“Un club de lectura consiste en que un grupo de personas lea un texto bajo la tutela de quien lo coordina y luego se encuentren todos para intercambiar opiniones. El encuentro es un elemento distintivo de un club de lectura. De todos modos, esa lectura individual creo que es distinta cuando se sabe que hay muchas otras personas leyendo lo mismo para luego hacer un intercambio. Es la misma diferencia que hay entre ver una película en una sala de cine llena o en una vacía. La película es la misma, pero la energía es distinta”, dice Sebastián Lidijover, quien está a cargo del Club Carbono.

Los clubes que reúnen lectores cuentan cada vez con más adeptos. Con la pandemia, la mayoría de ellos ha pasado del encuentro presencial al remoto a través de Zoom o de cualquier otra posibilidad virtual que permita el intercambio. Algunos, como el de Lidijover, por ejemplo, ya nacieron digitales. “El que yo coordino –dice- no es un club tradicional. Observé que varias cuentas de Instagram funcionaban como clubes de lectura. Por otra parte, el newsletter es un formato que me gusta mucho. Me refiero a un newsletter que tenga un curador, hable de un tema específico y mantenga una periodicidad. Entonces se me ocurrió mezclar las dos cosas y hacer un club de lectura vía mail.”

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Otra particularidad de la propuesta de Lidijover, es que los socios de Carbono no deben pagar una cuota para pertenecer a él. Se leen libros de cuatro editoriales: Leteo, Godot, Sigilo y El Gourmet Musical cuya distribuidora es Carbono, la que da nombre al club. “Cada mes –explica- elijo un libro de estas cuatro editoriales. Una vez elegido lo que hago todas las mañanas de domingo es mandar un mail que acompañe la lectura. No es un mail didáctico con una guía de lectura, sino que reflexiona sobre algunos temas que recorre el libro y trato de conectar ese texto con otros para que el mail sirva para ampliar la experiencia de la lectura. Los socios de Carbono superan los 4000 y no todos trabajan de la misma manera. Hay quien lee el mail en el momento en que lo envío y otros que lo leen después. La interacción que supone un club de lectura se hace a través de las redes sociales.”

Si bien Lidijover pertenece desde hace años al mundo del libro y es un lector privilegiado, no hay en él ningún afán de erudición académica. Y esta es una característica común a todos los coordinadores de clubes de lectura consultados, independientemente de que tengan o no una formación académica. “No me gusta lo erudito, afirma Lidijover .Cuando mandé el mail referido al libro Contra la música de Mendivil, por ejemplo, comencé hablando de una escena de Karate Kid. No quiero caer en la reseña que habla más que de un libro, de lo mucho que sabe quien la escribió, aunque el lector no la entienda. Trato de contar desde el entusiasmo y no desde el conocimiento.”

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También Florencia Ure lleva años en el mundo del libro. Ha sido responsable de la prensa de los dos grupos editoriales más importantes, además de El Ateneo y Tusquets. Ahora, junto al escritor  Santiago Llach, está al frente de Pez Banana. Los socios de este club de lectura abonan 900 pesos por mes en este momento, lo que incluye el libro que se lea y su envío a todo el país. “No es un proyecto para ganar dinero aclara, pero Santiago y yo lo pasamos muy bien con él. Mucha gente se inscribe sólo por dos meses y también hay quien le regala una suscripción a alguien por un mes. “El libro –dice Ure- va acompañado por una guía de lectura de unas tres páginas que es muy seria. En ella ponemos en contexto el libro, informamos al lector sobre la corriente literaria del autor o autora. Trabajamos con novedades. Los libros llegan a los lectores al mismo tiempo que a las librerías. Luego tenemos un newsletter gratuito. Para recibirlo no hace falta ser miembro del club. En él recomendamos otras novedades que nos gustaron pero que no elegimos como el libro del mes para leer. En este momento tenemos 700 inscriptos, de los cuales 110 son del interior del país. “

A una semana de lanzar el proyecto que venían madurando desde el año pasado, la pandemia impuso el aislamiento social obligatorio. “Por suerte -dice- el envío de libros no se cortó El feedback se produce a través de las redes, sobre todo por Instagram. También hay alguna gente que nos escribe por privado y nos cuenta qué fue lo que más le gustó, nos hace otros comentarios o nos pregunta con qué otro autor le convendría seguir, pero no tenemos una reunión presencial para hacer devoluciones de la lectura. Pensamos el proyecto como una curaduría. Como a todas las personas que están en el mundo del libro, a nosotros mucha gente nos preguntaba qué leer. Por eso pensamos que podíamos orientar a gente que es lectora pero que no conoce el mundo editorial. Siempre tuvimos en mente la idea de ofrecer una curaduría, pero cuando comenzamos a trabajar nos dimos cuenta, además, de que hay gente que en ciertos lugares del país no tiene mucho acceso a los libros que se publican. Y no hablo de un pueblito perdido en la Patagonia, sino también de un lugar como Los Cocos en la provincia de Córdoba.”

