Vargas Llosa siempre convoca multitudes y esta vez no fue la excepción. En una Feria del Libro en la que había tanta gente que era difícil dar diez pasos en línea recta, la sala José Hernández estuvo aún más colmada.

El libro que presentó esta vez, La mirada quieta aborda la obra del escritor español Benito Pérez Galdós. Por eso, su exposición tuvo abundantes  referencias a la novela, a la que definió como constitutiva del ser humano” y promotora de la libertad: “El ser humano –dijo -necesita de esas visiones que ponen en movimiento a la sociedad. Las novelas forman y renuevan una sociedad militante que exige cambios y crean una distancia crítica”.

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Como lo hace desde que decidió dedicarse a la política, también se refirió al tema en esta oportunidad. Su intervención en este sentido, como era previsible, analizó la invasión rusa a Ucrania y el presente político de Latinoamérica. Consideró que para que florezca la buena literatura hace falta libertad política: “Las novelas se escriben con verdadera libertad. Y a la vez, la existencia de una novelística importante es central para la sociedad y para la política. Hoy, la novelística latinoamericana está muy por encima de la realidad política y social”, expresó.

Además de referirse a la obra de Benito Pérez Galdós, se refirió también a Julio Cortázar, Jorge Luis Borges y a sus días en Buenos Aires.

En cuanto a  Pérez Galdós, aseguró que era un novelista esencial pero un autor irregular en la calidad de su producción, ya que su proyecto de escribir una novela cada tres meses no siempre tenía un buen desenlace.  «Nunca he leído a un escritor de principio a fin como a él, afirmó. Con muchas paradojas. No trascendió fuera de España y sin embargo su sueño era ser traducido al francés. Su gran novela Fortunata y Jacinta no se puede leer en francés”.

Y agregó: “Un escritor no siempre es un gran escritor y en el caso de Pérez Galdós hay mucha diferencia entre las novelas buenas y las que no lo son. Fue el primer escritor profesional que apareció en nuestra lengua, se comprometió a escribir una novela cada tres meses y bueno, eso no salía siempre bien. Él además no corregía las novelas, hacía pequeñas anotaciones pero nunca reescribía porque era como un principio”. El método de Galdós, aclaró, es el contrario del que utiliza él: “No podría escribir una novela de forma ligera. Las trabajo. A veces directamente las rehago”.

Además, remarcó elogiosamente  la mirada “imparcial” con la que Pérez Galdós abordaba los hechos históricos de sus novelas. “Sus libros –dijo- fueron de los más vendidos en su tiempo y la mayor parte de los episodios nacionales son ligeros y entretenidos. Él se esforzó para ser realmente imparcial, ese sí es un gran mérito, algo muy difícil”.

El Premio Nobel peruano que con 86 años se recuperó del coronavirus que contrajo hace relativamente poco tiempo, cuando ya había trascendido que sería uno de los autores extranjeros invitados a la Feria, dijo sentirse muy contento de estar en Buenos Aires. Y contó que entre sus paseos de estos días figuró un encuentro con Juan José Sebreli en La Biela. “Nos conocimos hace muchos años en París –relatò acerca de su relación con él. En ese momento tuvimos una discusión en la que yo defendía a Cortázar y él tenía muchas reservas, le hacía una crítica política a sus novelas. Las encontraba deficiente, que no las abrazaba la cuestión social de una forma profunda y rica. Yo le discutía muchísimo esto pero aquí está la paradoja: al cabo de los años, terminé dándole la razón. Es cierto que hoy encuentro que la obra de Cortázar no tiene ese espesor”,

Respecto de la política de América Latina, opinó que la izquierda tiene una “visión errada y dogmática. La mirada de la izquierda ante la agresión violenta de Putin frente a Ucrania es una muestra. No la condenan a diferencia de lo que pasa en España donde hay una izquierda militante pero lúcida que sí lo condena. Entonces, creo que con la izquierda de nuestros países es difícil trabajar, es inflexible y cegada a la realidad”.

Y ante la pregunta sobre si la democracia está en crisis contestó: “La democracia está viva. La invasión rusa a Ucrania ha servido para fortalecer a la Unión Europea”, ejemplificó aunque después sostuvo que el panorama es otro en América Latina, donde “la situación no puede ser más trágica” y que Perú, por ejemplo, “tiene un presidente analfabeto”.

También contó la conocida anécdota que tiene como protagonistas a él y a Borges. El escritor argentino se enojó con él. “Le molestó que yo hubiera dicho que no podía ser que viviera en un lugar descascarado y con goteras”. Al parecer, Borges después se ocupó de difundir que lo había visitado “un peruano que trabajaba en una inmobiliaria”. Vargas Llosa se apuró a afirmar: “Mi admiración a Borges sigue intacta”,

Y ante la mención por parte de Fernández Díaz sobre su libro Medio siglo con Borges en el que el Nobel ajusta cuentas con el gran escritor argentino, respondió: “Borges tenía algunas cegueras como todos. Él no entendía el problema social de América Latina. Sí entendía muchísimas otras cosas pero lo social clarísimamente no lo entendía y es una realidad de la que los latinoamericanos no podemos sustraernos”. Y agregó: “Él creó una lengua que se reduce a la mínima expresión y dentro encierra una enorme inteligencia y siempre hay algo que aprender de su obra”. El Nobel regresará a Perú y a sus novelas. En su maestría, su escritura no ha cambiado. Sus ideas políticas, sin embargo, se alejan de las de la mayoría de los escritores del boom cuando la utopía de que era posible cambiar el mundo por uno más igualitario estaba muy vigente.