En 1982, un decretó instituyó que el 29 de julio se celebre el Día de la Cultura Nacional en homenaje a la figura del poeta e historiador Ricardo Rojas, quien falleció el mismo día, pero en 1957. En el decreto, se lee: “Ricardo Rojas representa muy singularmente, en su polifacética y honda personalidad intelectual, diversas manifestaciones culturales y encarna una preocupación argentina de preservar y difundir las características de la cultura nacional. El primer Congreso Nacional de Directores de Cultura de la Argentina, realizado en Buenos Aires en septiembre de 1957, eligió su figura de hombre del interior, defensor de la esencia nacional y promotor de las letras, las artes y las ciencias evocando su memoria como orientadora en sus deliberaciones”. A más de seis décadas de la muerte del poeta, la defensa y el ejercicio activo de la cultural nacional se encuentra, fundamentalmente, sostenida por las y los trabajadoras de la cultura. Tiempo Argentino conversó con distintos referentes de organizaciones culturales independientes y trabajadores estatales del Ministerio de Cultura.

Históricamente, las y los trabajadores de la cultura se han encontrado, en la mayoría de los casos, con recursos y reconocimiento escasos. Por eso a lo largo del tiempo, se fueron uniendo y conformando distintos sindicatos y organizaciones. Tal es el caso del Sindicato Único de Artistas, Profesionales y Trabajadores de las Artes Plásticas y Visuales, que se creó en diciembre de 2019: “nosotros decidimos organizar un sindicato de artistas plásticos por una serie de preocupaciones que venimos arrastrando desde hace décadas. Resulta fundamental disponer de un espacio donde poder tener una representación orgánica, para discutir proyectos desde una mirada federal y tener una participación más activa en lo que hace al reconocimiento de nuestro trabajo y del desarrollo de nuestra actividad”, contó Adrián Pandolfo, artista plástico y secretario General del Sindicato.

Foto: Gentileza Adrián Pandolfo

A diferencia de otro tipo de expresiones artísticas, como el cine y el teatro, las artes plásticas no cuentan con un instituto nacional que atienda a la actividad: “venimos trabajando en función de crear nuestro instituto nacional de las artes plásticas y visuales, para tener una participación a nivel nacional organizada por regiones, donde puedan desarollarse proyectos que hagan distintos compañeros y compañeras de cada lugar en función de su oficio y de sus necesidades expresivas. Y, justamente, para proteger la cultura, para que se puedan representar, desarrollar y realizar las distintas identidades que hacen a nuestro país. Pero nos enfrentamos con un panorama muy complejo, hay una enorme indiferencia en cuanto a lo que sucede en nuestro sector. Si bien actualmente hay una política de becas y premios, eso resulta insuficiente para sostener a las y los trabajadores. Nosotros debemos reafirmarnos en nuestra soberanía cultural, necesitamos políticas donde podamos tener un sentido más democrático y federal para construir nuestro acervo. Alimentar la cultura nacional fortalece nuestra identidad y nos lleva a tener decisiones soberanas como país. Se trata de un camino más en la defensa de nuestros recursos, que son los que nutren a nuestro pueblo”, dijo Pandolfo.

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Por su parte, Mirta Israel, actriz en Euforia Impro Cabaret (IG: @euforia_impro) e integrante de la Unión de Teatristas Independientes de Argentina (UTIA) y de Actrices Argentinas, señaló que a pesar de contar con un Instituto Nacional del Teatro, los subsidios del sector no contemplan, en su amplia mayoría, el salario de los actores y actrices independientes: “siempre se piensa en subsidiar a las producciones; el financiamiento abarca el montaje, el vestuario, la escenografía, las horas de una sala de ensayo, pero no tiene en consideración el salario de los y las artistas, no contemplan que nosotros tenemos que comer. Si bien logramos que Proteatro otorgue un 30% del subsidio para el salario, no alcanza para seguir sosteniendo la actividad. Tenemos un enorme desafío porque no se nos considera trabajadores y trabajadoras, aunque haya una ley del actor que así lo establezca. Y, por otro lado, en Argentina hay una creatividad y un nivel artístico de excelencia, que inclusive se proclama ante el mundo: Buenos Aires es la famosa ‘ciudad del teatro’. Pero resulta contradictorio porque es un discurso que no se refleja en políticas públicas para el sector”. Para Israel, resulta fundamental sostener el teatro entre otras cuestiones porque “ayuda a generar una subjetividad distinta, a romper con un sentido común instalado de que no hay posibilidad de transformación. Y en esa búsqueda de cambio, el teatro mueve no sólo desde la cabeza sino también desde otros lugares: conmueve al cuerpo e invita a generar un estado de ánimo distinto”, dice a Tiempo.

Más allá del sector independiente, el panorama de la cultura argentina es amplio e incluye un extenso abanico de modalidades laborales. Los trabajadores estatales también reclaman por una mejora en sus condiciones de empleo. Nicolás Rodríguez Saa, secretario general de ATE Cultura Nación, destacó que “en la mayoría de los casos, la escala salarial de las y los trabajadores del Ministerio de Cultura y del Estado no alcanza para superar la línea de pobreza. Además, los tipos de contrataciones precarizan más el trabajo. Por ejemplo, de las 4 mil personas que trabajamos en el Ministerio de Cultura de la Nación, apenas alrededor de un 15% están en planta permanente. Gran parte del andamiaje de políticas que sostienen la agenda cultural, como por ejemplo todas las actividades de las vacaciones de invierno que se realizaron en Tecnópolis, en el CCK y en todos los museos nacionales, están sostenidas por compañeros y compañeras que están en un 80% precarizados. Los que no estamos precarizados en monotributo, estamos en planta intermedia, que también sabemos que es endeble y nos deja a la merced de políticas neoliberales sin ningún tipo de amparo. Esto se enmarca en un sistema de empleo público que está por debajo de lo que debería ser un salario digno. Si bien ha habido gestos de diferenciación bastante claros con respecto a la gestión anterior, hace falta profundizar y brindar una mejora salarial y de condiciones de contratación”.

En agosto tendrá lugar un episodio clave para el financiamiento de la cultura. La prórroga por 50 años de la ley de los Fondos de Asignaciones Específicas para la Cultura y los Medios Comunitarios, que ya obtuvo media sanción en Diputados, se debatirá en el Senado. El objetivo de la ley es que los fondos que se producen por impuestos generados por la propia actividad sean asignados de manera directa a Cultura, sin la intervención discrecional del gobierno de turno.