En cuanto el enfoque con que abordan los libros dice: “Yo estudié Letras y debo haber leídos En busca del tiempo perdido unas cuatro veces en francés. Pero no me interesa acercarme al lector desde lo académico. También soy capaz de morirme de risa con Lee Child. Para hacer un abordaje académico está la facultad.”

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Gabriela Colombo es licenciada en Administración de Empresas e hizo un posgrado en Marketing en la Universidad de Berkeley. Vivió nueve años en Brasil y fue allí donde comenzó con un club de lectura. También fue allí donde descubrió su vocación literaria, comenzó a escribir, a dar talleres de lectura con Marcelino Freire y a completar su formación literaria, lo que prosiguió en Argentina. De regreso al país fundó un club de lectura en la Casa Walsh que ahora prosigue de manera virtual. Hace un año y medio tiene, además, otro club de lectura en Pilar. “Mis encuentros –dice- duran dos horas. El primer libro lo propongo yo y los sucesivos se votan. En cada encuentro llevo otros textos –puede ser un cuento de Hebe Uhart o un poema de Laura Witner- que estén relacionados en cuanto a la temática con el libro que vamos a comentar, que la mayor parte de las veces es una novela. Lo interesante es el intercambio. Cada lector tiene su universo y su propia interpretación. Esos encuentros no son académicos a pesar de que me formé literariamente. La idea es que sigan leyendo.”

Decime un libro es el club de Lectura que lidera Rosario Pozo Gowland. “Se formó –dice- a partir de un vivo que hice en Instagram en que analicé un libro y la gente participó por escrito a través del chat. Luego incorporé una entrevista que yo les hacía a los autores de los libros. Más tarde comenzaron a participar en el análisis personas que me seguían desde el principio. Toda esa etapa fue gratis. La última versión del club es un encuentro pago vía Zoom. Previamente mando información del autor o la autora, sobre el trasfondo de la historia, sobre el género literario  y algún disparador para reflexionar sobre la temática e indico los libros que pueden acompañar esa lectura. Finalmente, envío una guía sobre los temas que vamos a ver en el encuentro virtual. A la semana del encuentro les envío a los participantes una entrevista con el autor o la autora del libro, o con el editor. Para el encuentro de agosto, que se realizará en dos fechas distintas hay 70 inscriptos.”

Pozo Gowland es hija de padres lectores que tenían una biblioteca y que le permitían comprar todo aquello que le interesara en el campo de la literatura. Sin embargo, no siguió una carrera relacionada con las letras, sino que estudió abogacía e hizo un master en sociología. “Dicté clases en la UBA -cuenta- pero mi acercamiento a los libros no es académico. Se trata de compartir pero desde un marco, desde un análisis de la temática que está entre lo académico y lo descontracturado. Creo que lo mejor del club es que algo tan individual como la lectura puede ser compartido.“

La gente anda leyendo es el club de lectura creado por Maru Drozd, una locutora amante de la literatura.  “Comenzó online –dice- y pasó a ser presencial. Nos reuníamos una vez por mes en una librería distinta. Hacíamos debates e intercambios y a veces iba el autor o la autora para charlar con los socios y luego hacíamos un tour de librerías A partir de la pandemia, se suspendieron los encuentros y yo empecé a leer un cuento en vivo todas las noches vía Instagram. Este mes retomaremos de manera virtual y en septiembre vamos a sumar un club de lecturas feministas. No hay suscriptores al club, sino que está pensado como un evento al que se accede sacando un ticket. Cada uno compra su propio libro. Mi objetivo es que la lectura deje de ser una actividad solo académica, lejana o snob y que la gente se entusiasme con ella. Hay personas que se sienten inhabilitadas para hablar de libros porque creen que no leyeron lo suficiente. Pero en  los encuentros, la gente disfruta compartiendo lecturas y hablando de libros.   «