Por M醩 Tiempo: el primer a駉 de una apuesta que parec韆 imposible

Radiograf韆 de una cooperativa que busca una nueva forma de hacer periodismo.

El mi閞coles 19 cumplimos nuestro primer a駉 como medio autogestionado. Un a駉 de trabajo, compromiso y sacrificio. Un a駉 de enormes desaf韔s, experimentaci髇 y errores. Un a駉 de aprendizajes. Un a駉 de construcci髇 de una nueva forma de hacer periodismo.

Cuando decidimos constituirnos como cooperativa sab韆mos que iba a ser dif韈il. No imagin醔amos cu醤to ni el tenor de los obst醕ulos que 韇amos a encontrar. Algunos nos miraron con escepticismo y otros trataron de poner palos en la rueda. Los m醩 siniestros incluso nos pegaron y rompieron la redacci髇 para impedir que sigui閞amos trabajando.

Ese ataque, probablemente uno de los m醩 graves contra la libertad de expresi髇 que haya sufrido un medio de comunicaci髇 desde el regreso de la democracia, permanece impune. La causa, llena de pruebas aportadas por los trabajadores de Tiempo, est paralizada porque ning鷑 juez federal se anim a investigar. La 鷑ica declaraci髇 de los imputados, que lleg a tomar la fiscal韆 porte馻 antes de que la causa cambiara de fuero y entrara en un limbo, se馻la que la polic韆 liber el ingreso al diario. El dato deja entrever el poder de los implicados. Pero no pudieron callarnos. Nos subestimaron. No entendieron que Tiempo es m醩 que un grupo de trabajadores de prensa.

Tiempo son las miles de personas que nos acompa馻n desde que empez el vaciamiento del Grupo 23 en manos de Szpolski, Garfunkel y sus secuaces ocultos; las que compraron la edici髇 del 24 de Marzo de 2016 que permiti pagar las primeras publicaciones autogestionadas y las que adquirieron las sucesivas ediciones; las que recuperaron la redacci髇 aquella madrugada lluviosa de julio; las que se hicieron socias e invirtieron un peso m醩 para respaldar el proyecto y las que se siguen sumando cada semana. Porque aun en el contexto de crisis de las empresas period韘ticas, Tiempo crece.

Por ese apoyo pudimos publicar 54 ediciones dominicales y cuatro ejemplares de la Revista T; lanzamos el sitio Tiempoar.com.ar y abrimos talleres de formaci髇. Nos mudamos a una sede en el centro geogr醘ico de la pol韙ica nacional y ampliamos la distribuci髇 a la Costa en el verano. Expusimos en el Senado proponiendo un sistema m醩 justo de distribuci髇 de pauta oficial y marcando los problemas del modelo impositivo que beneficia a las grandes empresas de medios por sobre los autogestionados.

Y lo hicimos teniendo claro que nuestro proyecto es period韘tico y que solo se sostiene con trabajo de calidad. Fuimos el diario que cont el robo de dinero sin declarar de la casa de la vicepresidenta Gabriela Michetti y el que prob que la sociedad offshore del presidente Mauricio Macri mencionada en los Panam Papers estaba activa y hab韆 hecho operaciones millonarias en Brasil. El que denunci el vaciamiento del plan de entrega p鷅lica de medicamentos y el que coordin con referentes de #NiUnaMenos en 17 pa韘es una cobertura regional del Paro Internacional de Mujeres. El que expone todas las semana las medidas que afectan a los sectores populares.

As, fuimos invitados a contar nuestra experiencia en foros locales e internacionales. Nos incorporaron como medio asociado al Crossings Institute de la UNESCO (un centro de formaci髇 y promoci髇 de buenas pr醕ticas period韘ticas); y lanzamos junto a La Vaca y la Red de Carreras de Comunicaci髇 Social el Consorcio de Periodismo de Investigaci髇 Autogestionado.

La enumeraci髇 enorgullece y sorprende a los que no confiaban hace un a駉 y a los que todav韆 preguntan con malicia por financistas ocultos. Ellos creen que la informaci髇 es un bien transable que se negocia con anunciantes o el poder pol韙ico. Tiempo y sus lectores demuestran que no tiene que ser as.

Hace 12 meses sab韆mos pocas cosas, pero est醔amos seguros de que Tiempo solo pod韆 funcionar si lo constru韆mos junto con los lectores y con los representantes genuinos de los sectores populares, con los colegas comprometidos y las organizaciones sociales. Ellos tambi閚 ve韆n que los intereses del poder pol韙ico y econ髆ico estaban alineados como nunca antes con los de las corporaciones de medios y que juntos hab韆n decidido tomar de reh閚 a la informaci髇. Por eso el proyecto se tom como una apuesta colectiva.

Hoy los aportes de los lectores constituyen el 70% de los ingresos de la cooperativa que sostienen a 100 trabajadores de prensa. Ese aporte es el que nos permite seguir produciendo sin condicionamientos.

Por eso queremos contarles qu hacemos con el dinero que nos conf韆n. Contarles que m醩 de la mitad de los ingresos de la cooperativa se utilizan para pagar el trabajo de sus integrantes. El porcentaje asciende al 60% si se considera la inversi髇 para garantizar la labor period韘tica (el alquiler de la redacci髇, los servicios, los seguros, Internet, el transporte y las agencias informativas, entre otros gastos). El resto de la plata se destina casi 韓tegramente a pagar los insumos b醩icos para el diario dominical (impresi髇 y papel).

Es decir que toda la plata que ingresa a la cooperativa se reinvierte en el producto. Fue la decisi髇 de aquel 24 de marzo de 2016, tras cinco meses sin cobrar el sueldo, y es la misma cada mes desde entonces, incluso a costa de los ingresos de los periodistas. Esto no se modifica aun cuando la cooperativa es puntual en el pago de sus obligaciones y es acreedora de la mayor韆 de las dependencias estatales que publicitan actos de gobierno en sus p醙inas.

Salimos a la calle hace 12 meses con un pu馻do de ideas y mucha incertidumbre. Crecimos y construimos con nuestros lectores. Llegamos al primer a駉 con varias certezas m醩 y muchos sue駉s. Sue駉s colectivos a seguir construyendo. Porque vamos por m醩. Por M醩 Tiempo.