Aunque nació en Uruguay en 1919, Alberto Breccia desarrolló su trabajo como dibujante de historietas en Argentina, país al que había llegado a los tres años, cuando su familia se mudó al barrio de Mataderos. Aquí  desarrolló una obra que lo llevó a ser considerado no sólo uno de los grandes historietistas de Argentina, sino del mundo.

Cuando murió, en 1993, su obra se encontraba en su casa de Haedo. Un conflicto entre los hijos del historietista y su segunda esposa, hizo que, en 1997, mientras se realizaba el juicio sucesorio, su obra fuera depositada en  una caja fuerte en una empresa de seguridad que quebró en 2005. Esa fue la circunstancia que facilitó la perpetración del robo. Las obras fueran sacadas del país y vendidas en el mundo.

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Las que hoy se exponen en el Centro Cultural Borges con la curaduría, investigación y textos de la periodista e investigadora  Judith Gociol fueron recuperadas por Interpol y están bajo su custodia. Pero aún queda mucho de su obra por recuperar. Una parte ya fue localizada en Europa, pero la legislación de diversos países tiene a sus tenedores por legítimos y no la ha devuelto. Del resto se ignora su paradero, pero hay sobre él una orden de secuestro internacional.

Respecto del lugar que la obra de Breccia ocupa en el campo de la historieta tanto a nivel nacional como internacional, le dice su curadora, Judith Gociol, a Tiempo Argentino: “Fue un dibujante emblemático de los años de oro de la historieta argentina. Trabajó en la Editorial Frontera fundada por Oesteheld que es la que marcó el estilo argentino en el mundo por mucho tiempo. En torno a la figura de Oesterheld había una trinidad memorable de dibujantes: uno era Breccia, el otro era Solano López y el tercero, Hugo Pratt. Hubo muchos otros, pero Breccia está a un nivel muy alto.”

¿Pero cuáles fueron los elementos distintivos de este dibujante que lo convirtieron en una figura emblemática que traspasó las fronteras de Argentina?  “Fue un innovador en la historieta –contesta Gociol-.  Le agregó todos los recursos plásticos, la experimentación, el uso del blanco como color y no solamente como lo que sobra del negro ni como simple fondo. Además, fue un innovador en las herramientas que usaba. No solo utilizaba plumín y pincel,  sino que usaba los dedos, usaba la Gillette, hacía collage. Desplegó todo un acercamiento a lo plástico y a lo pictórico que hasta entonces la historieta no tenía. Tuvo muchos herederos, sobre todo en el uso del blanco y negro. Fue un gran innovador y un gran experimentador de materiales y formas. Trabajó con distintos guionistas y a cada historia le buscaba su forma de contarla. Hizo trabajos muy originales porque no se quedaba en lo que suele llamarse vulgarmente un estilo. Él sentía que eso lo encorsetaba. Por eso, llegaba a un plano y pasaba a otro. Tuvo muchos modos de trabajo y, en consecuencia, resultados muy disímiles. Estaba todo el tiempo  innovando.”

Respecto de lo que puede verse en la muestra El caso Breccia en comparación con la totalidad de obra, dice la curadora: “En relación  con todo lo que salió del estudio de Haedo, lo que está en la muestra es una parte que no es numéricamente representativa. Quizá la parte más importante de lo que fueron sus obras más conocidas es la página de Mort Cinder que es la considerada de las mejores, sobre todo el capítulo expuesto en particular, pese a que no era el que a él más le gustaba. Está también la obra del  detective Vito Nervio que él hizo por décadas. En una de las paredes de la muestra pueden verse, además, los trabajos que él hacía para sí mismo. Dibujaba todo el tiempo, hacía muchos apuntes, tanto de los que se llaman apuntes al natural como  ejercicios para soltar la mano, a pesar de que ya no necesitaba soltarla en absoluto. Esos trabajos no fueron publicados, por lo que no son conocidos. Por decirlo de alguna manera, eran papeles más privados. El número de trabajos recuperados que se ve en la muestra quizá no es significativo en relación al total y para los especialistas puede no ser la obra más identificable con los logros de Breccia, pero es una obra muy interesante porque no se vio y porque hace como un paneo de los años 50 a los 90.

