Viaje al fin de la noche es, sin duda, una de las mayores novelas del siglo XX. Su autor, Louis Ferdinand Céline, fue un hombre de ultraderecha y antisemita confeso. Entre su obra y su posición política existe una enorme contradicción, cosa que es más o menos frecuente y que admite diversas explicaciones. Lo único cierto es que las buenas intenciones y la corrección política no siempre garantizan una buena obra en ninguno de las expresiones del arte. 

A 85 años de la aparición de la famosa novela Viaje al fin de la noche, un hombre no menos famoso, John Banville, escribe el prólogo para la nueva edición de Edhasa. Se trata de la primera vez que se publica ese prólogo, por lo menos en español. La nueva edición vuelve a poner sobre el tapete la vieja discusión sobre las correspondencias que existen entre obra e ideología, discusión que es tan vieja como el arte y la literatura mismos. 

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John Banville escribe en el prólogo: “Antes y durante la Segunda Guerra Mundial, Céline se degradó escribiendo una serie de rancios panfletos antisemitas. Tras la derrota de los nazis en 1945, viajó primero a Alemania y luego a Dinamarca. Fue tachado de colaboracionista sentenciado a prisión in absentia, aunque después se le otorgó una amnistía y, en 1951, regresó definitivamente a su país. Con el espíritu quebrado y una muy mala reputación, pero igualmente desafiante, falleció en 1961 a causa de un aneurisma cerebral: un feo y triste punto final para la vida de un gran literato. Sus exabruptos políticos no pasarán al olvido, como tampoco Viaje al fin de la noche, su mayor legado y su obra maestra. Porque se trata de un gran libro, que inauguró un capítulo inédito en la literatura de ficción. La integridad personal y artística de Céline son impares. Si en su vida cometió errores, bastante penosos por cierto, como novelista se mantuvo fiel a sí mismo y a su arte.”

 El caso de Céline no es el único que muestra una contradicción flagrante entre la magnitud de su obra y las miserias de sus ideas políticas. El filósofo alemán Martin Heidegger es un caso similar. Filonazi, manifestó sus ideas al favor del régimen liderado por Hitler en el discurso que pronunció en la toma de posesión de la cátedra en la Universidad de Friburgo (1933). Sin embargo, es considerado el mayor filósofo de siglo XX. Su obra fundamental, Ser y Tiempo, rompe con la teorías del conocimiento al suprimir la dupla sujeto-objeto. 

 Mucho más cercano a nosotros y quizá mucho más moderado en sus repudios políticos porque llegó a desdecirse de su posición frente a la dictadura una vez conocido los horrores perpetrados por ésta, Jorge Luis Borges fue también uno de los escritores más importantes del siglo XX mucho más allá de su ideología política. 

De esto no debe deducirse que una ideología de derecha garantiza la producción de una gran obra, como tampoco lo garantiza una ideología progresista y políticamente correcta. Quizá la creación se produzca en una instancia que es ajena en cierto modo a la conciencia y a las ideas políticas o eso que llamamos “yo” no sea una unidad absoluta, sino un dispersión caleidoscópica que nos hace ser muchas personas a la vez.

Volviendo a Céline, su visión sobre la condición humana es sumamente, amarga. Banville selecciona un párrafo que lo ilustra a la perfección. “Los  hombres -dice Céline- son de temer, siempre, los hombres más que cualquier otra cosa. ¿Y qué es un hombre? ¿Habéis visto la broma que gastan, por nuestros pagos, en el campo a los vagabundos? Les llenan un monedero viejo con las tripas podridas de un pollo. Bueno, un hombre, os lo digo yo, es exactamente igual, sólo que más grande, móvil y voraz y con un sueño dentro”. Sin duda, su visión de la condición humana es oscura y el pesimista. 

En el otro extremo del arco político, Primo Levi que pasó por un campo de concentración nazi cuando era muy joven, dedicó su vida a dar testimonio de lo que vivió para que no se repitiera. Lo hizo magistralmente en Si esto es un hombre, sin duda, el libro más trascendente sobre el Holacausto. Siempre pensó que debía sobrevivir para narrar el horror. Y lo hizo, dedicó su vida a eso. Sin embargo, hay horrores de los que no se vuelve y terminó por suicidarse. Son los horrores que perpetran los hombres contra los hombres. 

Quizá saber mostrar este aspecto oscuro y siniestro de la condición humana fue lo que hizo de Viaje al fin de la noche una novela capital del siglo XX más allá de la repudiable ideología de su autor que también forma parte de lo más abominable de la especie porque dio origen a los crímenes más abyectos.