Notas al pie

Alejandro Dolina

Planeta

En esta novela compleja aunque para el lector el texto fluya, Alejandro Dolina apunta contra la novela decimonónica a través de la elaboración formal. Notas al pie es, paradójicamente,  un libro de cuentos, más precisamente los cuentos póstumos del escritor Vidal Morozov con notas de Franco De Robertis, quien fuera su discípulo y ayudante. Pero las notas al pie de De Robertis comienzan a crecer de manera desmesurada pasando de la esporádica acotación erudita a una historia personal y desbordada.

Entre la escritura de los cuentos y la de las crecientes notas al pie, hay diferencias notables. Mientras los cuentos de Morozov tienen la retórica de la lejanía, de China, ese país que aún sigue conservando su misterio a pesar de que hoy todo queda más cerca que en el pasado, la de Robertis tiene un estilo más realista, más inmediato, como dictado por la urgencia.

El autor le dijo a Tiempo Argentino: “Elijo China como un territorio apto para cuentos, porque permite la adopción de un estilo de escritura que no es chino, sino chinesco. Lo chinesco es lo que los occidentales no preparados creen sobre el chino. Entonces, aparece un lenguaje con expresiones como “este humilde servidor se prosterna…”, que no es más que una parodia, una consecuencia de nuestra tendencia al estereotipo. No es que el escritor crea que los chinos hablan así, pero hacemos un pacto: cuando hablamos así, estamos en la China. Entonces el relato resulta más exótico, más eficaz, más gracioso, incluso por impertinente, y también más cómodo para escribir cierto tipo de cuentos que, transcurriendo en Villa Crespo, nadie los creería.”

Pero no solo lo chino como elemento exótico se hace presente en la novela, también hace incursión en ella lo ruso revolucionario o posrevolucionario, “porque aparece como un terreno en el que pueden ocurrir tremendas arbitrariedades y el lector tiende a creerlas mucho más que si las ubicara en el gobierno de De la Rúa, por ejemplo.” 

Que Dolina sea Dolina, una figura que forma parte de nuestra identidad nacional, alguien popular, una rara avis que puede hablar de Borges con solvencia y sin solemnidad y referirse a los clásicos griegos y hacernos reír a carcajadas es a la vez una ventaja y una desventaja para sus libros. La ventaja es que el libro de alguien conocido y apreciado tiene asegurado un número de lectores. La desventaja es que el personaje que todos conocemos suele interponerse entre el lector y el texto y este va a buscar lo que se sabe sin dejar margen para la sorpresa, va a buscar lo que se conoce y no lo desconocido. De esa forma, la lectura se empobrece. Dolina, por supuesto, como le sucedería a cualquiera, no puede dejar de ser él cuando escribe. Pero sería bueno que el lector pudiera poner momentáneamente al autor entre paréntesis para disfrutar de un libro que pone en evidencia un gran trabajo, una enorme elaboración formal y también una gran creatividad. En fin, sería bueno que no se dispusiera a leer el libro de Dolina, sino el libro de un gran escritor que se llama Dolina.

Frutos extraños

Leila Guerriero

Alfaguara

La reedición aumentada de Frutos extraños de Leila Guerriero constituyó, sin duda, una de las buenas noticias editoriales del año, en la medida en que supuso a la vez el reencuentro con textos emblemáticos de la autora y también con textos más recientes. De esta forma se ofrece un panorama más amplio de su producción de 2001 a 2019. El material está organizado en “Crónicas y perfiles”, “Discusiones” y “Sobre el periodismo”.

La propia autora resumió para Tiempo Argentino los alcances de esta reedición aumentada: “Elegí textos largos, contundentes y de distinto tipo, dijo. Están los perfiles de María Luján Rey, un actor social. Es la madre de Lucas Menghini Rey, el chico de 20 años que perdió la vida en el accidente ferroviario de la estación de Once; el de Gustavo Grobocopatel, un hombre del mundo de la empresa; los de Palito Ortega y Fito Páez que son emblemas de dos generaciones musicales bien distintas. Incluir textos nuevos fue una forma de decir que sigo por el mismo camino, que acá estaba y acá estoy.”

