Detenerse en una vidriera cuando algo llama la atención es propio de los transeúntes que recorren la ciudad. Aprovechando esa curiosidad de quien va a su trabajo, a estudiar o, simplemente, pasea sin un rumbo demasiado definido, El Camarín de las Musas, un lugar teatral emblemático, abrió una nueva sala, la Sala Vidriera. Así como en otras vidrieras es posible ver ropa, zapatos, artículos escolares o de ferretería, durante todos los martes y miércoles de octubre en ésta se puede ver una actividad performática. Se trata, según dicen sus organizadores, de una “máquina performática rotativa para espectadores en tránsito.” El nombre de esta experiencia es 80% Off –un descuento realmente tentador- y se armó en base a una convocatoria que pudiera garantizar diversidad. Puede verse todos los martes y miércoles del mes de octubre en  Mario Bravo 960, Palermo. 

Verónica Dragui es la coordinadora general de esta propuesta. Actriz, directora, productora ejecutiva y performer, en este proyecto cumple un poco todos esos roles. La acompaña en lo artístico Soledad García y en la producción ejecutiva, Patricio Ruiz. Además, ella tiene su propio espacio performático: Empapada, que va los martes a las 15. En diálogo con Tiempo Argentino explicó los alcances del proyecto.

Sumate y apoyá el periodismo autogestivo

ASOCIATE

-¿En qué consiste la propuesta artística que estás coordinando en este momento?
-Es un ciclo de performances. En El Camarín de las Musas se inauguró una sala vidriera. Es una sala que da a la calle, es decir, es realmente una vidriera. Ése es el espacio que estamos ocupando todos los martes y miércoles de octubre con un ciclo de performances. Cada una de ellas dura una hora y es un continuado. Circulamos como las agujas del reloj: sale uno y empieza otro. El armado y desarmado de cada una de las performances también es una propuesta que está a la vista.

-¿Que sea una vidriera significa que cualquiera que pasa por la calle y se encuentra con eso puede pararse a verlo?
-Exacto. Ése es básicamente nuestro objetivo. Lo que buscamos es un espectador en tránsito que se detenga por la mirada sobre algo que lo sorprende. Si bien el espacio es un área de teatros, esos teatros no están a la vista como en nuestra propuesta. Ya hicimos dos jornadas. Mucha gente que pasaba caminando se detuvo,  miró lo que hacíamos la gente que estaba en la vereda de enfrente,  se pararon algunos autos. Hubo gente que se paró a mirar, se fue y volvió más tarde. También hubo quien se quedó tres horas mirando porque lo que hacemos tiene algo que es muy hipnótico, y hubo quien se llevó la programación para volver con más tiempo. En este dispositivo se genera algo que es muy atractivo de ver por lo que, además, hubo gente que se “instaló”. Hay un despertar de la mirada sobre un suceso que descoloca porque no es lo que se espera encontrar en lo cotidiano. 

-¿En esto lo que juega siempre es la sorpresa o hay un modo de saber las performances y elegir en base a lo que el espectador supone que le va a gustar más?
-La programación está publicada, de modo que hay un espectador teatral que puede elegir antes porque las performances tienen su horario. A la vez, transmitimos en vivo por Facebook y por Instagram. Vamos subiendo extractos de las imágenes de cada performance para que también el espectador en tránsito en las redes pueda acceder a la propuesta. Como el circuito se repite, el espectador sabe que puede venir una semana a una hora y otra semana a una hora diferente. Además, si le da un “me gusta” a las páginas de Facebook y de Instagram, las páginas le avisan cuando estamos transmitiendo en vivo. Si las imágenes le gustan, el espectador sabe cuándo puede ir a ver lo que le interesó.

-¿El dispositivo vidriera tiene algún antecedente o es la primera vez que se hace?
-Este dispositivo no es nuevo, ya se ha usado. La innovación no es el dispositivo vidriera en sí, sino el mecanismo que funciona en el interior de la vidriera que es el ensamble entre las performances, la vidriera más el formato de transmisión en vivo. Este ensamble es un experimento. Y también es un experimento la forma de cobrar.

-¿De qué forma cobran el espectáculo?
– No hay un valor prefijado ni una entrada, sino unos buzones al costado de la vidriera, como si fuera a la gorra, para que el espectador deposite lo que cree que vale lo que vio. De hecho, la pregunta que nos hacemos es cuánto vale un hecho artístico y quién es el que pone ese valor. A veces está sobrevaluado y, otras veces, desvalorizado. Ente estos dos polos hay muchas posibilidades, por lo que queremos que sea el espectador el que le ponga el valor y traduzca monetariamente lo que vio. También hay una página de Ideame para contribuir desde las redes. Esto es un experimento, una primera experiencia. Si resulta, vamos a seguir indagando en el formato. Pero ya en la primera semana comprobamos que pasa algo que es muy atractivo tanto para el espectador como para el artista porque ese espacio intermedio entre lo interno y lo externo, entre lo público y lo privado es sumamente interesante. Es, te diría, una aventura a puro riesgo. 

Los días martes 10, 17 y 24 de octubre la programación es la siguiente: a las 15, Empapada, de Verónica Dragui. A las 16, Playlist de Aymará Abramovich y Pedro Antony. A las 17, Lost in transNATIONS de Maholli Nassourou. A las 18, Bailarina, católica, mujer, virgen de Noelia Prieto, Carolina Molini y Cecilia Czornogas. A las 19, Almendragarrapiñada de Soledad García.

Los días miércoles 11-18-25 de octubre la programación es la siguiente: a las 17, My shitty New York wedding de Lucho Lomastro. A las 18, Extras, de Ana Minujín. A las 19, Diorama de Victoria Boulay y Pablo Ramírez. A las 20, Oxidados, de Nazareno Pereyra. A las 21, Todo lo que no soy de Carlota Berzal. A las 22, El encanto del dogma, de María José Salinas. A las 23, Las pibas de Nicolás Deshusse.