La literatura de Jorge Luis Borges es inagotable. Las sucesivas lecturas de sus obras descubren siempre nuevos aspectos. El interés que produce va mucho más allá de la literatura para relacionarse con otras disciplinas, desde el cine y la música hasta la matemática y la física cuántica. En su escritura encuentran materiales interesantes tanto eruditos en su obra como un artista de rock como Mick Jagger.

El objetivo del Festival Borges, creado en 2021 por la editora Marisol Alonso y la escritora Vivian Dragna, es acercar a este escritor argentino y universal a nuevos lectores. “En esta edición –sostiene Alonso- buscamos tender puentes con otros países para redescubrir la dimensión de un autor como Borges —que ha sido tan argentino y tan cosmopolita al mismo tiempo—, y conocer nuevas lecturas desde otras culturas».  También –completa Dragna- extendemos las charlas a otras disciplinas como la música, la física y el cine para poder apreciar nuevos abordajes en torno a un autor que trasciende las fronteras de la literatura».

Participarán del encuentro figuras internacionales y nacionales. El autor español Javier Cercas, se referirá a sus lecturas de Borges y a la influencia que tuvo en su propia literatura. El poeta español Luis García Montero redescubrirá el rasgo poético en Borges, y el académico italiano Federico Favali trazará paralelismos entre los textos borgeanos y las piezas musicales de los siglos XIX y XX. 

Por su parte, Beatriz Sarlo se referirá al espíritu cosmopolita de Borges en tensión con su destino nacional, Alberto Manguel, dará cuenta de su identidad como lector y María Rosa Lojo, recorrerá el camino del héroe en el cuento borgeano.

También integrarán el encuentro el escritor y físico Alberto Rojo; el traductor Jorge Fondebrider; el director de cine y guionista Sebastián Cardemil Muchnik; las investigadoras Mariela Blanco y Magdalena Cámpora; la profesora francesa de Literatura latinoamericana, Mariana Di Ció; y el profesor y Doctor en Letras, Lucas Adur. 

Además, habrá dos talleres, gratuitos y con inscripción previa, sobre cuentos emblemáticos como El jardín de senderos que se bifurcan, por el comunicador Marcos Liyo, y Emma Zunz, por la autora Silvia Hopenhayn.

El encuentro se emitirá desde el canal de YouTube Festival Borges. El primer día del Festival, el lunes 8 de agosto, habrá dos disertaciones. A las 18 el científico Alberto Rojo se referirá a Borges y la física cuántica, mientras que a las 20 será el turno del especialista Sebastián Cardemil Muchnik que hablará de la relación del escritor con el cine.

Borges, el escritor que se anticipó a la física cuántica

El científico argentino Alberto Rojo, autor del libro Borges y la física cuántica (Siglo XXI) dialogó desde Estados Unidos con Tiempo Argentino. Borges se adelanta a la física cuántica en el cuento El jardín de senderos que se bifurcan.  La idea de la física cuántica que se anticipa en el cuento mencionado es “que es que en cada proceso de medición o de observación el universo éste se replica en tantas copias como alternativas hay para el resultado de esa medición. Es una cosa extravagante –afirma Rojo- porque se estarían creando universos constantemente que evolucionan en paralelo y nosotros estamos hablando en uno de ellos. Esa idea que hoy forma parte de la teoría cuántica, la formuló Borges antes de que se postulara en la física. Yo trato de indagar sobre si aquellos que postularon la teoría habían leído a Borges. También me interesa en un segundo nivel la irradiación de Borges hacia otras disciplinas, por qué es el poeta más citado por científicos. Es un caso inédito para mí porque desde la literatura gravitó en otras disciplinas que van más allá de la literatura como la lingüística, la matemática, la paleontología, la estadística. El Festival es una oportunidad para hablar de él en conexión con la ciencia. En un tercer nivel me interesa la conexión entre el arte y la ciencia y  voy a referirme a esos temas.”

La pregunta que se impone es si Borges vendría a demostrar que la división entre la objetividad de la ciencia y la subjetividad de la literatura es tan tajante.“ Creo que la ciencia no es tan objetiva y la literatura no es tan subjetiva, contesta Rojo. Borges cultiva un estilo particular que combina una ingeniería de ejecución única con un profundo lirismo. Creo que para encontrar a alguien similar hay que ir a Bach, que tiene una estructura rigurosa y, a la vez, nos conmueve. En esa combinación de rigor con lirismo Borges tiene acceso a través de la poesía a esas cosas que son inexpresables.”

