Ya está en las librerías de Buenos Aires Independencia, de Javier Cercas, el escritor español que saltó a la fama internacional con Soldados de Salamina (2001), novela a partir de la cual fue traducido a más de treinta lenguas.

Con la vehemencia que es uno de los rasgos identitarios de Cercas cuando habla de literatura, presentó su nueva obra ante los periodistas de América latina vía zoom.

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Independencia es la segunda entrega de la saga que comenzó con Terra alta y a la que seguirán dos volúmenes más. El protagonista es, como en la entrega anterior, Melchor Marín, que esta vez llega a Barcelona -lugar de residencia de Cercas- para resolver  un caso de extorsión. La alcaldesa de la ciudad es víctima de un chantaje a partir de un video sexual y para resolver el caso debe enfrentarse al poder económico y político que maneja los hilos desde las sombras.

La nueva novela  se enmarca dentro de una saga que se pregunta por la legitimidad de la venganza cuando la justicia no hace justicia. Se trata de un policial político. “Todas las novelas son, en el fondo, policiales”, dice el autor. En esta, hace una crítica feroz al separatismo catalán  a través de la ficción y de esta forma se aleja de lo que llama “novelas sin ficción” como Anatomía de un instante y El impostor, en las que elige ser absolutamente fiel a los hechos –si es que tal cosa es posible-  sin ayudarse de la ficción para narrarlos.

“Los escritores –dice a modo de autodefinición- somos carroñeros, nos alimentamos de los malo, de las crisis,del dolor. En un mundo feliz no habría literatura, por lo menos no habría novelas. Poesía tal vez, poca y malísima. En el mejor de los casos somos alquimistas, los que intentaban convertir el hierro en oro. Los mejores de nosotros convertimos las crisis, el dolor, la violencia  y la oscuridad en belleza y en sentido. Por eso la literatura es útil, siempre y cuando no se proponga ser útil, siempre y cuando no se proponga ser útil, porque si se propone ser útil se convierte en propaganda, en pedagogía y deja de serlo.”

Respecto de Independencia, explica: “La búsqueda de la verdad y de la justicia están unidas. La búsqueda de la verdad es el eje de toda novela, no solo de toda novela policial. Borges decía que todas las novelas son novelas policiales y tenía razón, por supuesto. Las novelas que yo amo son policiales en la medida en que en ellas hay un enigma que alguien intenta descifrar. La búsqueda de la verdad es consustancial con la novela y la justicia va unida a esa búsqueda de la verdad o más bien, a la justicia y su sombra, que es la venganza. La pregunta central de todo el ciclo de novelas de Terra alta sería: ¿es legítima la venganza cuando la justicia no nos hace justicia? En la vida real todos diríamos que no, que la venganza nunca es legítima. Pero las novelas no funcionan así. En ellas las cosas están más complicadas.”

Y agrega: “La literatura es  un placer, como el sexo. Pero también es una forma de conocimiento, como el sexo. Por eso, cuando alguien me dice que no le gusta leer, solo se me ocurre darle el pésame y acompañarle en el sentimiento. ¿Y cuál es la forma de conocimiento de la literatura? Precisamente que nos obliga a cuestionar nuestras certezas más arraigadas, a poner en solfa aquello que creemos, nos saca de nuestras casillas, nos obliga a empatizar con pensamientos, con personajes que en la vida cotidiana nos parecerían horribles, abominables. A través de la literatura somos capaces de empatizar con monstruos como Ricardo III como lo hace Shakespeare, con Raskólnikov que es un asesino, como Michael Corleone, capaz de matar a su hermano. En las novelas uno se alegra de cosas de las que en la vida cotidiana no se alegraría.”

Muy crítico del separatismo catalán, asegura que su novela reflexiona también sobre el poder de las elites de poder. “Si tuviera que resumir brevemente la novela diría que es la historia de un tipo que se llama Ricky Ramírez que es la contracara de Melchor Marín, un tipo que busca la independencia personal, económica de manera equivocada. (…)Lo que hace es arrimarse a los ricos y los poderosos, a la élite económica barcelonesa, catalana que hace lo que suelen hacer las elites con los desgraciados o los arribistas, usarlos para sus propósitos perversísimos y luego usarlos como papel higiénico.” 

Y de la novela salta a la realidad: “Eso es una metáfora de lo que ha ocurrido en Cataluña en los últimos años y del modo en que las elites operan habitualmente. En Cataluña lo que ocurrió a partir de 2012 muy sintéticamente es que para salir de la crisis monumental de 2008 que se dio en todo Occidente, consiguieron presionar al gobierno central para que les sacase las castañas del fuego.  ¿Cómo lo presionaron? Como se ha hecho siempre desde que el mundo es mundo, sacando la gente a la calle por un lado, usando la furia y la indignación justificadas  de la gente porque lo estaba pasando mal y, por otro, ofreciéndole una `utopía disponible`: vamos a crear  un sitio maravilloso que se llamará Cataluña Independiente donde todos seremos ricos, altos, rubios y, además, no libraremos de estos pesados españoles que nos roban y nos oprimen desde que el mundo es mundo. Y la gente se lo creyó, porque si tienes el poder político, los medios de comunicación y las redes sociales, la gente se lo cree. Y ahora las elites no quieren que la gente siga con eso, están muy asustadas y quieren que la gente vuelva a casa, pero eso ya no es posible.”

En otro orden de cosas, afirmó que a pesar de que Independencia habla de política no es una novela estrictamente política, sino que en ella confluyen muchos otros elementos. Ha trabajado, por ejemplo, con el sentimiento de solidaridad entre hombres “propio de la gente que se juega la vida” y destacó que le ha causado una gran impresión positiva la solidaridad que observa entre mujeres, la forma en que escritoras de una misma generación y que comparten un mismo espacio se elogian las unas a las otras, “porque las mujeres también se juegan la vida.”

Con igual vehemencia abordó  diferentes temas para contestar a las preguntas de los periodistas, desde la literatura y la política de su país, hasta la pandemia. “En 5 años màs nadie va a hablar del coronavirus”, afirmó y dio como ejemplo la pandemia de la mal llamada “gripe española”, que mató más gente que las dos guerras mundiales y que, sin embargo, él no conoce ningún libro que la aborde. “A mí, en lo personal (la pandemia) no me ha cambiado. Me ha cambiado mucho más lo que ocurrió en Cataluña en 2017.”

También afirmó que sueña con que la literatura vuelva a ser popular. “Uno de los principales prejuicios de nuestro tiempo es que la buena literatura solo puede ser secreta, minoritaria, de catacumbas.” Calificó ese prejuicio como una superstición y afirmó que lo mejor que le puede ocurrir a la literatura es que vuelva a ser relevante y que deje de vivir en las catacumbas.”