Psicosis en movimiento

Por Fernanda Garc韆 Lao, escritora

Ser porque los discursos han muerto, que se escuchan y reproducen solo frases idiotas. Patadas cortas de electricidad, que duran menos que un aviso de laxante. La suma de idiotez constituye este estado de confusi髇 en que vivimos. O deber韆 decir desesperaci髇. Una tristeza con ruido, donde la palabra es un veneno para ratas. 蓀oca de pancartas, llamados, timbreos, fotitos y carteles sin continuidad. Ideolog韆 liliput, de bolsillo. La misma frase de boca en boca hasta vaciarse como una vejiga. Titulares, porque ya nadie lee m醩 all de lo evidente. Huellas brutas, peque駉s eructos de sentido. Antes, los diarios serv韆n para envolver huevos. Ya no. La pantalla es inservible. Y da esa sensaci髇 de ficci髇, de distancia. La noticia nace muerta, apenas una respiraci髇 que no coincide con el enunciado. Lo que se dice ya no describe lo que pasa. Para no trollear en los medios, nos queda poner el cuerpo en la calle. Pero entonces se cuenta el asunto como ganado. El que va, fue llevado. Cu醤tos cuerpos moviliz醩. De qu tama駉 es tu bandera. Las se駉ras finas dicen que van solas y que su concentraci髇 es genuina. Y libre. 蓃amos muchos, dicen, pero no somos de quedarnos en la calle.
Es de madrugada y subo a un taxi. Pas la noche viajando en micro. El libro de Joan Didion me dur dos horas y el cielo se ca韆 de negro. Me cuesta dormir en movimiento, la velocidad me pone en estado de alerta. La calefacci髇 y el encierro se agolpaban en mi garganta. Sin se馻l en el telefonito. Entonces el cuaderno, recurso desesperado. Si desespero, que sirva para algo. Aunque ese algo sea literatura. Enseguida aparecen personas que no existen, voces que sugieren desv韔s que no entiendo. Escribo porque no puedo parar el micro en el medio de la nada. Y porque la realidad me aturde. No es escape. Es reivindicaci髇.

Desde el poder, env韆n frases como dardos que no dan en el blanco pero que en la suma construyen lo que nadie se atreve a decir de corrido. Empleados sin tiempo ni agallas para erigir de una vez un discurso acorde con sus intenciones dicen su frase y se esconden para que pase el que sigue. Ideas mal traducidas, como de Google, para salir del paso. Cad醰er exquisito, m醩 cad醰er que exquisito, del que nadie es autor. Esta crisis no acepta firma. Pero parece un plagio. Esta crisis ya la vi.

El taxista me pregunta a d髇de voy pero no escucha mi respuesta. En el espejo delantero ha instalado una pantallita para no ver, y un par de chinos se lastiman entre piruetas. Le repito la direcci髇 justo cuando una china vestida de rojo, los hombros al aire, dice con acento espa駉l: "No te preocupes, estoy aqu contigo". El espejo retrovisor no sirve para mirar atr醩. Cumple otra funci髇. La distracci髇 del espacio y del tiempo. Llueve sobre la costa y la arena ha creado olas endurecidas como serruchos.

Toda la semana le las mismas cosas, el terror ahora se toma como licuado. En vasito descartable. Nadie se atreve a ser espantoso sin disfraz ni a asumir las consecuencias de sus acciones. Hay que parecer buena y sonre韗, aunque te cueste todos los paros. Hay que pedir sacrificios sin asumir que se reclama desde el confort de la residencia. Hay que torcer los bracitos del pobrer韔 sin que se note el crack. Bofetadas sin marca aparente. El dolor que vaya por dentro.

Si la palabra grieta apuntaba a distinguir dos modos de entender la pol韙ica, ahora designa otra cosa. Tal fisura se ha trasladado al campo del lenguaje. El significante no coincide con el significado. Desde el poder se dice desconocer el motivo de las huelgas, de los paros, marchas, movilizaciones, reclamos. 縋or qu hay un paro general, se駉r presidente? Ni idea. No hay capacidad para leer lo que acontece. No sabemos si tal analfabetismo es impostado o genuino. Pero es bastante psic髏ico.

La noche tiene algo para decir pero no se escucha. Rumia el viento sobre nuestras cabezas pero qu nos importa. El tachero maneja despacio, con un ojo afuera y otro adentro. Yo me refugio en el cuaderno. Mueren tres chinos justo cuando el taxi llega a destino. Me queda una frase lisiada, para despu閟. A juego con los tiempos. <