Belén Casetta escribe en pequeños papeles sus objetivos. Puede ser cruzar la Cordillera de los Andes, renovar la cocina de su casa o una marca en los 3000 metros con obstáculos, su prueba. Los pone a la vista y los va tachando. Dueña del récord argentino (9 minutos 25 segundos 99 centésimas), fue medallista de oro en el reciente Campeonato Iberoamericano en Alicante: con el récord histórico en la competencia (9:29:60), clasificó al Mundial de Atletismo de Eugene que comenzará el 15 de julio en Estados Unidos, ya que logró el índice mínimo de 9:30:00 requerido por la World Athletics. A los 27 años, Casetta -marplatense, olímpica en Río de Janeiro 2016 y Tokio 2020- habla del disfrute en el alto rendimiento, de los obstáculos más allá de la pista, de su experiencia en Iten, la meca de los atletas de fondo en Kenia, del deporte argentino post pandemia, y de Medicina, su otra carrera.

-¿Qué es el atletismo?

Sumate y apoyá el periodismo autogestivo

ASOCIATE

-Mi pasión esencial, porque es una necesidad hacer actividad física, moverme. Por más que no tenga un objetivo, que esté fuera de forma o de vacaciones, si pasan cuatro días y no corrí, necesito hacerlo. El atletismo es tan simple… Salgo de la casa y ya estoy corriendo, no es que me tengo que ir a un lugar. Te ponés las zapatillas, hacés tres pasos y ya estás corriendo. Incluso entreno “a distancia”. Y tampoco necesito a otros.

-¿Cuándo se transformó en un trabajo?

-Antes tomaba al atletismo como un trabajo y dejé de disfrutarlo. Ahora hice un click y trato de disfrutarlo, de cumplir con los objetivos que me impongo y no con los que me imponen. Disfruto de sentirme bien, de clasificar a torneos. Pero no dependo como si fuese un trabajo, de un sueldo. En su momento era mucha presión. Que me sacaban las becas, que si no cumplía con tal marca me sacaban un sponsor… Ahora estoy más tranquila. Estamos más aferrados al dinero en vez de disfrutar lo que hacemos. Si no clasifico a un torneo y me sacan la beca, voy a continuar corriendo porque es lo que me hace feliz, no la beca. Ahora sí disfruto cada proceso. Y no me lesiono, no exijo el cuerpo hasta el estrés.

-¿El click fue después de Tokio?

-Después de Tokio toqué fondo, me desmotivé. No quería saber nada con el atletismo. Es más, nadaba, entrenaba para un triatlón. O sea, siempre me mantuve en actividad. Recurrí a ayuda profesional, pero la que te saca sos vos, tu garra. Un día estaba en casa y dije: “¿Y si me voy a Cachi y vuelvo?”. Nació de mí. A veces me exigen que vaya a entrenar 21 días y no quiero. Y como es trabajo tenés que cumplir. Pero quise ir a a la altura, a entrenarme, con mis tiempos, cumpliendo el plan. Y salió la marca en el Iberoamericano.

-¿Qué particularidad tienen los 3000 metros con obstáculos?

-Es una prueba de resistencia a la fuerza. Tenés que aguantar 35 obstáculos en siete vueltas y media. Es como la sensación del “muro” que traspasás a los 33 kilómetros en una maratón. Nosotros tenemos el “muro” faltando 1000 metros: tenés que correr a un ritmo más alto y pasar los obstáculos, más el pozo con agua. Nos endurecemos y tenemos que seguir saltando. Pero todos superamos obstáculos. Son los que nos preparan para enfrentar cada situación de la vida.

-¿Se piensa al correr?

-No. Me hablo a mi misma, me aliento, porque en la pista estoy sola con mi cuerpo y mi mente. “Salí tranquila”. “Guardate para lo último”. “Atacá bien el obstáculo”. Se va la capacidad de pensar por el agotamiento. A veces, cuando hay pantallas con los tiempos en el estadio, ahí reacciono. Capaz me está por salir una marca y aprovecho, pero ahí reacciono. Y “tiro”.

-¿Cómo se entrena en Kenia?

-En Buenos Aires ves a la gente que arranca temprano y la Panamericana explota de autos. En Iten, a las cinco de la mañana está explotado de corredores. Abrís los ojos y ves gente corriendo. Pelotones de 150 personas. Fui dos veces y volvería. La última vez sufrí porque me agarró la pandemia. Y a veces se me hace muy tedioso porque estoy mucho tiempo sola.

