Hoy, 21 de febrero, a las 12.30 hora argentina y 16.30 hora de Madrid, se presentó vía Zoom desde el anfiteatro de la Casa de América en Madrid, a la ganadora de la XXIV edición del Premio Alfaguara. Se trata de la escritora colombiana Pilar Quintana, quien presentó su novela bajo el seudónimo Claudia de Colombia, nombre de una conocida cantante venezolana.

El jurado estuvo integrado por Héctor Abad Faciolince (presidente), Irene Vallejo, Cristina Fuentes La Roche, Ana Marino, Xavi Ayén, Xavier Vidal y Pilar Reyes.

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La conversación fue moderada por la periodista Pepa Fernández.

Se recibieron 2428 originales, de los cuáles 1293 han sido remitidos desde España, 419 desde Argentina, 259 desde México, 187 desde Colombia, 74 desde Estados Unidos, 73 desde Chile, 88 desde Perú y 35 desde Uruguay. Este año la cantidad de originales batió el record debido a que por primera vez desde que se instituyó el premio, debido a la situación sanitaria los autores pudieron enviar sus obras tanto en formato digital como físico, mientras que antes solo se permitía este último.

La ceremonia se inició puntualmente a la hora establecida y resultó impactante ver a quienes se encontraban en la Casa de América en Madrid con barbijo y guardando la distancia correspondiente, del mismo modo que la desinfección de los micrófonos cuando la presentadora Pepa Fernández le pasó la palabra a otras figuras relacionadas con el premio como la delegada del grupo Penguin Random House, Nuria Cabutí quien señaló que si algún efecto positivo había tenido la pandemia es que la gente leyó un 37 por ciento más que en circunstancias normales, de acuerdo a una encuesta realizada por el propio grupo. Destacó, además, la importancia del premio que publica la novela ganadora prácticamente al mismo tiempo en todos los países de habla hispana, con una edición impecable.

A su turno Faciolince, como presidente del jurado anunció cuál era la novela ganadora y leyó el acta donde constan los fundamentos por los que se la premió: “Los abismos se adentra en la oscuridad del mundo de los adultos a través del punto de vista de una niña que, desde la memoria de su vida familiar intenta comprender la conflictiva relación entre sus padres con el telón de fondo de un mundo femenino de mujeres atadas a la rueda de una noria de la que no pueden o no saben escapar. La autora ha creado una historia poderosa narrada desde una aparente ingenuidad que contrasta con la atmósfera desdichada que rodea a la protagonista, con una prosa sutil y luminosa en la que la naturaleza nos conecta con las posibilidades simbólicas de la literatura y los abismos son tanto los reales como los de la intimidad.”

Las obras más recientes de Pilar Quintana son La perra y una recopilación de cuentos de la que se ha hecho una versión ampliada cuyo título es Caperucita se come al lobo. En 2007 fue elegida por el Hay Festival como uno de los escritores menores de 39 años más destacados de América Latina.

“Lo que he hecho toda mi vida –dijo la autora a propósito de su concepción de la literatura- es poner en palabras lo que me ha estado vedado porque era de mal gusto, porque era mal visto, porque una mujer no debía decir esas cosas, porque una madre no se comporta así o no puede decir esto o aquello. Por eso la literatura ha sido mi refugio y el lugar donde pude ser yo misma y pude ser libre.”

A través de la ronda de preguntas realizadas por el jurado y luego por algunos de los más de 150 medios que se encontraban cubriendo la ceremonia de anuncio de la novela ganadora, Quintana esbozó su perfil como escritora y su actitud frente a la literatura.”

“Yo, por supuesto, recurro a la imaginación, pero soy, sobre todo, una escritora de experiencias. Crecí en Cali, que es una ciudad grande, pero en la que ciertos barrios tienen mucha naturaleza, donde hay ceibas y árboles inmensos. Siempre para mí fue muy importante la naturaleza, crecí en medio de la naturaleza. A nuestro apartamento en Cali le decíamos la selva porque estaba lleno de matas y ahora que soy adulta tengo un apartamento lleno de plantas. Ese apartamento siempre fue para mí un escenario. Sabía que en algún momento de mi vida iba a encontrar una historia que narrar y que la iba a ubicar en ese apartamento. Este es el resultado y todavía no lo puedo creer. Aún estoy atónita.”

Cuando un miembro del jurado le señaló la potencia de sus diálogos, explicó: “Muchos de los escritores de mi generación se hicieron dentro de las redacciones de los diarios y de las revistas. Yo fui primero guionista de televisión por lo que creo que lo primero que aprendí a hacer fueron diálogos. Para mí son muy importantes y trato de trabajarlos de manera muy natural. En esta novela tenía un reto muy especial y es que estaba contada desde el punto de vista de una niña aunque puede que la narradora sea una adulta. Los niños tienen todo a su alrededor pero no lo entienden como nosotros. No son capaces de ponerlo en palabrasm aunque saben lo que está pasando. Por eso tuve que dedicarle mucho trabajo a esa parte para lograr que la novela nos pudiera contar lo que estaba pasando desde el punto de vista de la niña sin falsearlo mucho.”

“¿A qué abismos te falta asomarte aún en la literatura? fue otra de las preguntas del jurado, a la que la escritora contestó: “A muchísimos. Para mí hay un tiempo antes de ser madre y otro después de ser madre. Y yo fui madre a los 43 años y creo que la maternidad abrió un caudal literario muy nuevo Estoy sintiendo y pasando por cosas por las que nunca creí que iba a pasar y todo lo que me pasa lo convierto luego en ficción. Por lo que creo que aún son muchos los abismos a los que me queda por asomarme.”

Escribir luego del éxito que tuvo su libro anterior, La Perra, con traducción a más de 20 idiomas, aseguró la autora que no le fue fácil. El mismo sentimiento tuvo luego de Bogotá 39, por lo que debió trabajar intensamente y tirar mucho de lo que había escrito hasta encontrar nuevamente su voz. La diferencia es que, a esta altura ya sabe que un escritor puede tener altibajos y escribir un libro que le guste mucho a la gente y luego escribir otro que no tenga la misma repercusión. Por esta razón, mientras escribía Los abismos se decía a sí misma que no tenía que probar nada y que lo único que tenía que hacer era escribir y hacerlo de la mejor manera posible. Luego del primer borrador, tuvo muchísimas reescrituras, cosa que le permitió hacer su madurez como escritora.

Aseguró que en sus talleres de escritura creativa les insiste mucho a sus participantes en que en la vida real las cosas ocurren siempre en un lugar y un tiempo determinados, por lo que es preciso que la novela de cuenta de que las cosas están pasando en un tiempo y un espacio precisos. Por esta razón es que le da tanta importancia a los lugares en que suceden los hechos de sus novelas. “La ficción no debe pasar en lugares vacíos –afirmó-, sino en lugares que se sientan como los reales.”

Quintana, hablaba desde un lugar preciso, su propia casa, cerca de una ventana y en un espacio en que se veía en segundo plano alguna de las plantas que había mencionado. Por eso era la única que no tenía barbijo: hablaba desde la intimidad de su propio hogar. Definitivamente, la pandemia hizo de esta entrega de premios algo singular. Excepto la escritora premiada, el resto de quienes usan la palabra como una herramienta de trabajo, esta vez lo hacían con la mediación del barbijo.

El Premio Alfaguara está dotado de un monto de 175.000 dólares, de una escultura de Martín Chirino y, por supuesto, de la publicación del libro en todo el mundo hispano. Es también una posibilidad de edición para quienes quedaron entre los siete finalistas.

Los abismos llegará a las librerías hacia finales de marzo.