Reducir al cine clásico –aquel que la industria de Hollywood ha conseguido imponer como modelo clásico de la narración cinematográfica— a la superficialidad del mero entretenimiento se ha convertido en un lugar común tan desatinado como evidente. El cine lleva siempre consigo la potencia de ser a la vez arte y entretenimiento, y en todo caso la única discriminación legítima que corresponde hacer es aquella que pone de un lado a las buenas películas y del otro a las malas. 

En contra del impulso nefasto de desvalorizar lo popular, la editorial Paidós acaba de lanzar su colección Cine Pop, con curaduría a cargo de la editora Vanesa Hernández y el crítico de cine Leonardo D’Espósito. En los libros que la integran, un equipo de especialistas se dedica a abordar distintas parcelas de ese cine que se enorgullece de su voluntad de entretener, en busca de escarbar en sus méritos estéticos, reconocer su complejidad simbólica y destacar su extraordinaria potencia narrativa.

Sumate y apoyá el periodismo autogestivo

ASOCIATE

Los dos primeros volúmenes de la colección se internan en la elusiva profundidad de dos géneros sobre los que pesan otros estigmas tan injustos como el anterior. Se trata de las películas de superhéroes y de las comedias románticas, a las que no pocas veces se suele reducir, despectiva y respectivamente, a las categorías de películas para varoncitos o para nenas. Una simplificación absurda que se interna en el complejo territorio de las inequidades de género. 

Pero si algo comparten Súper Hollywood, escrito por Juan Manuel Domínguez, y Amar como en el cine, de Natalia Trzenko y María Fernanda Mugica, es justamente la convicción no solo de evitar tales reduccionismos, sino de ir en contra de ellos para convertir a cada película analizada en un objeto único, capaz de contener en su interior un universo complejo y completo. Su propio universo.

Periodistas que comparten además el oficio del crítico de cine, Mugica, Trzenko y Domínguez ponen al servicio de esa tarea su conocimiento y su empeño analítico. Así consiguen que los recorridos que proponen a través de las películas sobre personas con poderes especiales dispuestas a ponerse al servicio de su propia idea de justicia y de las comedias que narran con gracia esa carrera de obstáculos llamada amor, se conviertan en casi tan gratificantes como la experiencia de ir al cine. Los dos libros sostienen además el doble objetivo de no menospreciar ni a sus objetos de análisis ni a sus lectores potenciales. Y si bien desde lo formal se mantienen a prudente distancia de la crítica más dura o de los textos de corte académico, también evitan quedarse en la comodidad de lo superficial, para desmenuzar los resortes y mecanismos que animan a ambos géneros.

Tanto Amar como en el cine como Súper Hollywood resultan una guía amigable para el cinéfilo novato, pero también una completa herramienta de consulta para otros de mayor experiencia, aquellos que buscan una mirada distinta con la cual dialogar acerca de sus películas favoritas. Difícil que alguien que ama el cine salga defraudado de la lectura de ambos libros, cuyo gran mérito reside en su poder para poner en marcha el deseo de volver a ver (o ver por primera vez) cada una de las películas que se abordan en sus páginas. «