Hay afirmaciones que forman parte del sentido común, pero que la literatura desmiente. Tal es el caso, por ejemplo, de la arraigada idea de que los muertos vuelven a la nada y, en consecuencia, al silencio. En Así los trata la muerte. Voces desde el cementerio de la Recoleta (Alfaguara), María Rosa Lojo pone en escena muertos que dialogan entre sí y que, desterrados a ese tiempo sin fronteras ni relojes que es la eternidad, pueden hacer caso omiso de los siglos que a veces los separan. Camila O’Gorman, fusilada el 18 de agosto de 1848, con apenas 20 años y esperando un hijo, por haber amado al cura Uladislao Gutiérrez, le escribe cartas a Eloísa, una mujer de la Edad Media, amante y luego esposa de Pedro Abelardo. “Me engañé cuando dije a vuestra reverencia que la crueldad del castigo fue equitativa –dice Camila desde la muerte–. Solo Gutiérrez violó sus votos; yo era libre. Y esperaba un hijo. No vi ni pensé estas cosas cuando estaba en el mundo. Pero ahora las veo, tan claras como si se me hubiera descorrido un velo.”

Por su parte, Dominguito, el hijo de Sarmiento, muerto en la batalla de Curupaytí, dialoga con Vicki Walsh, asesinada por la dictadura militar argentina luego de haber resistido hasta el último momento en una lucha desigual. A Mariquita Sánchez de Thompson la muerte no le impide escribirle regularmente a su hija Florencia. El célebre jefe de bomberos Calaza visita el infierno para conocer a Nerón, a quien se le atribuye haber incendiado Roma.

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A través de nueve cuentos Lojo nos habla de las actividades en el más allá, desde Lucio V. Mansilla y su hermana Eduarda hasta Victoria Ocampo. De esta forma demuestra, una vez más, que cuando se unen la maestría en el manejo de la palabra con la imaginación y se conocen las claves de la ficción,  la literatura tiene un poder  avasallante capaz de lograrlo todo. Incluso resucitar a los muertos.

–¿Cómo surgió la idea de darles una posvida a ciertos personajes históricos?

–El cementerio de la Recoleta continuó siendo siempre un lugar fascinante para mí y creo que lo es para todos los argentinos porque es un palimpsesto de nuestra historia y un panorama integral de ella en el que hay porteños, provincianos, famosos, ignorados… En fin, es inagotable. Pero yo no quería volver a escribir historias solamente relacionadas con el pasado, sino que pensé en posibilidades más ricas, en un cruce de géneros como ya lo había hecho en La pasión de los nómades con el retorno de Lucio V. Mansilla a su viejo camino de los ranqueles. El nuevo libro se vincula también con la poesía porque en 2010 yo había terminado Historias del Cielo, que aparece en la compilación poética de Bosque de ojos, donde se reúnen cuatro libros de microficciones líricas. Historias del Cielo plantea el más allá y sus paradojas en pequeños textos líricos, simbólicos y metafóricos. En Así los trata la muerte hay algo similar pero desde el punto de vista de la vida que ciertos personajes históricos han transitado en la Tierra. Se refiere a personas que existieron y que fueron igualadas por la muerte en un doble sentido. Por un lado, en el sentido de Manrique, que habla de la mortalidad de todos los seres humanos cualquiera sea su clase social, su éxito y su dinero. Por otro, en el sentido de que todos los seres humanos tienen que afrontar las consecuencias de sus acciones, su karma, aquello que han hecho en su vida, aquello que han soñado, lo que han querido, lo que no han llegado a hacer, sus asignaturas pendientes. Este es un equipaje que, por lo menos según mi último libro, llevaríamos a cualquier lado. Es un equipaje del hacer o de la omisión en este lado del mundo al que vinimos a aprender a vivir. Quizá en el otro lado completamos ese aprendizaje. Siempre admiré y seguí esa línea de la poesía que trata de romper las fronteras de la mortalidad y de la visión limitada que tenemos en este mundo. Olga Orozco, Rimbaud…, hay toda una tradición de la poesía transgresora, incluso de la poesía maldita. Así los trata la muerte ofrece esa fisura, esa grieta, plantea cómo sería vernos del otro lado y la posibilidad de autoconocimiento. Hay una frase que siempre me guió y que la incluí en Visiones, mi primer libro poético. Es de San Pablo, de la Epístola a los corintios y dice: “Ahora vemos por espejo, oscuramente, pero entonces veremos cara a cara y conoceré como fui conocido”. Tiene que ver con la revelación metafísica y la revelación poética que se dan del otro lado, la revelación del ser de cada uno. Eso es lo que ven los personajes de estas historias, algunos con más lucidez que otros: qué es lo que son verdaderamente. 

–En el cuento que habla de Camila O’Gorman y Eloísa creí reconocer un breve poema de Macedonio Fernández que no aparece con comillas. ¿Es así?

–Sí, es un homenaje secreto para todos los macedonianos. El poema habla de lo absoluto de la entrega amorosa. En ese momento de revelación y autoconocimiento que le proporciona el tránsito al otro lado, Camila se pregunta si esa entrega absoluta ha sido solamente de ella, cuántas vacilaciones y arrepentimientos hubo quizá en la otra parte. Esto es todo un replanteo de lo que le ha pasado. Ahí aparece la figura de Eloísa como una hermana mayor o quizá como la madre comprensiva que Camila hubiera querido tener. Las dos tienen una experiencia común que las une.

