La rivalidad entre los dos gigantes sudamericanos excede al fútbol, a la política, a la guerra, a la promiscuidad. De la alegría del Carnaval a la melancolía del tango, de las playas majestuosas de Ilha Grande al viento insoportable de Necochea, de la feijoada recalentada al mate amargo, del bife de chorizo a la carne por popa, las diferencias que unen y hermanan a los pueblos de la Argentina y el Brasil están por todas partes.

Sin embargo, las burlas en redes sociales que El Hijo Boludo, Homofóbico y Fascista De Bolsonaro tuiteó hacia Estanislao, el hijo de Alberto Fernández, “parecem haber desbloqueachi um novo nível do mala ónda, como agora dizem os garotos”, intenta explicar Márcio Berga, politólogo gaúcho.

Para encontrar tensiones diplomáticas equivalentes en la historia entre la Argentina y el Brasil habrá que remontarse a la Guerra con El Mismo, en el siglo XIX, al debut de Pelé con un pibe o acaso a la humillación futbolística en Italia 90, con aquel dueto de Maradona y Caniggia que ni siquiera el relato bobalicón de Marcelo Araujo pudo arruinar.

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