Delta del Paraná. Así es citado en la cartografía oficial. Pero sus habitantes le dicen, de forma más llana, la isla. Así a secas, entre tanta agua cenagosa.  Exuberante “masa de verdura” que Sarmiento exploró en el siglo XIX. Región nacida salvaje, inocente, feroz, insubordinada. Remanso de disidencias, refugio de desertores del sistema y de malandras, aún engañoso paraíso de weekend a pocos minutos del continente. En el fondo, barroso territorio repleto de misterios.

No es casual que el escritor y periodista Osvaldo Baigorria haya elegido este paisaje de riachos, arroyos, ciénagas y juncales para ambientar su nuevo libro, novela de género que en realidad atraviesa varios. Es, más bien, una obra transgénero: misterio, suspenso, terror isleño y mucho más. Se titula El ladrido del tigre y acaba de ser publicada por la activa editorial Blatt & Ríos.

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A la extraña desaparición de siete perros le sigue la desaparición de una mujer y otros personajes más. Hay cadáveres en el Delta. Aparecen cuerpos humanos en los arroyos y sus brazos. Salen a flote huesos inmaculados, obra de los hambrientos cardúmenes que devoran la carne. El narrador arriesga: “Sin tumbas a la vista, había lugares en los que parecía que uno cruzara un cementerio sin tumbas, en donde se oían ruidos desconocidos y se temblaba sin saber por qué, como escribió Guy Maupassant: las tumbas estaban ahí, pero en movimiento”. Un camposanto de raíces flotantes y sedimentos que no tiene límites. Ese es el combustible que alimenta El ladrido del tigre. La pesquisa para desentrañar la historia del descuartizador de Pavo Fiambre, el arroyo que corta la isla casi por la mitad: “Quizá no quería creerlo. Quizá me resultaba insoportable la sospecha de que me había mudado a un lugar siniestro.”

La novela de Baigorria dialoga con otros de sus libros “isleños”, como la alucinante biografía Sobre Sánchez y la antología de no ficción Estrés de pez. Más allá de sus dosis desparejas de misterio barroso, El ladrido del tigre pinta un fresco apasionante del Delta: catálogo de historias de amor, locura y muerte. Quizá, también, sea una etnografía novelada, salvaje, delirante. Por qué no, un manual para sobrevivir a las islas, a sus paisanos y a la peste del coronavirus. “Yo aprendí a ser más cauto, desconfiado –escribe Baigorria-, en la isla”.