¿Qué hay detrás de los ídolos futboleros que idolatramos y que aparentemente gozan de una vida envidiable? ¿Qué hechos de corrupción se tejen detrás del fútbol a nivel mundial? La trama de ¿Podrán los robots dominar el fútbol?, novela de Nicolás Guglielmetti, circula en torno a estas preguntas y descubre una conspiración para que Argentina perdiera el Mundial 2014 y una operación secreta de la FIFA para reemplazar árbitros por robots.

En el libro, el autor se vale de un género híbrido que cruza el realismo y la ciencia ficción para convertir en literatura el lado oscuro de una pasión que en este momento tiene su epicentro en Qatar.

-¿Cómo  surgió la idea de este libro? ¿El mundial de Qatar es el disparador?

Sumate y apoyá el periodismo autogestivo

ASOCIATE

-La novela tiene un arco temporal que va del Mundial de Brasil 2014 y llega a minutos antes del partido inaugural de Qatar 2022, pero la empecé a pensar después de la final que pierde el seleccionado de Sabella a manos de Alemania. Ahí empecé a detectar que varios de los jugadores argentinos comenzaban a ser hostigados por los haters de las redes sociales y se me ocurrió componer un personaje que diera cuenta de ese escarnio y a raíz de la condena social tuviera que exiliarse en el anonimato.

-¿Sos futbolero?

-Soy recontra futbolero y jugué al fútbol en un equipo de acá que se llama Bella Vista del cual salieron cracks como Alfio Basile, Rodrigo Palacio y Martín Aguirre, estos dos últimos que jugaron en Boca y River respectivamente. Con estos dos últimos tuve la suerte de ser compañero durante muchos años y con algunos de ellos también pude ver el detrás de escena del fútbol profesional. Luego entré a la universidad y tuve la suerte de encontrarme con un libro llamado Laspada cuyo autor era Marcelo Diaz donde el fútbol y la poesía se cruzaban. Esto me dio herramientas para no separarme nunca de mis dos pasiones y en la mayoría de mis proyectos de escritura el fútbol siempre está presente: En Bella Vista (Vox, 2015) y Tres Dedo (Niña Bonita, España 2009) Maradona y Ortega son protagonistas principales. En Antes que el tiempo arrase con todo (Unidad de Sentido, 2021) hay un extenso poema dedicado a la muerte de Diego Maradona que va a ser publicado en Nápoles y existe la posibilidad de ser traducido al francés. En fin, el fútbol y la literatura son parte de mi vida.

-¿Por qué elegiste mezclar un tipo de escritura realista, basada en lo cotidiano, en el relato de la amistad entre Toro y Nico, con la ciencia ficción?  ¿Qué te permite decir un tipo de escritura y el otro?

-Cruzar el realismo y la ciencia ficción es algo que arrastro de mis dos novelas anteriores. Fisher y los refugiados (17 grises, 2016) y Los Desquiciados (Hd Ediciones, 2017) donde Bahía Blanca emerge como un desierto radiactivo y postapocalíptico. En esos textos que denuncian la contaminación desmedida del polo petroquímico y ciertas tramas ocultas de la ciudad, en ese momento la ciencia ficción me sirvió como un recurso para resguardarme. Fue como una máscara que no me pusiera en riesgo y creo que porque también, inconscientemente, traía las lecturas de Matadero 5 de Kurt Vonnegut, donde cuenta con maestría los horrores de la guerra introduciendo la ciencia ficción… y también de leer a autores Nacionales como Luciano Lamberti, Carlos Godoy y Felix Bruzzone, que cruzan elementos realistas con ciertos tópicos de lo paranormal y el género del terror y eso fue algo que siempre me sedujo. No encorsetarse en un género sino moverse por diferentes registros.

En el caso de esta historia concreta el realismo me permitía mostrar el detrás de escena del negocio del fútbol, el padecimiento de las estrellas sometidas a la alta competencia y la disyuntiva con la cual convive el biógrafo Nico que es un freelance del periodismo cultural y debe decidir en su estructura moral si traicionar a su amigo o cumplir con lo que le exige su oficio.

La parte de la ciencia ficción introducida a través del árbitro robot me permitió poner en cuestión el tema tan vigente de las tecnologías aplicada al deporte a través del var y los offsides automáticos . Es una exageración casi grotesca de las tecnologías que nos lleva a reflexionar si no van en camino de destruir el verdadero espíritu del deporte.

-En tu novela se mezclan, además de dos tipos de discursos o de géneros distintos, el humor y la crítica al negocio del fútbol, la descripción de la soledad que enfrenta un jugador que todo el mundo cree que lo tiene todo y que, sin embargo, dentro del negocio del fútbol es considerado una mercancía ¿Cómo sintezarías en pocas palabras esa mezcla heterogénea?  

