Nadie sabe con exactitud cómo será el futuro luego de la pandemia, pero lo cierto es que la vida ya no será tal como la vivimos hasta el momento en que el coronavirus nos obligó a aislarnos en nuestras casas. Es posible que debamos aprender a convivir con el virus, que el uso de barbijo no sea algo circunstancial sino permanente y que la distancia social refrene las efusivas demostraciones de afecto que forman parte de la idiosincrasia nacional. El cambio se hará sentir en todos los hábitos que son característicos de nuestra de cultura, desde compartir un mate a participar de reuniones con numerosos amigos.

En el marco de la iniciativa Cultura en Casa implementada por el ministerio de Cultura de la Ciudad, se publicará el libro digital Porvenir. La cultura en la post pandemia. Ensayos sobre el rol de la Cultura que podrá descargarse de forma libre y gratuita en BA Cultura en Casa y en la web de la Fundación Medifé, que también participa del proyecto.

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El libro, que estará disponible a partir del sábado 30 de mayo, reúne ensayos de 10 protagonistas de diferentes áreas de la cultura y también de distintas generaciones. En él confluyen representantes de la literatura, las artes plásticas, la danza, la crítica literaria y otras disciplinas.

Los ensayos pertenecen a Laura Malosetti Costa, Martín Kohan, Luciana Peker, José Emilio Burucúa, Tomás Borovinsky, Ángeles Salvador, Maximiliano Fiquepron, Paula Hernández, Hernán Vanoli y Alejandro Tantanian.

La propuesta incluye también un ciclo de charlas con cada uno de los autores que integran el libro, que estarán a cargo del ministro de Cultura de la Ciudad Enrique Avogadro. La primera de ellas tendrá lugar el 2 de junio a las 19.

En un adelanto del texto de Burucúa publicado por la revista Noticias de Editorial Perfil puede leerse una de las conclusiones de este prestigioso historiador del arte:  “(…) sería muy bueno comenzar el proceso de nuestra reconciliación con la naturaleza postulando un humanimalismo que considere los orígenes y el destino comunes que los animales humanos tenemos con los demás seres se-movientes, sentientes y pensantes con quienes heredamos las tierras, las aguas y el aire. Paradójicamente, es probable que esta nueva cercanía respetuosa y no posesiva nos resguarde del salto letal de los virus entre especies. Murciélagos, pangolines y antropoides conviviríamos sin grandes riesgos para nuestras identidades biológicas en la misma nave que, sin remos ni velas, boga alrededor del sol. ¿Por qué no proponer, a modo de nueva insignia de nuestro coraje la imagen del elefante compuesto, formado por la yuxtaposición de decenas de seres humanos y otros animales, que inventaron los miniaturistas del Gran Mogol en la India de los siglos xvii y xviii? El más adecuado sería uno fechado en 1730, montado por un simio y con su trompa erguida. Se diría que está feliz de darnos ánimos.”

Por su parte, Martín Kohan señala de qué modo las afirmaciones tajantes sobre plazos, pronósticos y precisiones acerca de futuro son el contrapeso de la gran incertidumbre que plantea la pandemia.

En un adelanto de su texto publicado por Infobae, el autor de Ciencias morales afirma: “Y se impone en consecuencia el impulso desesperado de fabricar certezas a cualquier costo, no importa qué tan volátiles puedan resultar esas certezas en realidad. No importa que caigan, a fuerza de inconsistencia, pues apenas caen se las reemplaza inmediatamente con otras certezas no menos enfáticas. Su contenido no es lo decisivo, y de hecho se las puede suplir sin mayor problema con alguna certeza de contenido inverso. Lo decisivo es el tono, lo decisivo es la forma; por eso lo asertivo se practica con tanta vehemencia. La afirmación tajante alivia, así diga que a un metro de distancia no hay contagio o así diga que el virus se pega a la ropa y puede entrar hasta por los ojos; así diga que el pico de muertes se alcanzará a mediados de mayo o así diga que la cuarentena es una maquinación de control gubernamental. Si lo asertivo consuela, es porque no hay evidencia mayor que la del estado general de incertidumbre. No sabemos. Como nunca, más que nunca: no sabemos.”

Kohan no arriesga teorías sobre cómo será el futuro luego de la pandemia. Por el contrario, según expresa en su texto, prefiere refugiarse en el no saber: “Lo que es yo –dice-, no imagino nada. Me he propuesto dejar de hacerlo, y no es que no me cueste un esfuerzo. No imagino lo que vendrá después, he preferido abstenerme. Decidí mantenerme así, en este estado de incertidumbre; decidí no salir de la incógnita, como quien no sale de su casa, ni siquiera para suponer, para fantasear, para hipotetizar. Me incliné por esto otro: situarme en mi no saber y habitarlo por completo. Porque presiento que la imaginación actuaría para mí como un placebo. Y encuentro más interesante extremar esta experiencia, la de no saber, hasta un punto radical, tanto como me sea posible. ¿Cómo será el mundo después de la pandemia? Lo ignoro, no tengo idea. Me concentro en eso mismo, en cómo es esto de no saber. Porque pocas veces, o acaso nunca, tuvimos del no-saber una vivencia tan acabada.”

Este libro está en consonancia con otras publicaciones que intentan hacer un boceto del futuro luego de la pandemia. Un buen ejemplo de este intento es  el libro presentado por Alejandro Grimson, El futuro después del Covid 19 en el que 30 intelectuales se refieren a los mitos que destruye y también construye la pandemia. Entre ellos figuran Dora Barrancos, Horacio González, Rita Segato, Beatriz Sarlo, Ricardo Forster, Atilio Borón, Maristella Svampa, María Pía López, María Moreno, Gabriela Cabezón Cámara, Cristian Alarcón, Jorge Alemán y Andrea Giunta.

Por su parte, en la misma línea se inscribe, Sopa e Wuhan, una iniciativa del profesor de Comunicación Social de la Universidad Nacional de la Plata Pablo Amadeo, quien convocó a 15 pensadores para que expresaran sus opiniones acerca del a pandemia de Coronavirus. También este libro se puede descargar de manera gratuita en formato PDF. Lo integran Giorgio Agamben, Slavoj Zizek, Jean Luc Nancy y Alain Badiu entre otros.  

Aunque el futuro es impredecible y sobre él solo pueden hacerse conjeturas, hay por el momento al menos una certeza: la incertidumbre y el futuro deben ser pensados y en esta tarea los intelectuales, tantas veces menospreciados en el país, tienen un rol fundamental.