La niebla espesa que desdibuja los cuerpos de la foto de  Ignacio Yuchark forma parte de la escena que tuvo lugar la madrugada del 4 de julio de 2016, cuando un grupo de periodistas desarmados entraron a recuperar lo que les pertenecía por derecho propio: los instrumentos de trabajo del diario Tiempo Argentino que Sergio Szpolski y su socio Matías Garfunkel dejaron a la deriva en el mes de diciembre de 2015. La patota, que tenía palos, cadenas y facas, quiso frenar con un matafuego a quienes defendían, desarmados, no sólo sus puestos de trabajo, sino también la libertad de expresión. Por ese entonces era reciente la fundación de la Cooperativa Por Más Tiempo que fue la respuesta de los trabajadores al vaciamiento de la empresa perpetrado por sus dueños. «Esa madrugada, cuando me enteré de lo que estaba pasando, fui a Tiempo Argentino porque allí tengo amigos, gente que me importa –dice el fotógrafo-. Yo también pertenezco a una cooperativa periodística, La Vaca. Cuando entré al diario había policías custodiando a la patota. Este es un modus operandi común: luego de que entra la policía, los trabajadores son desalojados y luego interviene un fiscal y los empresarios logran su cometido. Por eso creo que Eduardo «el Vasco» Murúa, un referente del movimiento de fábricas recuperadas, fue uno de los grandes protagonistas de la noche. Si él no hubiera tenido el conocimiento de lo que pasa en esas circunstancias, no hubiera logrado abrir el portón y no hubiera instado a los periodistas a entrar,  la historia de Tiempo Argentino  probablemente hubiera sido otra.» 

Las más de 3000 imágenes enviadas por fotógrafos de todo el país, de las que se exponen unas 160, son diversas en su temática (actualidad,deportes, retrato, vida cotidiana, naturaleza, medio ambiente, arte y espectáculos). Sin embargo,   es posible rastrear en esta 28º edición de la muestra organizada por los Reporteros Gráficos de la República Argentina un denominador común. Según lo señala la especialista Cora Gamarnik en el prólogo del catálogo, «son las fotos que tienen cicatrices. Cuerpos con marcas de balas de goma, en espaldas, en piernas, en brazos. Cuerpos que soportan (en la doble acepción del término) un presente que creíamos ya pasado.»

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