Apenas 50 años antes de Cristo, Roma ya dominaba el mundo. El imperio estaba en su momento de mayor expansión gracias a Julio César, quien gozaba de gran popularidad gracias a la campaña que le permitió anexar las Galias al mapa romano. Pero cuentan los que saben que no todo fue conquista para sus ejércitos en tierra trasalpina. No. Hubo una aldea poblada por irreductibles galos que resistió férreamente al invasor gracias a un arma secreta (o no tanto) que los hacía invencibles. ¿A alguien le suena todo esto? Claro, y es que esta nota tiene menos que ver con la historia que con la historieta. Estamos hablando de Asterix, el pequeño gran personaje creado por el francés René Goscinny con la colaboración del dibujante Albert Uderzo. Es que junto Obelix, su obeso amigo, Asterix se encargaba una y otra vez de arruinarle al César sus planes de conquista, manteniendo a salvo a la única aldea gala libre del yugo romano.

Ahora los fanáticos de Asterix pueden volver a disfrutar de las andanzas del héroe, capaz de acabar con legiones enteras gracias a su ingenio y a la ayuda de una poción mágica que le daba una fuerza inagotable. El sello Libros del Zorzal acaba de relanzar la colección completa, de la que ya pueden conseguirse los primeros nueve tomos y el resto se irá completando a lo largo del año. Pero si eso solo ya representa un verdadero lujo, además la editorial presentó por primera vez en Argentina una nueva aventura del pequeño galo, La hija de Vercingetorix, escrita e ilustrada por la dupla que integran Jean-Yves Ferri y Didier Conrad. Editado en Francia en 2019, el libro lleva vendidos más de 5 millones de ejemplares en todo el mundo. Respetando el espíritu del original, el nuevo episodio cuenta la historia de Adrenalina, hija del general Vercingetorix, rival de Julio César en la vida real, quien es llevada en secreto a la aldea y a quien Asterix y Obelix deben proteger. El libro combina el humor inocente pero pícaro que caracteriza al trabajo de Goscinny, con oportunas referencias que le aportan al lector un panorama de la historia de la cual se alimenta la ficción.

“Lo más difícil de lograr para darle continuidad a la obra de Goscinny y Uderzo es, en mi opinión, el diálogo permanente y no invasivo entre el dibujo y el guion, de tal manera que fluyan juntos, sin competir. Esto en La hija de Vercingetorix está muy logrado: Ferri y Conrad son un tándem de lujo.” La afirmación pertenece a Leopoldo Kulesz, editor de Libros del Zorzal y alma mater del regreso triunfal de Asterix y su banda a la Argentina. Para él, la principal innovación del libro tiene que ver con el tema. “Adrenalina es una adolescente feminista y ecologista que fue criada por dos padres adoptivos varones. Me parece improbable que en los ’60 y ’70 pudiera haber habido un protagonista con estas características”, señala Kulesz. El editor considera que Ferri y Conrad logran introducir esos elementos “sin caer en lugares comunes ni en estereotipos prefabricados”.

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Kulesz fue además el encargado de traducir no solo La hija de Vercingetorix, sino los 37 volúmenes originales. En relación al arduo trabajo de adaptar los textos de un idioma a otro, Kulesz reconoce que se permitió “algunos guiños del cono sur, territorio en el que se distribuye la colección”, pero que no se trata de una traducción que abuse del color local, porque cree que sería ridículo que “Asterix, un europeo del 50 AC, hablara como un rioplatense”. Apenas admite unas pocas intervenciones en los nombres de algunos personajes, aunque en una proporción minoritaria: solo 25 personajes en un universo con casi 450. Entre esos aportes señala los nombres de los romanos Pipicucus, Capitanpilus y Madeinlanus; los galos Elquetejedix, Siamofuorix y Panambix, o el bretón Vamoarribax. Distinto es el caso del grupo de adolescentes encabezado por Adrenalina. “En el original ellos hablan con los modismos de los adolescentes de hoy en Francia y entonces tuvimos que usar también modismos, como por ejemplo ‘¡Alto bardo!’, con su correspondiente doble sentido”, comenta el editor (y traductor). “Esta traducción busca una sola cosa: ser fiel al original globito por globito”, afirma.

En la tarea de traducir, Kulesz reconoce que lo más complicado fue el humor, en especial aquel que surge de los juegos de palabras, muy comunes en el universo de Asterix, tarea que presenta varias dificultades. “La primera es que en el 99% de los casos la traducción literal no sirve. La segunda, preservar el doble sentido. Y la tercera, la más despiadada, es que sea compatible con el dibujo, ya que en no pocas ocasiones el juego de palabras hace referencia a la situación dibujada”, enfatiza. “Pero todas estas dificultades pueden hacer aparecer el trabajo de traducción de Asterix como un padecimiento. Todo lo contrario: fue un disfrute que compartimos 14 personas durante más de un año intenso”, dice Kulesz. Y enseguida recuerda que la traducción fue auditada por Hachette, el sello francés dueño de los derechos del personaje. “El veredicto del auditor fue que este trabajo no parece una traducción, sino un original. Difícil imaginar mayor orgullo”, concluye.

Al ser consultado sobre la posibilidad de que los personajes de Adrenalina y sus amigos adolescentes pudieran ser una herramienta para generar empatía en los lectores del siglo XXI, Kulesz acepta que “puede ser”, pero enseguida toma distancia de ese tipo de análisis. “Lo que ocurre es que siempre busqué preservarme del lugar de crítico literario. Me gusta mantenerme lo más cerca posible de mi situación de lector que descubre los textos, sin especular acerca de las intenciones de los autores ni de sus editores originales”, explica. “En el caso del guion, diría que la prioridad de Goscinny y ahora de Ferri es divertir”, reflexiona el editor y recurre a su memoria emotiva para explicar la experiencia de lectura que propone la historieta. “Recuerdo que de chico, leyendo Asterix me encontraba con palabras que no conocía (nauseabundo, frugal) y con situaciones que, intuía, hacían remitían a alguna referencia que yo no conocía. Pero también recuerdo a esos momentos no como molestia sino todo lo contrario, como la promesa de entender algo interesante o divertido más adelante”, rememora. “Entonces, el único lazo de empatía con nuevos o viejos lectores es el respeto y la confianza natural que nos debemos unos a otros. Asterix es ante todo esto, el respeto del que espera entretenerse y divertirse leyendo, no importa la edad ni la época. Y paro porque ya me volví crítico literario”, redondea Kulesz recurriendo también al humor.

Además de Asterix, Libros del Zorzal también edita en Argentina las aventuras de otros personajes populares de la historieta franco-belga, todos ellos vinculados al trabajo de Goscinny, como Lucky Luke o Iznogud. Lo cual coloca a al sello y a su editor como los encargados de mantener vivo su legado no solo en Argentina, sino también en Uruguay y Chile. “Los que leímos Asterix de chicos sabemos lo que representa ese disfrute. Muchos aprendimos a leer libros con él y esto implica mucha responsabilidad”, admite Kulesz. “Esperamos que lo mismo les ocurra a los chicos de hoy y de las generaciones que vienen: nuestro trabajo es para ellos. Es lo que deja Libros del Zorzal”, se enorgullece el editor. Aunque enseguida confiesa, como si fuera necesario justificar su aporte, que también se trata de un trabajo hecho por puro placer. “Lo hice principalmente porque tenía ganas, porque me gusta”, reconoce. Los lectores de Asterix, agradecidos.