“León Ferrari, más allá de toda discusión, es uno de los más originales y extraordinarios artistas argentinos. Esta exposición, curada por Yaya Firpo —artista y su más cercano colaborador—, nos ofrece a la contemplación una serie de creaciones suspendidas en el aire. Abstractas, aéreas, geométricas, contrastan con una única pieza instalada en el piso: Huesos, un objeto escultórico compuesto por réplicas de huesos humanos que evoca la tragedia argentina y el compromiso con las banderas de memoria, verdad y justicia. El agnóstico León Ferrari, hijo del inspirado pintor y arquitecto de iglesias Augusto Ferrari, hace aquí materia de su obra restos de cuerpos arrasados, enjaulados, junto a formas etéreas entretejidas con alambres, maderas y aceros, en una aproximación al enigma de la redención desde la belleza y el arte.” Las palabras pertenecen a Ezequiel Grimson, director del Centro Cultural Borges y definen con exactitud la producción de Ferrari (1920-2013), que no solo dejó, como todo gran artista, una obra que admite lecturas diversas y que, por lo tanto, permanece siempre vigente, sino que, además, propone un concepto de obra siempre inacabada y siempre posible de ser recreada, un obra que está en estado permanente de construcción.

Al respecto le dice a Tiempo Argentino  Juan José “Yaya” Firpo, jefe de montaje del Borges y curador de la muestra, quien fue estrecho colaborador de Ferrari y se convirtió en su amigo: “Yo participé en la construcción de muchas de las obras que se exponen. Entonces  el director del Borges, Ezequiel Grimson, me ofreció ser el curador de la muestra y lo acepté con mucho placer y con mucha alegría. La muestra se llama Escrituras en el aire recordando y parafraseando un proyecto que León hizo hace muchos años con Rafael Alberti a partir  de cartas y dibujos que se mandaban ambos. Se llamó, precisamente, Escritos en el aire. La obra elegida para esta muestra remite mucho a esos grafismos abstractos que parecen escrituras, con los que León trabajó mucho tiempo. Ahora, estos grafismos hechos con alambres están suspendidos en el techo. En la  década del 70 y en su última etapa  él trabajó con alambre. En este caso, se trata de prismas dentro de los que él entretejía con ese material formas abstractas.”

Y agrega: “A mí se me ocurrió colgar los prismas para que se apreciaran en el espacio, aunque son obras que, generalmente, se ponen sobre una base y se aprecian de ese modo como cualquier escultura. Hubo que armar una maqueta, estudiar el peso de cada una de las obras y resultó, terminamos armándolo en el espacio y quedó muy bien. La obra no fue pensada para ser expuesta de esa manera, pero esa es una de las libertades que ofrece el arte contemporáneo.  En este caso, la intervención fue desde lo técnico, no desde lo plástico ni desde lo conceptual. Yo recordaba  una muestra de Maurizio Cattelan que se hizo en el Guggenheim  de Nueva York en la que había obras de pared y esculturas y todo se colgó. Aunque las obras y los espacios son distintos, se me ocurrió entonces alterar un poco la forma tradicional de mostrar estos trabajos de León. Uno de los grandes desafíos que implicó la muestra fue cómo intervenir un espacio donde no hay paredes y eso se planteó antes de la elección de cualquier obra. Son 18 obras suspendidas en el espacio. Hubo que diseñar un sistema de montaje, utilizar maquinarias, trabajar en altura porque los prismas están colgados de la cúpula del Borges.”