-“A un Juego Olímpico lo preparás en cuatro años y yo lo perdí en cuatro meses encerrada”, dijiste. ¿Cómo repercutió el encierro forzado por la pandemia, la excepcionalidad más que tardía del gobierno con los atletas olímpicos?

-Terrible. Podrían haberle buscado diferentes vueltas para solucionarlo. Lo que me afectó lo vi reflejado en el rendimiento en Tokio (no superó la clasificación en los 3000 metros con obstáculos y registró una marca 27 segundos por encima de su récord). Ahí está cómo me afectó la pandemia. El deporte argentino no tomó medidas como en otros países.

-¿Qué lugar ocupa el deporte en la sociedad argentina?

-Si lo comparo, en Estados Unidos todos tratan de conseguir una beca para entrar a una universidad, porque es carísimo. Acceder desde el deporte es la más fácil, pero no tan fácil. Y así sacan a los mejores corredores, porque compiten entre universidades. Si eso se implementara en Argentina, la romperíamos, más con nuestros talentos. Acá tenemos un montón de pros. Es fácil acceder al sistema. En atletismo hay instalaciones que de a poco van creciendo. Tenemos pistas en Buenos Aires y otras provincias que están resurgiendo. Pero falta, sí. Una pista cubierta, un centro de alto rendimiento equipado, tecnología que no entra y tenés que comprar afuera.

-¿Estudiaste Medicina y Abogacía?

-Intenté estudiar Abogacía por mi viejo. Hice un año y no era para mí. Medicina arranqué antes, apenas terminé la escuela. Fueron unos años en los que me lesionaba seguido y le metí mucho al estudio. Y también fue un tiempo de pasar de entrenar y estudiar mucho a empezar a salir con la gente, de ir a bailar. Me descarrilé un poco, como la mayoría de los jóvenes. Pero clasifiqué a los Juegos de Río y ahí se me complicó el estudio porque fue un boom. Me demandó mucho entrenamiento, las competencias afuera, los entrenamientos en altitud. Y las materias que me quedaban eran prácticas en el hospital. No puedo estudiar cómo hacer una sutura por YouTube. Entonces me tomé un tiempo, le puse un stop a la carrera. Y ahora estoy en la misma: voy a subir a Cachi y se viene el Mundial.

-¿Estudiar te baja la ansiedad?

-Me gusta mucho leer. Cuando leo mi cabeza se enfoca en el libro y baja la ansiedad a la hora de competir en el deporte. Estudiar fue un cable a tierra. Al prestarle atención a otra cosa, iba relajada al entrenamiento. Si no estaba estudiando, mi cabeza se maquillaba: “Uy, ¿voy a poder hacer este tiempo?”. Leo dramas y suspensos. También motivacionales y de deporte. Leí Correr con los keniatas antes de viajar a Iten. Me pareció tremendo. Pero lo viví de otra forma, porque un entrenador de Kenia me invitó a vivir con su familia, y me incorporé, comía lo mismo, todo. Eso fue más impactante que el libro.

-Desde hace una semana ya no sos dueña del récord sudamericano en 3000 con obstáculos que tenías desde el Mundial de Londres 2017.

-Los récords están para sacarse. No duran nada. Ni siquiera uno mundial. Te lo van a sacar. De hecho le escribí a mi amiga (la brasileña Tatiane da Silva, récord sudamericano con 9:24:38) y le dije: “Me hiciste cambiar el perfil de Instagram”. Se lo merece. Pasó ahora, podría haber pasado cuando estaba retirada. ¿Y qué hacía? ¿Había dejado el atletismo y me iba a motivar porque me sacaron el récord? No. Un récord está ahora y mañana, no. Me motiva que clasifiqué al Mundial, que voy a volver a Cachi, mis objetivos para disfrutar. Se compite contra una misma, contra tu marca. El que corre para ganarle a alguien no disfruta. Tatiane acaba de hacer su mejor marca a los 32 años. Las mejores corredoras en el ranking mundial de los 3000 metros con obstáculos tienen más de 30 años. A los 20 corrés como un animal, pero cuando tenía esa edad corrí en 9:25 y estaba sobreexigida. Y ahora corrí 9:29 con 27 años y no me sentí exigida. Se aprende a correr con el tiempo.