La destacada pianista, compositora y docente Hilda Herrera es la artífice de Creadores e Intérpretes de la Música Argentina en Piano (CIMAP), un programa y a la vez un colectivo de más de cuarenta pianistas de todo el país dedicados a la interpretación, difusión y puesta en valor de la música argentina de raíz folclórica y ciudadana.

Este año, el programa cumple 20 años desde que pasó a la órbita del  Ministerio de Cultura de la Nación, luego de haber nacido algunos años antes en la Ciudad de Buenos Aires.

Este domingo, en el nuevo Centro Cultural Borges dará inicio la nueva temporada de Argentina desde el Piano, el ciclo de conciertos organizados por la entidad. Los mismos tendrán lugar el primer domingo de cada mes a las 18 en el Auditorio Astor Piazzolla, con entrada libre y gratuita. Se podrá escuchar un recorrido por los sonidos criollos, en las manos de jóvenes pianistas de todo el país. Chacareras y zambas, tonadas y chamamés, tangos y milongas recreados a través del piano. Obras de Atahualpa Yupanqui, Hilda Herrera, Cuchi Leguizamón, Carlos Pino y Alberto Merlo, entre otros. 

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La creadora del CIMAP dialogó con Tiempo Argentino acerca del pasado, presente y futuro de este proyecto en el que, por medio del piano, trabaja para revalorizar la música folklórica argentina.

– ¿Cómo fue que se gestó el programa que usted creó y dirige?

– Este proyecto comenzó hace más de 25 años en el Centro Cultural San Martín, dentro del Conservatorio Manuel de Falla, dependiente del Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires. El entonces director, Augusto Rattenbach, me solicitó que les ofreciera a los alumnos más adelantados de piano un acercamiento a la música folklórica pero desde un nivel más elevado. Y esto se debía a que las partituras de ese momento eran sumamente sencillas y básicas. Por lo tanto, la idea era tratar de darles a esas obras otra jerarquía desde el punto de vista pianístico, algo que hasta entonces no existía en el folklore. Pese a que era una especialización específica para pianistas, se despertó el interés en estudiantes de otros instrumentos e, inclusive, de los que estudiaban canto. Y realmente fue mucha la gente interesada en este tipo de abordaje que proponíamos. En el Manuel de Falla el programa se llamaba Recreadores e Intérpretes de la Música Argentina en Piano (RIMAP). Cuando pasamos a Nación, se empezó a denominar Creadores e Intérpretes de la Música Argentina en Piano (CIMAP).

-¿Cuándo ocurrió el traspaso a Nación?

– En 2002 pasó a la órbita del Ministerio de Cultura de la Nación. Pero para que esto ocurriera puse como condición que el programa se restringiera de manera exclusiva a los pianistas, porque trabajar con muchos alumnos y de distintos instrumentos hacía que se dispersara el enfoque que nosotros queríamos darle: trabajar sobre las partituras originales de nuestro folklore tratando de profundizar el análisis y el estudio de las mismas. Pero también puse otras condiciones, como que, los aspirantes, además de poseer una buena técnica, supieran escribir, sacar obras de oído y desgrabar registros fonográficos. La propuesta era que se empezaran a hacer arreglos más elaborados sobre las partituras originales que, en general, eran muy básicas. Además, lo que hacían tanto sobre las obras folklóricas anónimas como sobre las de autor, debía quedar en Cultura para que estuviera al alcance de los futuros pianistas que se interesaran en este tipo de repertorio. Yo nunca hice diferencia entre el tango y el folklore, todo es música y el tango pertenece a una región que es la ciudad de Buenos Aires, así como cada región y cada provincia tiene su propia característica y estilo sonoro. Lo que importa es que los estilos y las características de las regiones musicales argentina no se pierdan. Tiene el mismo valor la música de la región cuyana, del litoral, de la región pampeana, la patagónica o la norteña.

-¿De qué manera fue evolucionando el programa en estas dos décadas?