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Seguramente Ferrari hubiera aprobado esta forma de intervención, dado que coincide con su concepción de que una obra no es algo concluido de una vez y para siempre. Firpo lo confirma: “Sí, León siempre se destacó por no observar tanto las cuestiones tradicionales y conservadoras del arte. Él llegó a firmar x/infinito para que una obra se pudiera reproducir las veces que se quisiera sin que las primeras copias tuvieran el valor comercial que se les da por lo general y que hace que circulen solo en un ambiente. Por ejemplo, obra gráfica como el Nunca Más, la distribuyó por mail y cuando le pedían que la firmara la firmaba así, x/infinito para señalar que esa obra no tenía un valor por ser la 1, la 2 o la 3 copia. De esta forma rompía los muros que construye el mercado al establecer que una determinada obra le pertenece alguien y no la puede tener nadie más y, en consecuencia,  no la puede apreciar la gente que no dispone de la cantidad de dinero necesaria para poder comprarla. Mandó carpetas enteras de sus obras a escuelas de todo el país. Una obra que se expuso en el Borges hasta la semana pasada fue el Nunca Más y fue un archivo que envió  la Fundación Augusto y León Ferrari para fuera  impreso en el Borges mismo. Cada una de las copias expuestas no tiene valor comercial.”

 “En el Museo de Arte Contemporáneo de Rosario (MACRO) –añade- hay una obra que es una jaula con pajaritos que hacen caca sobre distintas interpretaciones  de artistas referidas al Juicio Final, por ejemplo, del Giotto o de Miguel Ángel.  Esa obra León la donó para que la tenga el museo y, a la vez, siga produciendo obras. Cada vez que se cambia la copia de la obra que fue ensuciada por los pajaritos, se produce una nueva obra de León. Esos pájaros son cuidados por veterinarios y tienen una dieta para que sus deposiciones tengan determinado color y vayan ensuciando de ese modo las diferentes láminas del Juicio Final. Cuando están todas sucias y se cambian, adquieren el valor de obra de arte. Todo esto fue pensado y quedo arreglado legalmente por él.”

Firpo no solo destaca el talento plástico de Ferrari, sino también su aspecto humano. Lo conoció en 2002 o 2003, cuando él trabajaba en realización para cine y teatro y el artista le pidió que pasara una obra a un tamaño mayor. “Hice ese trabajo –cuenta-  y en el poquito tiempo que compartimos pegamos muy buena onda. Poco después compró un taller en el barrio de San Cristóbal  y me preguntó si quería ayudarlo a montarlo. Comencé entonces a organizar el lugar, a colgar cosas y luego a restaurar. Cuando empecé  con la restauración me propuso comenzar a realizar  unas ideas que tenía y me fui quedando en el taller cada vez más tiempo. Eso fue previo a la exposición en el Recoleta y pasamos mucho tiempo juntos trabajando. León comenzó a vender mucho y podía darse el gusto de llevar a cabo una serie de proyectos frustrados. Comenzamos a hacer cosas de gran tamaño. Me quedé con él hasta 2013. En el último año dejó de ir y luego de su fallecimiento me quedé cuidando el taller hasta que lo pusimos en condiciones para abrirlo al público.”

“León fue  un gran amigo,  una gran persona,  una persona increíble –agrega-. Creo que todos los que lo conocieron piensan lo mismo. Todos los días te preguntaba si estabas bien, si necesitabas plata. Quería que la gente que lo rodeaba estuviera bien. Terminaba un dibujo y antes de que yo lo llevara al patio para fijarlo, se tomaba unos minutos para preguntarme qué me parecía. Un artista de su talla y de su trayectoria le daba siempre lugar al otro. Me ofreció hacer trabajos en conjunto y de hecho hicimos algunas obras juntos. Después vi en los museos obras firmadas como León Ferrari y Yaya Firpo. Él se preocupó de que apareciera mi nombre. Ese tipo de detalles los tenía permanentemente.”

Y concluye: “Escrituras en el aire tiene un efecto `inmersivo`, una palabra que se utiliza ahora y que está relacionada con un efecto producido por la tecnología. Pero en la muestra de León no es lo tecnológico lo que produce ese efecto, sino el hecho de que la obra está colgada en el espacio y el espectador transita en medio de ella. Me gustaría que la gente se acercara para poder vivir esa experiencia.”

Escrituras en el aire se inaugura el 18 de octubre y se podrá visitar hasta octubre en la Plaza de las Artes del segundo piso del Centro Cultural Borges, Viamonte 525, CABA, de miércoles a domingo de 14 a 20, con entrada libre y gratuita.