–Si bien los personajes están en la eternidad, donde no hay referencias temporales, todos vuelven en un momento preciso de su historia, aquel en el que se les plantea  su conflicto existencial más potente. ¿Fue algo premeditado o se fue planteando a partir de la escritura?

–Creo que se fue dando. Es algo que me planteé al final del libro. Todos vuelven en espacios y momentos de máxima tensión. Polidoro no puede olvidar que fue testigo de los comienzos de un etnocidio, Macoco cree que va a volver al momento dorado de su vida, al cabaret donde era dueño y señor, multimillonario, y le sucede lo contrario. 

En el libro hay una gran variedad de registros lingüísticos. ¿Cómo trabajaste esas variaciones?

–Creo que mi labor como crítica literaria durante tantos años me ha entrenado muchísimo en la percepción y reproducción de voces de otros. En el libro trabajé mucho en eso y me alegra que se vea. Lo mismo hice con las voces de Mariquita Sánchez de Thompson, de Eduarda Mansilla y de Lucio V. Mansilla, pero en Lucio su voz está contrarrestada por la de su valet, Manuel, que por fin se libera. En el más allá también hay una liberación de aquellos que tenían papeles subalternos. Lo mismo sucede en el caso de Fani y Victoria Ocampo, aunque su relación era bastante equilibrada, ya que Fani no se privaba de decirle lo que se le pasaba por la cabeza y había intentado ser su educadora, incluso en un sentido muy profundo en cuanto al cuidado, la lealtad y el acompañamiento durante toda la vida que vivió con ella. Fani es un personaje que me interesó mucho trabajar, es de esos que quedan siempre a la sombra de aquellos más grandes y que, sin embargo, han sido imprescindibles para que los más grandes fueran lo que llegaron a ser.

–Recordé Negra espalda del tiempo, de Javier Marías, porque la “negra espalda del tiempo” es el espacio donde suceden los hechos que en realidad no sucedieron, donde el hermano muerto en la infancia, por ejemplo, pudo realizar su vida. ¿Ese más allá de tu libro es también un tiempo paralelo?

–Sí. En el caso de “El canto del chamán”, algunos críticos me han señalado que existe la posibilidad de leer ese tiempo como el ingreso a un universo y un tiempo paralelos donde el etnocidio no tiene lugar y donde los que se integran a la otra cultura son Polidoro y Giuseppe. En el caso de Victoria, ella puede saldar la cuenta con el marido del que se separó y ambos pueden entenderse en ese plano y perdonarse mutuamente. También Lucio vuelve porque tiene asignaturas pendientes.

–Pero en el caso de Lucio el regreso es imposible.

–Sí, hay cosas que no se pueden reparar. Lo mismo pasa con Dominguito y Vicki que, en distintos momentos, pasaron parte de sus infancias en el Tigre. Ambos tuvieron padres poderosos, fabuladores, periodistas, políticos y mujeriegos que los amaban pero que también eran una vara muy alta con la que, en cierto modo, tenían que competir. Ya había trabajado en este tema de las afinidades entre estos dos hijos muertos tan jóvenes y también en las afinidades y distancias entre sus padres. Cuando comencé este libro pensé que los dos tenían que estar conectados en el más allá y encontrar una fraternidad a pesar de sus grandes referencias porque vivieron en tiempos diferentes en los que las ideologías son otras. Todo es distinto, la concepción de la patria, lo que es correcto o incorrecto, dónde está la civilización y dónde está la barbarie, la imagen de los Estados Unidos, que para Dominguito está llena de positividades. Hay un debate político entre los dos que no anula el patriotismo de ambos porque los dos mueren por su patria. Tampoco anula la fraternidad por las cosas que comparten: el tipo de padre que tuvieron, el tomar las armas muy jóvenes con una convicción casi suicida, la voluntad heroica, el deseo de trascendencia. Desde el punto de vista ideológico y político piensan cosas diferentes, pero desde el punto de vista de lo existencial hay muchas cosas que los unen. Esto muestra la relatividad de todo lo histórico.

La Historia es un relato.

–Sí, no tenemos acceso a una realidad en sí fuera de la narración. Inevitablemente, los seres humanos nos narramos el mundo.

Prejuicio y novela histórica

Aunque las clasificaciones son siempre un poco arbitrarias, Así los trata la muerte podría enmarcarse dentro de la literatura histórica. ¿Creés que hay un prejuicio respecto de esa literatura?

–Sí, lo noto en circuitos argentinos y también de otros países. Creo que ese prejuicio viene de la ignorancia. Literatura irrelevante o mala literatura hay en todos los géneros, no es privativa del género histórico. Incluso, hay muy mala literatura experimental. La ficción histórica nace con Walter Scott y es realmente muy innovadora porque permite ver el transcurrir y los cambios, no ya desde la mirada de un héroe mítico o caballeresco, sino desde un ser humano común. Luego corrió muchísima agua bajo el puente, la historia se narró de muchas maneras diferentes. Así los trata la muerte es una ficción que se atiene al principio de verosimilitud en cuanto al pasado de los personajes, pero después rompe el contrato realista porque se introduce en la dimensión sobrenatural, de manera tal que podría definírsela como una ficción histórica experimental, como un fantasy histórico. Yo no tengo ningún desprecio por la ficción histórica. Creo que ha dado grandes obras de la literatura de todos los tiempos. Comencemos por Guerra y Paz, que es una novela extraordinaria. Podríamos citar Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar; Orlando, de Virginia Woolf. En literatura latinoamericana hay grandísimas novelas de ficción histórica, desde El reino de este mundo a Yo, el Supremo. Sí creo que hay un aprovechamiento de escenarios históricos para producir novelas banales.