017, que arranca el pr髕imo 24 de febrero, ser el menos vistoso de los 鷏timos tiempos, por la falta de auspiciantes y el tijeretazo en los aportes que realiz el Estado. Igualmente, las comparsas prometen que la alegr韆 no tendr fin. Desde este viernes y hasta el martes 27, los bloques derrochar醤 su magia y brillo en el samb骴romo Marqu閟 del Sapuca, la cuna mundial del Carnaval.

Las rodas porte馻s

En la calle Honduras 5774, en pleno barrio porte駉 de Palermo, se erige el colorido Boteco do Brasil, un espacio ideal para los fan醫icos porte駉s del samba. Una antigua casa decorada con aires cariocas, cuyo restaurante ofrece tragos y manjares de la rica gastronom韆 brasile馻. Todos los domingos, cuando cae el sol, se celebran all intensas rodas de samba.