“Creo que existe una necesidad, una interpretación de la vida que quizá, abandonada a sí misma parece sin sentido, insignificante, monstruosa, dijo alguna vez Federico Fellini. El arte, en cambio, es algo que reconforta, que tranquiliza. El arte relata la vida en términos sumamente protectores. Nos hace reflexionar sobre la misma, que de lo contrario sería sólo un corazón que late, un
estómago que digiere, pulmones que respiran, ojos que se llenan de imágenes sin sentido. Creo que el arte es el intento mejor logrado de inculcar en el hombre lo indispensable de tener un sentimiento `religioso`, que cualquier arte expresa. Creo que el arte es la
posibilidad de transformar la derrota en victoria, la tristeza en felicidad. El arte es un milagro.”

Consecuente con esta afirmación, el genial cineasta nacido en Rimini el 20 de enero de 1920, dedicó su vida entera al arte cinematográfico anteponiéndolo incluso a sus afectos más cercanos.

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El centenario de su nacimiento fue celebrado tanto en Europa como en América. La Argentina no fue la excepción. El Museo Nacional de Arte Decorativo (MNADF) le rinde tributo a través de una muestra que reúne elementos diversos. Los materiales de esta exposición recorrieron antes Roma y otras ciudades italianas en 2020 y pasaron también por San Pablo. En la Argentina, la muestra fue reprogramada debido a la pandemia. Se inauguró el 5 de marzo y permanecerá abierta hasta el 2 de mayo.

Incluye fotos inéditas, dibujos personales, documentación sobre sus procesos creativos, vestuario original, diseño escenográfico, guiones y partituras, junto a testimonios y anécdotas.

Además, habrá un Programa de actividades paralelas a la muestra: conferencias, mesas redondas, debates que se llevarán a cabo a través de plataformas digitales, intervenciones musicales y performáticas y diversas sorpresas que se irán revelando con el correr de los días. Todas ellas apuntan a lograr un “clima fellinesco”, es decir, una recreación del extraordinario mundo creado por Fellini en el que lo onírico convive con lo cotidiano.

“Recibir la muestra oficial italiana del gran Federico Fellini es un honor y un placer para todas y todos nosotros. –aseguró el ministro de Cultura de la Nación Tristán Bauer, también cineasta- Fellini ha sido para muchos un punto de inflexión en la manera de mirar el cine y el arte, e imaginar la vida. Y agregó: “En lo personal descubrí el arte cinematográfico de la mano del neorrealismo italiano, era un niño y me deslumbraban aquellas películas en blanco y negro. Un día llegó I vitelloni, creo que fue lo primero que vi de Fellini, Alberto Sordi y esa pandilla de amigos que deambulan sin rumbo por Rímini y sus playas. Después vendrían La strada, La dolce vita, 8 y ½, Roma, Amarcord y más adelante, en forma desordenada, toda su obra. ¡Cuánto descubrimiento! ¡Cuánto aprendizaje! ¡Qué profundo calaron en mí, y en todos nosotros, esas obras con sus imágenes únicas y cautivantes casi siempre acompañadas por la partitura de Nino Rota! “

Como ocurre con frecuencia entre quienes se dedican al arte, los principios suelen ser difíciles. Aunque hoy es reconocido como uno de los directores cinematográficos más geniales, sus primeras películas recibieron algunos cuestionamientos de la crítica. Eran, quizá, demasiado audaces para su época, escandalizaban a una sociedad poco acostumbrada a mostrar sus costados más oscuros y, además, proponían un nuevo lenguaje que había que aprender a decodificar.  La dolce vita, por ejemplo, estrenada en 1960, produjo cierto escozor molesto en la Iglesia que la consideró obscena y sacrílega. La muestra realizada en el MNAD permite  recorrer las sucesivas etapas que atravesó el creador de Amarcord reponiendo, precisamente, lo que suele olvidarse cuando una figura alcanza la cumbre del éxito: que ese éxito fue fruto de la perseverancia, la dedicación y la lealtad a las propias convicciones respecto del  arte sin ceder a la tentación de las modas, las preferencias de la sociedad o los factores comerciales. Crear un mundo y que este llegue a ser aceptado no es una tarea fácil.

Por eso, dice acertadamente el director del museo, Martìn Marcos: ““Fellini fue un visionario y un revolucionario de la cultura, de la imagen y el sonido del siglo XX; y hoy, a 101 años de su nacimiento, su figura se agiganta”. Y agrega: “Cuando el cine, durante la segunda postguerra, se entusiasmaba con los efectos especiales, él reinventó el séptimo arte desde los afectos esenciales”. En suma, Fellini logró imponer una estética propia, crear fuera de los cánones establecidos.

Parte de los procesos creativos que se muestran en el MNAD son los dibujos previos a sus películas realizados sobre soportes no convencionales y sin prestigio: una servilleta o una hoja cualquiera. Su habilidad para el dibujo es sorprendente. Incluso en un momento de su vida el cineasta pensó que podría vivir de sus viñetas.

En los dibujos que son un esbozo de sus películas aparecen personajes, vestuarios, detalles de todo tipo que luego tomarán cuerpo en su cine siempre tendiente a la desmesura.

«¿Por qué dibujo los personajes de mis películas? ¿Por qué tomo apuntes gráficos de los rostros, las narices, los bigotes, las corbatas, las carteras, la forma de cruzar las piernas de las personas que vienen a verme a mi oficina? –se pregunta a sí mismo  Fellini- . Y se contesta:
«Quizás ya lo dije pero es una forma de comenzar a abordar una película, para ver cómo es, el intento de identificar algo, aunque sea minúsculo, casi insignificante, pero que considere que de algún modo tiene relación con el film y que sutilmente me lleve a él».

Giulietta Masina, su mujer y actriz fetiche, la inolvidable protagonista de La Strada aparece en la muestra en diversas fotos, del mismo modo que el resto de los actores que lo ayudaron a hacer realidad sus fantasías, desde Marcello Mastroianni a Anita Ekberg y Claudia Cardinale.

La muestra se puede visitar de jueves a domingos, de 13 a 19 con inscripción previa en la web del MNAD.