Una revista que muestra la trastienda del mundo literario

La balandra, dirigida por la escritora Alejandra Laurencich, cumplió cinco años.


Diego Martínez

La continua aparición de revistas literarias es una tradición argentina del mismo modo que lo es el hecho de que la mayoría dejen de salir superado el segundo o el tercer número. Claro que también hubo excepciones que dejaron huella, desde El escarabajo de oro y El ornitorrinco a Puro cuento, sólo por citar algunos ejemplos.

Hoy La balandra integra también la lista de las excepciones. Dirigida por la escritora Alejandra Laurencich, ya cumplió cinco años de vida y ha lanzado doce números. ¿Qué es lo que genera la fidelidad y la ampliación continua de sus lectores?

La formulación de preguntas relacionadas con el campo literario es una de sus características distintivas. Otra, su carácter de guía práctica para orientarse en ese campo, lo que la convierte también en una revista de servicios que trae además mucha información. Por esta razón es útil para quienes se inician, para escritores que ya tienen un nombre y para todo aquel que se interese por la literatura. La inclusión de buenos escritores que aún no son conocidos es también un servicio que los lectores agradecen.

"Creo que es una revista hecha por escritores para ser leída entre pares –explica Laurencih-. Yo no distingo entre los que recién empiezan y los que ya están en el métier. A mí misma me interesa qué piensan mis pares sobre las cuestiones sobre las que trabajamos todos los días. Por eso me parece que hay un material como para que quien ya tiene años de oficio y sabe de qué va lo que hace, se pueda interesar. La opinión de grandes autores, de colegas acerca de cómo se plantea la escritura o sobre las preguntas básicas que hacemos a veces en el debate es muy importante. Las preguntas no son tan importantes como lo que contesta cada uno. Es ahí donde se abre un panorama. Una de nuestras últimas preguntas fue qué es y cómo se construye el prestigio literario. Muchos de nosotros decimos qué importa el prestigio y ya tenemos la pregunta contestada, pero en el hecho de tener que pensar para contestarle a otro -y ahí sí la respuesta va dirigida a los que recién empiezan-, aparecen cosas mucho más profundas. Como sucede en la literatura, no importan los temas sino cómo se cuentan".

Sin duda, su carácter inclusivo, el hecho de no dejar a nadie afuera de los códigos del mundo literario es una de las claves para ganar lectores. Dice Laurencich: "No dar nada por supuesto es un objetivo que estuvo desde el principio porque lo que para nosotros es el pan de cada día, para otros no lo es. En ese punto podríamos decir que es casi una revista de divulgación porque a mí me interesaba que incluso aquel que no tuviera relación alguna con la literatura pudiera leer, interesarse, y entretenerse con lo que se cuenta. Al principio costó mucho, pero luego La balandra sentó un precedente y fue más fácil hablarles a los colaboradores para que hicieran textos más abiertos que no dieran nada por sentado. En los suplementos literarios, por el contrario, hay cosas que no se explican. No se dice quién fue tal o cual autor en la historia de la literatura y cuál fue su obra...".

Este afán didáctico tiene que ver, según la directora de La balandra, con los muchos años que dio talleres literarios donde las cosas se explicaban desde lo básico. "Recuerdo que yo misma, cuando comencé a escribir, -cuenta- me encontré con una chica que había publicado un libro y no salía de mi asombro. '¿Publicaste un libro?', le repetía una y otra vez. Ella me contó que había pagado la edición pero como yo no tenía idea de cómo hacerlo, me parecía algo increíble. Hoy sé que cualquiera puede publicar si paga la edición, pero cuando uno está fuera del ambiente no lo sabe. Hay un mundo que uno desconoce y La balandra apunta a hacer conocer ese mundo, a mostrar la trastienda del oficio".

Desde el principio la publicación interesó a los escritores consagrados y a los autores noveles. Todos la consideran una revista para coleccionar. "Eso me hizo sentir muy orgullosa porque uno de mis primeros objetivos era, precisamente, que no fuera una revista descartable de esas que se leen durante un rato, se abandonan y terminan en la basura. Todos los que compran La balandra la coleccionan y compiten para ver quién tiene la colección más completa. También vemos su repercusión a través de las redes sociales y los libreros nos comentan que cuando está llegando la época de su aparición muchos clientes comienzan a preguntarles si la revista ya salió. Yo lo tomo como algo muy hermoso que nunca me imaginé que iba a pasar, pero está pasando. Para el quinto aniversario recibí muchos buenos comentarios en las redes y me escribió mucha gente. En un foro en el Chaco, Mempo Giardinelli dijo públicamente que la consideraba como la heredera de Puro Cuento, la revista que sacaba él y que tenía mucha repercusión. En ese momento íbamos por el tercer número. Creo que en cinco años no bajamos la calidad y cada vez tengo más proyectos para mejorarla".

Respecto de los secretos de su continuidad a través de los años dice que es una revista hecha con muchas ganas, muy artesanal, en la que hasta último momento se sigue discutiendo por una palabra. Todo se revisa una y otra y otra vez. "Somos muy exigentes en eso, -comenta- pero creo que se ven los resultados. Apenas termino un número comienzo a pensar en el otro".

La inclusión de un autor no pasa por su fama, sino por su calidad. "Me parece importante darles voz a nuevos escritores, afirma. La balandra es un manual de protocolo. Me fijo cómo los ubico en la mesa para que cada uno tenga su lugar sin opacar al otro". «