Luego de recibir incontables ataques en Twitter, la escritora Mariana Enriquez eliminó (no se sabe si definitivamente) su cuenta en esa red social.

Los ataques comenzaron cuando la autora compartió una publicación de su colega colombiana Carolina Sanín quien denunció que la editorial Almadía se negaba a publicar sus escritos.

A través de un hilo de Twitter, Sanín relató su experiencia. “Quiero contarles –escribió- que @Almadia_Edit, después de haber comprado y pagado por los derechos de mis libros Somos luces abismales y Tu cruz en el cielo desierto para México, me hizo saber hoy que no los publicará debido a mis cuestionamientos a la política identitaria”.

Sumate y apoyá el periodismo autogestivo

ASOCIATE

A eso, Enriquez respondió: “Solidaridad Carolina, no lo esperaba de ellos a quienes aprecio mucho. Creo que es importante discutir y no estar de acuerdo. Es importante inclusive para afirmar la posición propia, sin contrastar cómo saber”.

Por su apoyo  a la escritora colombiana (conocida por su discurso transexcluyente), la argentina fue catalogada  también como «transodiante». Eso generó una fuerte polémica entre las escritoras.

En su perfil de Twitter Samanta Schweblin haciéndose eco de lo sucedido escribió: “[email protected][email protected][email protected] otra vez en nuevas ataduras. Brindo por todo lo que nos ayude a pensar. Es decir, brindo por ambas”.

La escritora, autora de “Pájaros en la boca” y “Distancia de rescate”, publicó en su perfil de Twitter una imagen de un fragmento de la ensayista estadounidense Susan Sontag para cuestionar esta seguidilla de discursos cancelatorios. “Encontré esto en ‘Testimonios’, de Victoria Ocampo, y pensé en cómo se las ataca esta semana en redes a @LaEnriquez1973 y @SaninPazC”, escribió.

En la imagen se lee: “Toda mujer ya ‘liberada’ que acepte con complacencia su situación de privilegio se hace cómplice y participa de la opresión de las demás mujeres. De esto acuso a la gran mayoría de las que han hecho una carrera en las artes y las ciencias, en las profesiones liberales y en la política”.

Por su parte, Claudia Piñeiro expresó: “Compren, pidan prestados o saquen de alguna biblioteca libros de Mariana Enriquez. Háganse un favor. Yo en este momento mismo la estoy leyendo” y recomendó con un hashtag el éxito literario de la escritora y ganadora del Premio Herralde de novela por Nuestra parte de noche.

Sergio Olguín, por su parte opinó: «Mariana Enríquez no se va de Twitter por ataques nazis, ni por trolls pagos. Se va porque la intolerancia está más allá de las causas, por más dignas y nobles que sean. Atacan a alguien que siempre estuvo del lado correcto. Cuánta torpeza e ignorancia».

Por su parte, la escritora Camila Villada Sosa también se refirió a los ataques contra Enríquez. «Che, dejen de decirle terfa a la Enríquez. Tamos todos locos acusándonos y persiguiéndonos por estas estupideces cuando las máquinas están a dos días de cagarnos a patadas en el culo. Hay que dejar de debatir algo que existe y se abre paso a la vida como puede», escribió. “Las travas existimos desde antes de la colonización. Siempre estuvimos y existimos con terfs o sin terfs. Con los peores discursos y matanzas. No sigamos buscando amos ni sádicos. Ni la dictadura militar pudo con nosotras”, agregó Villada. “No hay que dignificar esas discusiones con respuestas, mis amores. La que responde es nuestra vida”, expresó a través de su cuenta de Twitter @LanoviadeSandro.

Sanín y la transexclusión

Sanín denuncia que la decisión de la editorial Almadia se produjo luego de que publicara su monólogo donde enuncia su postura con respecto del transactivismo.

La escritora realizó varias declaraciones en las que insiste en no reconocer las identidades trans dentro del activismo feminista. Eso le valió el mote de «terf» (Feminista Radical Trans-Excluyente), por sus siglas en inglés, como se denomina a aquellas personas transexcluyente.

«Estoy contra los paquetes de idea y contra las ideologías todas, y contra las alienaciones del lenguaje, y contra las consignas», dijo entre otras cosas la escritora durante el monólogo. «Las mujeres hemos sido sometidas por nuestro sexo, por nuestros genitales. Las mujeres hemos sido sometidas a razón de rasgos de género, por eso es problemático para las mujeres consciente de esto que se nos diga que las mujeres tienen pene. Las mujeres transgénero nacen como hombres y se identifican con lo femenino», afirma entre otras cosas la autora.

El monólogo y la polémica en Twitter se enmarca en un contexto de discursos de odio y violencia creciente en particular contra las diversidades, lo cual se denunció acá en la Argentina durante la 31 Marcha del Orgullo LGBT.