La Universidad de San Martín (UNSAM) lleva a cabo, entre otras tareas culturales, una prolífica labor editorial. Acaba de publicar una compilación de textos teóricos del escritor Uwe Timm, El inevitable narrar y una novela de Ulrich Peltzer, Una vida mejor. Ambos escritores son alemanes y visitaron el país para presentar sus libros y participar del XVI Congreso de la Asociación Latinoamericana de Estudios Germanísticos. 

El libro de Timm reúne las conferencias dictadas entre 1991 y 1992 en la Universidad de Paderborn. Los textos lanzan preguntas originales que tienen que ver con las condiciones materiales en que se produce la escritura como, por ejemplo, cómo es la silla en que se sienta el escritor, cuáles son los objetos que tiene sobre el escritorio, o si escribe a mano, en una máquina de escribir o una laptop, cosas que no suelen tomarse en cuenta a la hora de hablar de un texto. La traducción al castellano estuvo a cargo de Laura S.Carugati.

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La novela de Peltzer se propone como desafío narrar la simultaneidad. Diversos personajes se desplazan por el mundo y se entrecruzan entre sí. Sus pasados han sido revolucionarios pero sus presentes son burgueses. La traducción al español estuvo a cargo de Ariel Magnus y es necesario decir que tiene un sesgo rioplatense que constituye una bocanada de aire fresco en medio de la neutralidad lingüística que domina las traducciones destinadas al mundo hispanohablante. 

Ambos autores, quienes fueron acompañados por Martin Hielscher, también autor prolífico y pensador de la literatura que está al frente del programa de ficción de la editorial CH Beck, dialogaron con Tiempo Argentino

-Ustedes presentaron juntos sus respectivos libros. Además de ser dos figuras notables de la literatura alemana actual, ¿hay otras razones literarias o extraliterarias que los hayan llevado a hacer una presentación conjunta? 

Uwe Timm: -En el marco del programa de la cátedra de Hermenéutica de la Universidad de San Martín fui invitado hace unos años a viajar a la Argentina y siempre se me sugirió que invitara a dos autores más. Este año invité al argentino Patricio Pron que ya participó de otras ediciones de este programa y a Ulrich Peltzer porque es una de las figuras importantes de la literatura contemporánea alemana. Me interesaba su presencia porque su literatura no sólo se enfrenta con la realidad sino que, además, lo hace de una forma crítica y estimo mucho el valor estético y lingüístico que tienen sus novelas. Creo que es importante que los argentinos conozcan sus obras e invitarlo era una manera de hacerlo posible. Su libro Parte de la solución fue publicado en la Argentina por Eterna Cadencia.  Una vida mejor es el segundo libro que se publica aquí bajo el sello de la UNSAM.

-¿Qué relación existe entre estética y política? ¿Tienen ambos un interés común en la palabra cotidiana?

UT: -La forma en que percibimos el mundo es lo que luego narramos. Lo que narramos lo transmitimos en palabras y eso puede modificarse, puede sufrir una transformación sea por experiencias personales o políticas. Lo importante es que haya una narración lógicamente comprensible que será la que transmita la forma particular de percibir el mudo. Las preguntas estéticas son preguntas políticas. La elección que hagamos de cómo narrar es una elección política. Al tomar esa decisión estamos decidiendo políticamente. Creo que esto también es lo que nos relaciona: cómo cada uno narra ese mundo. Las diferencias con uno mismo que se dan a lo largo de la vida pueden llevar a modificar o a ratificar lo que se narró en un determinado momento. Siempre existe la posibilidad de la ratificación o de la rectificación. Hay un uso del lenguaje público que podríamos decir que es una narrativa. Es el lenguaje que usan en general aquellos que dominan, es el lenguaje que se transmite en los medios. Por otro lado, hay una contra-palabra y éste es un lenguaje crítico que opera con una narrativa de una forma más compleja. ¿Qué quiere decir esto? Que crea imágenes, que no son sólo palabras que se usan de otra manera. Volviendo a su pregunta anterior, esa es la narrativa que nos une a nosotros dos. Martin Hielscher es quien quizá pueda decir algo más sobre esto ya que conoce muy bien nuestra obra. 