– Afortunadamente el proyecto se estabilizó y fue creciendo. Al principio estaba yo sola para hacer este trabajo, pero luego se sumaron tres profesores que están conmigo desde hace casi veinte años. Siempre me interesó trabajar con gente joven, porque es una garantía de que se entusiasmara con el trabajo, no solo con el instrumento sino, también, con el afán de investigar y sondear en las características de cada género o estilo. Esto posibilita una continuidad porque estos músicos jóvenes se transforman, a su vez, en formadores de nuevos músicos que son contagiados por este espíritu y esta inquietud que genera nuestro programa. Hoy muchos de los pianistas que surgieron de CIMAP tienen sus propias carreras artísticas y son difusores de nuestro programa en distintos puntos del país. Me interesa fundamentalmente que cada uno busque y encuentre su propio lenguaje y no repetir fórmulas viejas o seguras. La idea del programa es generar este tipo de inquietudes y que a su vez, estos jóvenes intérpretes incentiven a otros a seguir por el mismo camino.

-¿Siente que las nuevas generaciones están empezando a revalorizar la música autóctona de nuestro país?

– Es importante el valor que tiene la música que se hace en la Argentina. Hay música que, por desconocimiento, a veces es dejada de lado, pero creo que en la juventud que formamos en estas más de dos décadas sembramos una semilla para que se tome conciencia de la riqueza cultural y musical que tiene cada provincia y cada región. Como decía Atahualpa Yupanqui, el hombre y su paisaje crean de una manera diferente. Y nuestro país es tan grande que genera una diversidad estética incalculable. La rítmica, más que la armonía, es la que define la característica de un estilo musical en el folklore. El aspecto melódico y armónico también aportan lo suyo, pero es el ritmo lo que le da identidad a la música de una región.

– ¿Considera que hay una mayor aceptación de la música folklórica en los ámbitos académicos en la actualidad?

– En los conservatorios apenas se dejaba entrar al tango, ya que a la música folklórica se la consideraba perteneciente a “cabecitas negras” y de bajo nivel como para ser aceptada en un ámbito académico. En lo personal, yo viví esto porque soy de Córdoba y, para colmo, soy mujer. Así que mi destino como pianista era únicamente el de dedicarme a interpretar música clásica. ¡Los primeros elogios que recibí fueron “qué bárbaro, toca como un hombre”! Este tipo de cosas me marcaron mucho y luché para tratar de que no me afectaran. Tanto es así que mi primer disco lo grabé en Francia a los 60 años. Era conocida como compositora pero no como pianista. Algunas de mis grandes influencias fueron músicos de jazz, como Art Tatum, Oscar Peterson o Erroll Garner porque me demostraron que un solo pianista puede provocar muchas sensaciones. Somos de una generación que tuvo la suerte de escuchar a grandes artistas del piano. Alguien que me gustaba mucho era Bola de Nieve, porque, más allá de la gracia con la que cantaba, las cosas que hacía en el piano tenían una riqueza asombrosa. Afortunadamente, cada vez hay más mujeres pianistas que poseen un nivel superlativo. La mía fue una lucha constante, pero no me arrepiento y no tengo resquemor, porque me da satisfacción que una gran cantidad de jóvenes se acerque a nosotros para trabajar e internarse en el folklore de nuestro inmenso país.

¿Es numerosa la respuesta a la convocatoria a formar parte de CIMAP?

– Cada año se presenta una gran cantidad de aspirantes para ingresar al programa, pero las vacantes son pocas porque hacemos un trabajo personalizado. Uno de los ejercicios que hacemos es, por ejemplo, proponerles a los alumnos que escuchen un estilo, un género tradicional de la región pampeana, que sientan el silencio que, en cierto modo, representa a esa región, que escuchen la música de Alberto Merlo y traten de traducir al piano esos climas, esos silencios tan propios del estilo. Y en ese momento se encuentran con una música de una gran austeridad pero, a su vez, de una riqueza increíble. Lo mismo pasa con la milonga o con el triste. Siempre se enfocó la atención más en la letra que en la música. Pero cuando el pianista entiende todo lo que fluye dentro de esa partitura, se asombra porque en esa música se refleja de manera sonora el paisaje del lugar.

Ciclo de conciertos “Argentina desde el Piano”

Temporada 2022

Concierto Apertura: domingo 5 de junio, a las 18.

Centro Cultural Borges, Auditorio Astor Piazzolla. Viamonte 525, CABA. Entrada: libre y gratuita