Hay deportes que para los argentinos resultan extraños. Uno es la vedette de los Juegos Olímpicos de Invierno: consiste en meterse dentro de un tubo de metal, especialmente armado y diseñado como un cohete, para desafiar la velocidad y los misterios del hielo. Otro se juega con una raqueta -no es tenis- y una pluma bastante caprichosa y mentirosa. En el siguiente no hay Leones ni Leonas y es sobre hielo, mientras que también existe el fútbol, pero en este caso es con cascos y una pelota ovalada.

Lo que tienen en común todos ellos es que son deportes masivos y llenos de pasión en el resto del mundo, con millones de fanáticos y millones de dólares en juego, mientras que en la Argentina existe un reducido grupo de atletas que le dedica su tiempo, esfuerzo y ganas (la vida) a la práctica del bobsleigh (de origen suizo), del bádminton (nacido en la India), del hóckey sobre hielo y del fútbol americano, súper populares en el norte del continente.

Aunque suene un tanto particular, acá también se practican esos deportes y uno de esos apasionados es Federico Steinmann, piloto del equipo argentino de bobsleigh: “Siempre me llamó la atención este deporte, lo miraba por la televisión. Vivo en Francia hace 30 años. Mi mujer fue pusher (empujador) durante 20 años y me empujó a mí también. Ni lo dudé. Compré un bobsleigh y le propuse un proyecto a la Asociación Argentina. Así nacieron los Pampas Rockets.”

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Por supuesto que para este marplatense de 38 años no fue nada simple: “Soy abogado; entre las obligaciones profesionales, el entrenamiento físico, los descensos en invierno y el mantenimiento mecánico del material, los días son largos. En la Asociación no hay medios, en la Argentina no hay pistas. Cada equipo tuvo que cumplir solo con sus gastos. Invertí más de € 20 mil en el proyecto.”

Este deporte se hizo conocido en la Argentina gracias a la película Jamaica bajo cero (1993), en la que el equipo de ese país caribeño sorprendió a todos cuando se presentó para participar en Calgary 88. Steinmann casi como que la está viviendo: “Yo conocía la historia real del equipo de Jamaica, y la película siempre me dio mucha gracia. Ahora nosotros estamos prácticamente en la misma situación. Mi sueño es clasificar a Pyeongchang 2018. Sería histórico.”

Federico Díaz se ríe cuando ve la expresión de sorpresa cada vez que cuenta que juega al bádminton: “Se te quedan mirando, como tratando de descifrar si ellos alguna vez lo vieron o lo practicaron en el patio de su casa. Ya tengo el cassette puesto. Incluso voy recopilando de la gente algunas películas o series donde lo hayan visto, que me sirva para contárselo a muchos más.”

A diferencia del bobsleigh, no parece complicado que el badminton se convierta en un deporte popular en el país: “Se requiere muy poco material para jugarlo. En estudio reciente que hizo el Enard (Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo) entre chicos menores de 15 años en todo el país, les consultaron en qué deporte les gustaría representar a la Argentina y 16 mil chicos contestaron que en bádminton. Por lo que es cuestión de tiempo y de que haya una mayor cantidad de materiales disponibles en el país. Más allá de América, no existimos como rival. Dentro del continente reconocen que vamos mejorando. ‘Cuando Argentina se despierte, nos pasan por encima’, me dijeron otros atletas.»

Hugo Ferreyra tiene 42 años, trabaja en la industria farmacéutica y es responsable de tres cargos en simultáneo: es entrenador de los Osos Polares –uno de los seis equipos de la federación de fútbol americano de Buenos Aires-, jefe de prensa de la FAA (Football Americano Argentina) y asistente del seleccionado. “Cuando entrás y empezás a descubrir este deporte –dice Ferreyra-, te das cuenta de que es mucho más que un juego. Es apasionante, en el que cada detalle es fundamental.” El fútbol americano, en los argentinos, pareciera reproducirse por etapas: primero les llama la atención la NFL, luego prueban con el Madden (el videojuego estrella) y algunos, por último, cruzan el perímetro y se inscriben en un equipo para jugarlo.

“No es fácil fomentar el crecimiento de un proyecto como el del fútbol americano en Argentina, principalmente porque no es popular, pero de todos modos la gente se acerca, pregunta, y varios se anotan para practicarlo”, detalla Ferreyra, quien conduce a los Osos Polares, equipo que viene de caer en una de las semifinales ante los Corsarios, conjunto ganador del Tazón Austral XII tras derrotar 33 a 8 a los Tiburones. “Muchos llegan por curiosidad, porque lo ven en la tele. Quieren jugar, pero algunos no tienen idea. Conocen la teoría por el Madden o por seguirlo, pero la práctica requiere de más argumentos. Otros, también, vienen del rugby”, continúa Ferreyra, quien el año pasado estuvo en Dallas para profundizar sus conocimientos como entrenador.

