Lionel Messi se recuesta contra la línea lateral, en campo contrario, cerca del tiro de esquina. Muestra la pelota, su amor. Tres jugadores paraguayos lo miran, cansados pero al acecho. Messi aguanta, los segundos corren en el reloj, 91:27, 91:28, 91:29, y de pronto recorta: Ángel Cardozo Lucena pasa de largo, se despatarra en el césped. Santiago Arzamendia sale al rescate, arrebatado. Messi le tira un caño. Es una de las últimas imágenes en el 1-0 ante Paraguay en Brasilia. Es ya una constante de la Selección Argentina en la Copa América. Un Messi acaso cercano a la versión de Diego Maradona en Italia 90. Messi, el futbolista con más duelos ofensivos ganados (42), con más gambetas completadas (23), con más aceleraciones (9) y con más remates (11) en la Copa América, se convertirá este lunes en el argentino con más partidos en la Selección (148), cuando enfrente a Bolivia en Cuiabá en el cierre del grupo, con la clasificación asegurada a los cuartos de final. “Yo ya no puedo cumplir / hazañas que prometí”, cantó el Indio Solari en el reciente Encuentro con un ángel amateur. A los 34 años, con o sin título en la Copa América, Messi seguirá jugando con la camiseta argentina. Hoy es la Selección.

Las acciones en la cancha son la forma en que Messi suele hablar, su traducción de las palabras. Durante la Copa América, Messi dosifica los arranques marca registrada, preserva la energía, siempre espantándoles a sus compañeros la idea de que es la única opción, porque al equipo todavía le cuesta deshacerse de la admiración que encandila. “Cuando nos tocó disputar varios partidos con (Rodrigo) De Paul, nos pusimos en la cabeza que no era una obligación buscar a Leo, sino encontrarlo cuando pudiera sacar ventaja. Si bien su presencia te lleva a querer dársela, darle la pelota no siempre es la mejor opción. En ese sentido hay que ser inteligentes”, reconoció Leandro Paredes, el mediocampista central de la Selección.

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“Messi pasa gran parte de un partido tratando de desaparecer activamente: escabulléndose de la vista, esperando el momento oportuno –apuntó Jonathan Liew en The Guardian–. Sigue siendo un jugador tan sublime como siempre, pero cada vez está más claro en estos días que no puede hacerlo todo, incluso si quisiera”. Desde la Copa América Centenario de Estados Unidos 2016, cuando anunció su retiro después de la derrota en la final ante Chile, Messi es el máximo goleador en la historia de la Selección, superando a Gabriel Batistuta. Ahora suma 73 goles. Y será el futbolista récord en presencias, superando a Javier Mascherano.

“Es un genio. Hace mejor que nadie lo que hace cualquiera y además hace cosas que no hace nadie. Eso es lo que uno le pide a un genio. Y él lo lleva haciendo desde hace 15 años. La continuidad me parece algo milagroso. Hace tantas cosas que, por una sola de todas las que hace, podría vivir del fútbol. Haciéndolas todas juntas, estamos hablando del mejor jugador del mundo –dice Jorge Valdano–. Esa capacidad para mirar cerca y mirar lejos. Está gambeteando y de repente se desmarca uno a 40 metros y se la pone como con la mano”. El jueves, Messi pasó su cumpleaños 34 en la concentración de la Selección en Ezeiza. Como si fuese un nuevo récord, salió la estadística: en 12 de sus últimos 18 cumpleaños estuvo con la Selección. La primera vez fue cuando cumplió los 17 años, en 2004: 24 horas después entraba al predio de la AFA para sumarse a la Sub 20 que enfrentaría a Paraguay en la cancha de Argentinos, un amistoso organizado exclusivamente para que España no le robara la joya a Argentina. La Copa América de Brasil quizá haya sido el último torneo en el que Messi cumplió años con la Selección: el Mundial de Qatar 2022 se jugará entre noviembre y diciembre. Entre el asado y la torta, recibió regalos: uno fue un bidón con agua bendita.

Si la Selección avanza hasta la final de la Copa América, podría reencontrase con Brasil. Desde la Copa América de Ecuador 1993, último título de Argentina, Brasil ganó 11 títulos (entre ellos, dos Mundiales, Estados Unidos 94 y Corea-Japón 2002, y cinco Copa América). Argentina no ganó ninguno de los últimos 18 torneos oficiales en 28 años. Messi participó de los últimos 11. Y perdió cuatro finales con la Selección. Lo volverá a intentar. Los genios, dicen, son reincidentes. En la semifinal de la Copa América 2019, Brasil le ganó 2-0 en el Mineirão. “Argentina contaba con toda su fuerza ofensiva, con Messi, Agüero y Lautaro Martínez. Y tuvimos mucha lucidez. Jugamos un gran partido. La creación del primer gol fue muy bonita. Además, tuvimos consistencia defensiva –contó Tite, entrenador de Brasil, en The Coaches’ Voice–. Mostramos la capacidad de neutralizar a un jugador con la impresionante calidad técnica de Messi”. Brasil acumula nueve triunfos seguidos entre las seis fechas de las Eliminatorias y los tres partidos de la Copa América. En siete no recibió goles. Es el gran favorito. Brasil es la selección con la que Messi se midió en más ocasiones: 11 (cuatro victorias, un empate, seis derrotas). Y es la selección de Neymar, dispuesto a ser el heredero tras la dinastía de Messi y Cristiano Ronaldo.

En los partidos de la Copa América, Messi también aportó a la hora de la recuperación de la pelota. Serio, comprometido, competitivo, enchufado. Con el corazón en la mano, termina los partidos muy cansado. Messi no solo es la lectura única del juego, que hace –literalmente– caminando. No solo es el tiempista, su última reinvención futbolística. No solo es el crack fuera de escala en las estadísticas. No solo es el hombre que piensa y ejecuta al mismo tiempo. La búsqueda desesperada por el título que se le niega con la Selección acaso simbolice también una angustia existencial del fútbol argentino. Son los últimos trazos de Messi, el Kun Agüero y Ángel Di María, los subcampeones del mundo en Brasil 2014 aún en la Selección. Lo que viene no será lo mismo: apenas cinco argentinos de 25 años o menos participaron en la última Champions League. Y solo uno, el defensor Cristian “Cuti” Romero, del Atalanta, llegó hasta los octavos de final. Entre el debut de Maradona y Messi pasaron 28 años, el número maldito de los años que lleva la Selección sin un título. Un jugador así surge tras décadas (si surge). Y Messi, como Maradona, siempre quiso jugar con Argentina. Será el que más lo hizo.