-Creo que esa mezcla heterogénea como decís vos es precisamente mi marca de autor. Es un estilo que vengo desarrollando en todos mis trabajos en narrativa. Así como la ciencia ficción me permite matizar el realismo crudo, el humor es algo que me permite tener cierta complicidad con el lector. En ¿Podrán los robots dominar el fútbol mundial? eso se ve claramente en la elección de los nombres de los personajes que como en un parche de play station son nombres, si se quiere, graciosos que hace en algunos momentos emparentarlos con personajes reales. En el título también hay algo de eso, además de un guiño a la clásica novela de Philip Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

-¿La idea de que existía una conspiración para que Argentina perdiera el Mundial de Brasil 2014 en la que Toro falló tiene un asidero en la realidad o como decís al comienzo, a modo de acápite “Cualquier parecido con la realidad es una simple teoría conspirativa”?

-Tiene su asidero en el Mundial 94 con el famoso dopping de Maradona y en las denuncias de corrupción para los altos jerarcas de la Fifa, además de ser un país donde siempre están sobrevolando las teorías conspirativas. Me pareció un tema interesante para poner en tensión dentro del texto

-¿La idea de que podría reemplazarse a los árbitros por robots viene quizá de la implementación del Var?

-Es precisamente por eso. Que un partido como el que jugó la Argentina con Arabia se defina por un offside por un pedacito de hombro o el canto de una uña después que un dron trace líneas en tres dimensiones me parece un sicariato al espíritu del deporte mismo. Prefiero que se equivoque un árbitro en el momento mismo de las acciones y el fútbol tenga ese margen de error humano.

¿Qué hubiera pasado con el famoso gol de Maradona de haber existido el var? ¿y el famoso gol que no fue con que Inglaterra ganó la final del 66?

Mundial de Brasil 2014
Foto: Gentileza Nicolás Gugliemetti

En la novela se rescata la amistad de dos chicos que se fueron a probar en  un club de fútbol y que no fueron elegidos porque, por cuestiones económicas, no tenían botines, sino zapatillas blancas de lona. ¿Es una reivindicación del fútbol como un juego que es parte de nuestra identidad  y que, lamentablemente es cada vez más un negocio plagado de corrupción? 

-Eso fue algo que me pasó a mi cuando jugué mi primer partido. Era chico y fui a acompañar a un amigo y terminé jugando un partido amistoso en zapatillas. Me quedó patente que se me reían hasta que agarré la pelota y empecé a jugar. Lo hice bastante bien. Luego cuando pasaron los años y ya jugaba en un club tenía la costumbre de ir a entrenar en zapatillas de lona mitad para cuidar que no se me gastaran los tapones y mitad porque me sentía más cómo para jugar así… así que me pareció importante que eso estuviera presente en el texto también como una reivindicación de los jugadores de potrero. Para jugar al fútbol no hacen falta tener los botines último modelo sino talento, oficio y corazón o algunas de esas tres cosas.

-La novela o nouvelle fluye con mucha naturalidad, como si hubiera sido escrita de un tirón y hubiera salido de forma muy natural. ¿Cómo fue en realidad el proceso de escritura?

-Fluyó de manera natural porque muchas cosas las viví y lo único que tuve que hacer una vez plantadas esas experiencias fue exagerarlas o agregarles la dosis de ficción justa para que la trama fuera dinámica y pudiera ser leída de una sentada. Mi editor de Uoiea! me sugirió profundizar sobre algunas cuestiones de la historia del árbitro robot para que diera la vuelta y enlazara con el biógrafo y también le quitamos un poco de delirio al final en el que biógrafo está internado o se encuentra dentro de un sueño… También escribí dos finales posibles para Toro, uno en el que quedaba preso por evasión de impuestos y cuando su amigo le iba a llevar la biografía lo veía jugando un picado en el penal, pero al final nos decidimos por este que le hacía un poco más de justicia a ambos personajes.

-Hay una vuelta de tuerca interesante que es que la biografía que Nico quiere escribir sobre su amigo Toro  y que se menciona a lo largo de todo el texto, termina siendo la que está leyendo el lector, la que, finalmente, al regreso de su aventura de diez años, presenta Nico.

Eso era algo que tenía claro desde el vamos. Que esa biografía que tantas contradicciones y dudas le generaba en la estructura mental y moral del biógrafo fuera el libro que llegue a los lectores me parecía interesante. Es  de alguna manera hacer partícipe al lector  de esta historia.

-La reaparición de Toro al final es casi fantasmal. No se sabe muy bien si es él o si es un espejismo. En realidad toda la novela juega con una cierta ambigüedad  que genera la duda de si lo que cuenta el narrador en realidad pasó o es una ficción escrita por Nico ¿Qué crees que aporta esa? 

-Creo que esa ambigüedad que recorre el texto es uno de sus capitales más fuertes. En todas mis propuestas literarias apuesto a un lector participativo. Un lector que arme sistemas y reponga constantemente sus ideas y las ponga a favor del texto. No me gusta dejarle al lector todo servido en bandeja, sino que me gusta que jueguen con sus interpretaciones. Así el texto no es un solo texto sino uno exclusivo para cada lector que compra el libro.