A nivel nacional, hay tres ciudades que juegan al fútbol americano de manera organizada: Buenos Aires –con seis equipos de mayores, tres de menores y una liga femenina de flag football-, Córdoba y Rosario –ambos con cuatro-. Cada una disputa sus torneos, aunque una vez por temporada se arman selecciones regionales y compiten. En los últimos años, incluso, un combinado nacional ya se midió contra Chile y Uruguay, y ganó en ambas oportunidades. Aún no pudieron enfrentarse con Brasil, uno de los más fuertes de Sudamérica.

En Argentina, el fútbol americano no tiene apoyo económico: todo sale del propio aporte de los jugadores y entrenadores. Los equipos trabajan en lugares alternativos y los partidos se juegan en el club Champagnat, donde alquilan las canchas.

Sobre la Avenida Independencia, incrustada en la húmeda Ciudad de Buenos Aires, hay una pista de hielo. El lugar se llama Polarcity. Todos los jueves y viernes a la noche, hombres y mujeres juegan al hóckey, en un escenario más relacionado con los Estados Unidos que con Argentina.

“Sabemos que es un deporte alternativo, poco usual para nuestro país, pero con el esfuerzo de todos tratamos de fomentar el crecimiento de la disciplina. El Enard es fundamental en nuestro crecimiento”, cuenta Héctor Iannicelli, presidente de la AAHHL (Asociación Argentina de Hóckey sobre Hielo y En Línea).

El hóckey sobre hielo es el paso posterior al hóckey en línea, practicado sobre rollers. Como en el país no sobran las pistas de invierno, los jugadores y jugadoras dan sus primeros pasos fuera del hielo. Y aunque la única pista con las medidas reglamentarias como para competir de manera internacional está en Ushuaia, el hóckey sobre hielo se las arregla para hacerse fuerte: las mujeres, en el Campeonato Panamericano de este año, en México, consiguieron la medalla de plata.

La Liga de hielo, el certamen local, está compuesto por seis equipos y se juega los viernes. Los jueves hay una suerte de escuelita, en la que se enseñan las herramientas básicas del deporte.

El kabaddi, una mancha que se extendió desde Bangladesh

Cuando se juega al kabaddi, hay un participante por turno que tiene prohibido respirar. Para demostrarlo está obligado a cantar “kabaddi, kabaddi, kabaddi” para, así, clausurar el ingreso de oxígeno. Los mejores alcanzan los 30 segundos ininterrumpidos repitiendo esa palabra que significa canto. Cuando se pasan los 15 segundos el pecho se comprime. Prueben. A eso se le suma el esfuerzo físico. Ante esas reglas, pensar con claridad es una tarea titánica.

No hay arcos ni canastos ni redes. Sobre una carpeta rectangular de 13×10 metros, en dos tiempos de 20 minutos, dos equipos de siete jugadores buscan ganarse. Al defender, cada grupo se toma de las manos, de modo que se forma una suerte de telaraña. El raider, que a su vez es quien tiene la iniciativa del ataque, mientras canta, se interna entre sus rivales para tratar de tocar a alguien. De esa manera, digamos, lo quema, como si fuera el delegado, y su equipo suma un punto. El riesgo es grande, ya que puede quedar aprisionado en el tejido que proponen sus oponentes y su intento, en consecuencia, resulta fallido: en este caso la defensa marca un tanto y, si lo capturan, el raider queda suspendido hasta que su equipo sume un punto y pueda retornar. Por eso nunca deja de mirar a sus espaldas.

El kabaddi es el deporte nacional de Bangladesh, muy fuerte en la India y popular en otros tantos países asiáticos más, aunque en Argentina también se practica. Entre el 7 y el 22 de octubre, una delegación nacional, Los Yararás, viajó a Ahmedabad, India, para el mundial de kabaddi rectangular, una de las tres ramificaciones populares del deporte. Desde el 31 de octubre y hasta el 16 de noviembre, los argentinos también compiten en otro mundial, pero esta vez de circle kabaddi. A esta selección se la conoce como Los Chanchos. A diferencia del rectangular, como su nombre lo indica, la cancha es circular. “El kabaddi es un deporte de persecución y captura. Uno entra en la zona rival, trata de tocar y volver”, dice Juan Martín Gutiérrez, manager del seleccionado que conduce Ricardo Acuña, quien en el mundial de 2013, por una serie de desencuentros, jugó tres partidos para el conjunto nacional.