La poesía, según la visión de Rojo, puede ser un auxiliar de la ciencia. “En la física –afirma- ocurre muchas veces que el universo es tan sutil que escapa a las descripciones verbales que tenemos como herramientas en el uso corriente de nuestro lenguaje. Ahí es donde la poesía puede ser un auxiliar para ayudarnos a entender ciertas cosas que nos están indicando las matemáticas o ciertos órdenes naturales que no sabemos expresar con precisión. Borges es alguien que, sin saber ciencia, lo que en este caso es una virtud, es capaz de destilar algunas ideas que estaban en proceso de gestación y de encontrarles un hábitat en esa frontera transparente que divide al arte de la ciencia.”

La imaginación, que tantas veces se señala como patrimonio exclusivo de la práctica artística, también tiene su lugar en la ciencia, y Borges es, quizá, el ejemplo paradigmático de esta característica común que comparten ambos campos:  Dice el científico: “Hay que tener muchísima imaginación para concebir, por ejemplo, que las especies evolucionan, que el universo se expande. Hay que tener mucha imaginación para hacer una teoría microscópica del mundo, para postular que no somos el centro del mundo cuando la intuición natural nos dice que todo gira alrededor de la Tierra, para pensar que el Sol es el centro del sistema planetario y que giramos alrededor de él. La misma imaginación que crea el arte es la que crea la ciencia. Eso se ve, a mi juicio, en que las teorías científicas tienen el estilo personal de sus creadores a pesar de que se diga que hay una objetividad. En la ciencia hay imaginación en la formulación de conceptos que son realmente fantásticos. Si uno piensa que las partículas microscópicas están simultáneamente en varios lugares, ése es un concepto de la física al que se llega con muchísimo sentido de la especulación y de la imaginación que es muy parecido o incluso superior al de Julio Verne.”

El cuento borgeano El Aleph parece sugerir a priori que podría tener algún punto de contacto con la ciencia. ¿Pero esta intuición es cierta? Rojo contesta: “El Aleph está tomado de El huevo de cristal de H.G.Wells y es una especie de agujero negro porque es un punto singular en el que se puede ver toda la historia del mundo. En El Aleph al mirar se ven cosas universales y cosas particulares. En la idea de la existencia de un punto singular en el que, si uno se aproximara, vería toda la luz que va cayendo y, por lo tanto, la historia del mundo hay una alegoría científica, aunque no tan estrecha como la de El jardín de senderos que se bifurcan. Lo que sucede con Borges es muy interesante, porque no se trata de un anticipo tecnológico, sino conceptual. En mi charla voy a hablar de en qué sentido es que Borges se anticipa. Siempre subrayo qué gran escritor fue, qué intelectual fuera de toda escala y nosotros tenemos el privilegio de poder leerlo en su lengua original y de entender ciertas cosas cuando habla de Buenos Aires que un extranjero no entendería del todo. Creo que Borges es la figura argentina más importante de toda la historia, alguien que para mí representa mucho.”

Cuando tenía 25 años, Rojo tuvo un breve intercambio con Borges, del que no se olvidó jamás. Acababa de casarse y fue a saludar a sus padres al hotel Dorá, donde se alojaban sus padres. Borges comía solo en una mesa. Venciendo su timidez y por pedido de su padre, aceptó acercarse a conversar con él. “Tuvimos una charla extraordinaria , recuerda. Yo lo había leído y lo seguía leyendo. Era estudiante en el Instituto Balseiro y en los libros de física con los que estudiábamos había encontrado que lo citaban muchas veces. Cuando se lo comenté, él me dijo que no sabía nada de física, que solo sabía lo que su padre le había enseñado acerca de cómo funcionaba el barómetro. Insistí en que los físicos lo citaban mucho y él me contestó: “Ah, pero qué imaginativos los físicos”.

Borges cinéfilo, amante del western, crítico, guionista y mucho más

“La idea es recorrer la vinculación que mantuvo Borges con el cine a lo largo de su vida  en distintas etapas”, dice Sebastián Cardemil Muchnik refiriéndose a la charla que dará en el Festival Borges. “Cuando él vuelve a Buenos Aires en los años 20 –cuenta- se convierte en un gran cinéfilo. Hay testimonios de que iba al cine cuatro o cinco veces por semana. Durante toda su vida va a ser un gran espectador de cine, aun ciego. En esa etapa va a ver películas que ya conoce, va a ver El ciudadano Kane, las adaptaciones de Shakespeare en la Sala Lugones. Desde la constitución de la revista Sur en los años 30, se abre una segunda etapa en la que pasa de ser cinéfilo a ser crítico de cine. Se suceden luego otras en las que Borges es guionista, es un escritor adaptado al cine, un escritor citado por directores de otros países y se convierte en un escritor de la contracultura en películas europeas de Jean-Luc Godard, de Nicolas Roeg, de Bernardo Bertolucci. En mi intervención  voy a tratar de hacer un recorrido por esas esas etapas una por una.”

