Por segunda semana consecutiva el libro de maestro del terror El bazar de los malos sueños encabeza el ranking de los más vendidos en las cadenas de librerías el grupo Ilhsa (Yenny y El Ateneo) y el octavo puesto del top ten de la cadena de Librerías Cúspide. La información se refiere a la semana que va del 17 al 23 de este mes. 

La noticia no sería tal si se tratara de un mero fenómeno circunstancial como es el caso de libros como Fueron por todo, de Nicolás Wiñazki que ocupa el tercer puesto en el ranking de Ilhsa y el sexto en el de Cúspide. Un libro-fenómeno está hecho de circunstancias que son por completo ajenas a la calidad del libro y que tienen que ver con la coyuntura política, la publicidad directa e indirecta de los medios hegemónicos, la promoción de la editoriales y un largo etcétera. 

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Algo similar ocurre con los libros de neurociencias como el de Facundo Manes que ocupa el primer puesto de no ficción tanto de las librerías Cúspide como de la cadena del grupo Ilhsa. En su éxito se mezclan tanto el auge de las neurociencias como una serie de circunstancias que tienen que ver con la política que catapultaron al doctor Manes a la fama mediática que rara vez tienen quienes se dedican a la ciencia. Si en un primer momento se hizo conocido por haber intervenido quirúrgicamente a la expresidente Cristina Fernández de Kirchner, se sostuvo en el tiempo a partir de una clara identificación con el macrismo. 

Seguramente en poco tiempo el libro de Wiñazki estará en la mesa de saldos y el de Manes correrá una suerte similar pasado el auge de las neurociencias o cuando baje la espuma del fervor macrista. Un libro-fenómeno consiste precisamente en ser una pieza de alto impacto que es rápidamente olvidada. Por lo general esto ocurre con los libros de política que no están basados en una investigación realmente fundamentada, sino que son sucursales escritas de un personaje mediático o parte de un fogoneo periodístico “en contra de”.

 Pero a esta altura Sephen King ha demostrado que no es un fenómeno circunstancial, sino un maestro del género que ha sabido cosechar lectores fieles a lo largo de su carrera como escritor. Los relatos que integran el libro, algunos nuevos y otros que no lo son, tienen un bonus-track: el autor cuenta cómo nació cada uno acercando de este modo al lector al proceso creativo. Su característica distintiva es que es capaz de atrapar incluso a aquellos lectores que no se dejan capturar por el género de terror.

 King nunca se arrogó el título de “maestro” ni quiso dar lecciones acerca de cómo escribir. Sin embargo, escribió un libro que se convirtió en un clásico y que ningún aspirante a escritor o amante de la literatura debería dejar de leer. Se llama Mientras escribo y en él cuenta su vida y transmite con claridad cómo fue su formación como escritor y cómo aprendió los trucos del oficio. 

Entre muchas otras cosas cuenta que un día le preguntó a Amy Tan cuál era la única pregunta que nunca le habían hecho los periodistas y ella contestó que nunca le preguntaban sobre el lenguaje. “Le estoy enormemente agradecido por la respuesta escribió King-. Yo entonces llevaba más de un año dándole vueltas a la idea de hacer un librito sobre la escritura, pero no acababa de lanzarme por falta de confianza en mis motivaciones. ¿Por qué tantas ganas de escribir sobre el acto de escribir? ¿A santo de qué me creía capaz de decir algo interesante?»

» La respuesta fácil es que alguien que ha vendido tantas novelas como yo tiene que tener alguna opinión interesante sobre su elaboración, pero las respuestas fáciles no siempre son verdad. El coronel Sanders vendió cantidades ingentes de pollo frito, pero no estoy muy seguro de que le interese a nadie saber cómo lo hacía. Yo tenía la sensación de que querer explicarle a la gente cómo se escribe era una impertinencia demasiado grande. Lo diré de otra manera: no quería escribir algo, corto o largo, que me diera la sensación de ser un charlatán literario o un gilipollas trascendental. No, gracias; de esos libros (y escritores) hay ya bastantes en el mercado.»

«Amy sin embargo, tenía razón: nunca te preguntan por el lenguaje. A un DeLillo, un Updike, un Styron, sí, pero no a los novelistas de gran público. Lástima, porque en la plebe también nos interesa el idioma, aunque sea de una manera más humilde, y sentimos auténtica pasión por el arte y el oficio de contar historias mediante la letra impresa. Las páginas siguientes pretenden explicar con brevedad y sencillez mi ingreso en el oficio, lo que he aprendido acerca de él y sus características. Trata del oficio con que me gano la vida. Trata del lenguaje. Se lo dedico a Amy Tan, que me dijo con palabras sencillas y directas que valía la pena.” 

Es curioso que Stephen King se considere “la plebe” de la creación literaria. Aunque es cierto que los escritores que venden mucho y son suceso mundial suelen despertar sospechas de ser más mercaderes que escritores. Sin embargo,  de mercaderes  está lleno el mundo de la escritura, aunque no todos tengan el mismo éxito. Lo más interesante de destacar del prólogo de Stephen King es que los libros se hacen con esa materia escurridiza que es nuestra marca humana: el lenguaje, que las palabras son las verdaderas protagonistas siempre, también cuando se escribe un libro sobre política. Ésa es precisamente la diferencia entre los libros sobre política de oportunismo coyuntural y Operación Masacre, por poner sólo un ejemplo. Si algo demuestra King es que lo importante no es qué se cuenta sino cómo se lo cuenta. Por eso, autores del género terror hay muchos, pero Stephen King hay uno solo.