Es difícil entender por qué gran parte la obra que fue localizada en Europa no es devuelta a la Argentina. “El problema es que cada país tiene su jurisdicción  y su normativa jurídica, -explica la curadora- y los países donde fue localizada, salvo en el caso de la página de Mort Cinder que un juez italiano determinó que debía volver a la Argentina, el resto de los jueces que intervinieron consideró que quienes tenían la obra en su poder, la tenían de buena fe. Entonces consideraron que era cosa juzgada y no están obligados devolverla. En Italia  fueron secuestrados ocho dibujos, pero de las cinco localidades que intervinieron solo el juez de una de ellas consideró que la obra debía volver a la Argentina y es justamente la de Mort Cinder, a la que hice referencia y se expone en la muestra. El resto consideró que la causa quedaba cerrada para la justicia, pero Interpol sigue pidiendo la captura de esas obras, por lo que no pueden entrar al mercado porque en cuanto lo hagan, Interpol va a actuar, a requerir información y a secuestrarlas. Pero, por ahora, no se puede hacer más nada con las obras localizadas que ya tienen esta sentencia”

Y agrega: “Estas obras robadas pasaron  por muchas manos. No es el ladrón el que las tiene, sino que fueron pasando por distintos tenedores, lo que hace más difícil la búsqueda. Además, es posible que quien la compró en último término y la posee en la actualidad no haya sabido su procedencia. Las decisiones judiciales de no devolver las obras a la Argentina se basan justamente en esto. Por otra parte, hubo un fallo reciente referido a personas que habían tenido parte de esta obra en la Provincia de Buenos Aires. Les dieron una probation y el pago de 400.000 pesos porque les probaron el encubrimiento, es decir, la tenencia de  una obra robada, no así el robo. La probation les da la posibilidad de no hablar, por lo que no dijeron quién se las vendió, con lo cual queda un gran vacío respecto de cómo fue el robo. Los integrantes de la empresa de seguridad donde estaban depositadas, por otra parte, murieron, por lo que hasta el momento no se sabe cómo fue y se fueron cerrando todas las puertas. Interpol dice que va a seguir adelante, lo cual es cierto, pero las puertas que se cierran son más de las que yo creí cuando empezó todo esto. Pensé que la denuncia haría que las obras pudieran volver, pero las cosas resultaron mucho más complejas.”

Paradójicamente, durante su vida Breccia no siempre tuvo una remuneración económica acorde con la calidad de su trabajo. A su muerte, sin embargo, sus páginas se venden en miles de dólares. Dice Gociol: “Breccia tuvo muchas épocas de mal pasar económico, de restricciones, de tener que hacer de todo “para el puchero” como decía él. En su última etapa, cuando tuvo el reconocimiento de Europa, eso cambió un poco. Logró establecer una mejor situación, pero esa situación no tuvo  que ver  ni por asomo con los números que se manejan hoy que están entre los 3000 y 5000 euros cada página. Creo que eso Breccia no lo debe de haber imaginado nunca. Su caso, por lo menos a mí, me hace pasar por sensaciones de impotencia, de bronca, de injusticia, porque creo que este patrimonio es de la familia y es argentino. Es una paradoja que él haya pasado muchos años peleándola y que ahora otros estén ganando un dinero que a él nunca le pagaron. Parte de la obra del maestro del blanco y negro queda sumida en la oscuridad. Para seguir con las tonalidades, podría decirse que el suyo es un caso con muchos claroscuros.”

Y añade: “Para mí lo que sucedió es una interpelación muy fuerte a la discusión que siempre existe en torno al arte y al mercado. Es la plasmación de las secuelas que puede tener el mercado en el arte. El de Breccia es un caso extremo y excepcional, por lo menos dentro de la historieta: su obra queda dispersa y perdida por causa del mercado ilegal o negro. La obra de Breccia es un patrimonio que el Estado debe recuperar porque es del Estado.”

Además de las obras, en la muestra pueden verse dos producciones audiovisuales que proporcionan información sobre el doloroso destino que tuvo la obra del historietista

La muestra de Breccia puede ser visitada con entrada libre y gratuita de miércoles a domingo de14 a 20 en el Centro Cultural Borges. Viamonte 525, CABA.