Los textos de Frutos extraños confirman, una vez más, que Leila Guerriero tiene bien ganado el lugar que ocupa dentro de la crónica. Son verdaderas composiciones que muestran diferentes facetas de los personajes y la muestran a veces, en detalles que para un observador menos agudo podrían parecer irrelevantes, desde la forma de caminar a la forma de sentarse. Las figuras que presenta jamás son planas, sino corpóreas, tienen una densidad, un peso, una presencia, como si el lector las estuviera viendo en el teatro o el cine. Las palabras de estos textos se rebelan contra las dos dimensiones de la página para mostrarse en la plenitud de sus posibilidades. Guerriero no narra, sino que muestra del mismo modo que lo  hace un actor sobre el escenario. O acaso su forma de escribir sea narrar mostrando, elegir el punto de vista óptimo para el narrador, aquel en el que puede darle vida al personaje y no quedarse simplemente en las meras referencias a él.  

Atlas de micronaciones

Graziano Graziani

Godot

Como todos los libros que edita Godot, este es también una suerte de rareza que merece ser conocida. Y, como todos los libros que edita Godot, también tiene una edición cuidada que esta vez, viene con sorpresa: si se quita la sobrecubierta y se la despliega, el lector se encuentra con un hermoso planisferio donde están ubicadas las micronaciones, que parece de factura antigua. En las ediciones de esta editorial que en pocos años ha adquirido un lugar significativo subyace la idea de que el contenido de los libros no es independiente de su continente, que de la lectura no solo se conserva el recuerdo de palabras, argumentos, observaciones y climas, sino también texturas, tipografías, detalles, el tamaño de la caja, el interlineado que entorpece o facilita la lectura… La traducción de Gillermo Piro es otro valor agregado.

En cuanto al texto, tal como lo define su autor, se trata de un atlas que “reúne las historias y las fichas geográficas de países minúsculos que nadie conoció jamás, las micronaciones. ¿De qué tipo de entidad política estamos hablando? Según Wikipedia,  una micronación es `una entidad creada por una persona, o por un pequeño grupo de personas, que pretende ser considerada como nación o Estado independiente, pero que aún no es reconocida por los gobiernos o las mayores  organizaciones internacionales`. ¿Qué la vuelve distinta, entonces, de un Estado independiente no reconocido, como Somalilandia o Transnistria, o del principio de autodeterminación de los pueblos? El hecho de que no hay pueblos por autodeterminar, sobre todo porque las micronaciones involucran un número limitado de personas; su extensión territorial es por lo general muy limitada; a veces su naturaleza es excéntrica.”

El autor marca como uno de los precedentes de micronación el Imperio de los Estados Unidos, cuyo monarca, Notton I rigió los destinos de la población norteamericana, entre 1859 y 1880. En este caso, lo que está en juego no es la dimensión como antecedente de micronación, sino la historia en sí, del mismo que sucede con el Reino de Araucaria y Patagonia, quizá un delirio regio del abogado francés Orélie Antoine de Tounens, cuya historia narra Carlos Sorín en La película del rey.

Luego de enumerar los antecedentes históricos de las micronaciones, estas se suceden debidamente clasificadas en diversos capítulos.

Entre las historias más fascinantes figura, sin duda, la del Reino de Redonda, una pequeña isla del Caribe que, antes que nada, es un territorio literario. Se trata de una isla oblonga que Colón descubrió en 1493 y sobre la que reina o reinaba hasta la edición original del libro que es de 2015, el escritor español Javier Marías. Su corte está integrada por otros escritores.

En suma, las micronaciones son una suerte de aspiración poética, algunas ni siquiera tienen territorio porque este es solo virtual. Un libro que vuelve a demostrar cuánto de ficción hay en eso que llamamos “realidad”.