Curiosamente, según afirma Muchnik, “como espectador a Borges le gusta el cine popular de Hollywood, las películas de gangsters y el  western. También le gustaba la literatura popular: Stevenson, Chesterton, la tradición del siglo XIX de género. Pero a la hora de producir, va a ser un escritor de vanguardia, no popular. Va ser un escritor bastante difícil, hermético, no un escritor para todos. Hasta el día de hoy creo que es muy conocido pero no tan leído. Lo que él hace es transformar todo ese material en lo que conocemos como lo “borgeano”, que está atravesado por lecturas y saberes de todo tipo, tradiciones de distintos lugares del mundo que va a tomar en sus cuentos. El cine de autor europeo a él no le gusta nada, va a hablar pestes de esas películas que forman parte de  un cine muy elitista que empieza a llegar a la Argentina sobre todo en los años 60. Durante el resto de su vida se va a seguir considerando como un espectador de un cine muy popular, muy hollywoodense. Tenía, por supuesto, algunos reparos críticos frente a ciertos tratamientos que hace Hollywood, pero elabora las películas de gangsters y el western y las convierte en esos cuentos de cuchilleros y compadritos. El cine mudo de los años 20 se puede ver en cuentos como Hombre de la esquina rosada.  Borges no solo es un gran lector, es un gran espectador de un cine que es de segunda categoría para cualquier escritor. Ningún escritor se animaba a decir que le gustaba ese cine, pero Borges lo hace, pero luego transforma lo que ve en algo muy personal. Toma procedimientos cinematográficos y los convierte en procedimientos literarios cuando, en general, es al revés, porque es el cine el que toma la literatura. Ese me parece un gesto vanguardista. Hay que ver que en el medio en el que él se movía, por ejemplo, en el la revista Sur, el cine es considerado un entretenimiento para el populacho. En este sentido, es alguien muy desafiante. Entre el año 31 y el año 44 escribe en Sur reseñas de películas de todo tipo, argentinas, europeas, norteamericanas y tiene una trayectoria como crítico sumamente interesante y visionaria”

Y agrega: “Algunas críticas son antológicas porque él ya comienza a fijarse en directores cuando muy pocos lo hacían. Habla de Hitchcock, de Chaplin, de Eisenstein, mientras la mayoría le prestaba más atención a los actores o al género. Su mirada sobre el cine es bastante poco común para la época. De Chaplin dice que era un conjunto de lugares comunes. Le molestaba su sensiblería, su apelación a los golpes bajos para ganarse al público de una forma muy obvia: la chica ciega, el vagabundo que siempre recibe los golpes de la clase rica, situaciones que están pintadas con brocha gorda. Borges desata ese estereotipo tan evidente y reduccionista. Distingue entre estereotipos bien y mal utilizado. Une el western a la Ilíada y la Odisea, a la tragedia griega, pero no le gustan los estereotipos de Chaplin. En los años 60 comienza a ser muy conocido en Europa, gana el Premio Formentor que comparte con Beckett. Cuentos escritos 30 años antes comienzan a conocerse tardíamente en los 60. Se convierte en un escritor para cierto tipo de lector, es una figurita difícil de la contracultura. Por supuesto, lo leen muchos escritores. Umberto Eco, por ejemplo, cuenta muy bien cómo le llega a él su literatura. Pero en el cine comienzan a citarlo. Godard en Alphaville cita un poema. Nicolas Roeg también lo cita en Performance, una película en la que actúa Mick Jagger. Eso va a continuar en este siglo y el mejor ejemplo es Christopher Nolan que lo cita varias veces, incluso lo plagia, me atrevo a decir que en gran parte de la película, el final de El caballero oscuro está copiado del cuento de Borges Tema del traidor y del héroe. Si hablamos de Bertolucci, el final de Último tango en París es el final de Emma Sunz. Muchas veces resultan más interesantes este tipo de ejemplos que las adaptaciones de Borges al cine. Él no habla de música, no habla, de pintura, no habla de ballet, habla de cine.”

La programación de la segunda edición del Festival Borges puede verse completa en la página del Festival.