Martin Hielscher: -Podríamos encontrar muchos puntos en común entre las obras de Uwe Timm y las de Ulrich Peltzer, pero lo que realmente me interesaría remarcar es que aquello que los vincula es el intento de crear, de inventar una imagen sobre la situación social contemporánea. Ambos se relacionan en las formas de utilización del lenguaje cotidiano y las maneras en que éste aparece en su lenguaje narrativo, en su lenguaje literario. Todo esto habría que enmarcarlo en la situación histórica en la cual el antagonismo de conceptos viejos, casi utópicos que vienen de la antigua izquierda siguen estando presentes en sus novelas. Uwe Timm fue uno de los creadores del movimiento del 68 a partir del asesinato de un amigo. Este marco de la historia alemana caracterizada por la represión y la violencia incluida la violencia militar –basta pensar en el Holocausto– es uno de los aspectos fundamentales de sus creaciones. Ellos denuncian la debilidad democrática de esta sociedad. Lo que hacen sus obras es no sólo plantear esto en un lenguaje literario, sino también poner en cuestión la mentalidad, dar una contra-palabra, una contra-posición desde el punto de vista cívico. Hay otro aspecto interesante y es cómo presentan el mundo de las finanzas internacionales, los intrincados juegos del capitalismo. Todo ese mundo que parece tan intangible en sus narraciones aparece de una forma sensible que permite percibirlo no como algo abstracto, sino como un conjunto de relaciones en las que los personajes tienen deseos, tienen temores, tienen sueños. Sin embargo, esto no queda en una presentación individual de los personajes, es decir, en cómo cada personaje siente, percibe y actúa, sino que hay una elaboración social. Podría reproducir aquí en relación con estos textos la famosa frase alemana que dice “Vos crees que sos el que arrastra, pero en realidad sos arrastrado.” Todos estos elementos trabajados en un lenguaje literario constituyen uno de los puntos que une a estos dos escritores. 

-El libro de Timm tiene textos ensayísticos. El de Peltzer es una novela. Sin embargo, creo que tienen puntos en común. Timm habla de las condiciones materiales de producción de la escritura como el elemento con que se escribe, el ambiente, los objetos que hay en el escritorio del autor…Peltzer escribe una novela que desafía la linealidad de la escritura, que quiere contar lo simultáneo y no la sucesión. ¿Encuentran en esto un punto de contacto? Lo digo porque creo que la simultaneidad es una idea que quizá nace de la utilización de una computadora y que sería difícil pensar si se escribiera a mano o a máquina? No me parece casual que aparezca en este momento una literatura del fragmento.

Ulrich Peltzer: -Los románticos tempranos ya tenían una literatura del fragmento. 

UT: -Del mismo modo, podríamos decir que Heráclito fue un filósofo del fragmento. 

UP: -Lo que sí hizo la computadora es dinamizar o alivianar este proceso de la escritura por fragmentos y esto responde a la necesidad de representar el mundo de una manera coherente que no sea un mero conglomerado de voluntades, deseos y sueños de los personajes que conforman la novela. El desafío es lograr la coherencia a través de la fragmentariedad. No se trata de crear una narración que ordene el mundo en forma dogmática, sino de crear en la narración una coherencia para que ese mundo sea comprensible. El marxismo dio una explicación del mundo con un sentido ideológico, pero era una explicación acabada que apuntaba a dar un sentido acabado de la realidad, un sentido dogmático. La explicación del mundo es económica y a partir de esta explicación el individuo no tiene una libertad en la que puede moverse, sino que esta normativizado. Creo que el marxismo fracasó en dar una explicación del mundo sin lugar para la libertad. El dogmatismo, el establecimiento de un criterio válido universalmente fue lo que hizo que explotara otro tipo de narración.

UT: -En ese modelo narrativo lo que domina es la esquematización, la falta absoluta de espontaneidad. Lo fragmentario, en cambio, lo que hace es buscar un sentido, pero un sentido que no es dogmático en el que el lector tiene un gran espacio de libertad de movimientos.

-En Una vida mejor los personajes han tenido un pasado en que creyeron en una utopía en la que han dejado de creer. ¿Toda utopía está condenada al fracaso? 

UP: -No, no es que toda utopía tenga como destino obligatorio el fracaso. El problema es la obligatoriedad que establecen las utopías, el hecho de que tengan que cumplirse tal como son planteadas, el determinismo. Sería importante que a las utopías pudiera extraérseles ese determinismo. Pero, por otro lado, no podríamos pensar en un futuro si no lo hiciéramos a través del concepto utópico como es en sí mismo el futuro. Todo concepto de futuro tiene un momento utópico, pero creo que las utopías deberían ser desacralizadas para que no sean algo preestablecido que hay que alcanzar, sino algo que se conforma, se configura en una vida en común, no individual. Ese futuro pensado de este modo sería un futuro legítimo porque porque sería aquello por lo que vale la pena luchar en tanto sociedad. De este modo las utopías dejarían de ser una forma de mesianismo, pero no sería posible pensar al hombre sin utopías. 

UT: -La articulación del mundo de una forma mecánica es la que nos hace pensar el futuro como algo terminado, como algo que se establece previamente y a lo que hay que llegar. Esa noción de futuro lo único que hace es establecer algo como aquello que se ha de alcanzar. Una sociedad que se concibe a sí misma de un modo anticipatorio en el sentido de que no tiene la libertad de pelear por un futuro, es una sociedad cuyas utopías van a fracasar.