Una primera imagen podría ser Lionel Messi agarrando un regalo ecuatoriano y, aunque todo pareciera demasiado sencillo para él, lo que seguiría sería el palo. Una segunda imagen sería Messi arremetiendo hacia una pelota que queda colgada en uno de los ángulos del área, el arco casi vacío, y con su visión panorámica teledirige esa pelota hacia Rodrigo De Paul. Es gol. Lo que seguiría es una tercera imagen en la que Messi va a pelearle la posición al defensor ecuatoriano, Pervis Estupiñan, le gana en la pulseada y todo termina en falta. Hay una cuarta, ya sobre el final, con Messi presionando la salida de Ecuador. Fue el gol de Lautaro Martínez, el que definió el partido. ¿Hay una quinta imagen? Hay una quinta y es un golazo de tiro libre. Es Messi a todo color. 

Pero no son sólo esos fotogramas los que completan la película de la selección, de la clasificación a las semifinales de la Copa América. La activación de Messi es la sintonía fina del ataque, pero luego hay un contexto. Es casi una identidad de este equipo el dominio temprano, encontrar posibilidades hasta con facilidad como pasó en los primeros tres minutos de partido -mérito propio, errores ajenos- con las de Lautaro. El problema es que no completa la obra. Tampoco es fácil.  

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Foto: DOUGLAS MAGNO / AFP

Ecuador propuso un bloque hormigonado para defender su arco. Pero lo macizo -un campo de juego minado en Goiania- no le impidió tener lo suyo en el primer tiempo, una que sacó que Emiliano Martínez y la última de Enner Valencia. Eso también habla de Argentina, que ingresa en estado catatónico cada vez que la atacan, incluso cada vez que le sacan un ratito la pelota. Es el lado B del equipo. Como las dos máscaras que representa al teatro, tiene una feliz y otra triste. 

Pasa algo similar con los segundos tiempos, donde el equipo no parece tener nada que ver con el de la primera parte. Completar los partidos para la selección es someterse al padecimiento. Incluso en el desarme de los nombres. Es bastante claro que su política de mediocampo de Lionel Scaloni es Rodrigo De Paul-Leandro Paredes-Giovani Lo Celso. Pero la segunda parte le cambió los planes. Fueron Guido Rodríguez (por Paredes) y Ángel Di María (por Lo Celso). Necesita demasiado seguido esos reseteos que terminan por difuminar el horizonte para sacar cuál es el equipo que quiere. Los cambios refrescaron al equipo.

Era un momento para la confirmación, para decir cuál es el equipo más allá de modificaciones circunstanciales, retoques precisos, los que requiera el partido. Pero sin la volatilidad de los ensayos masivos, los que se estiraron durante la fase de grupos porque la ancha avenida que llevaba a la clasificación lo permitía. Pero estos partidos también tienen la particularidad de lo eliminatorio, lo crucial. Era lógico que Ecuador iría a buscar el partido. Había que resistir. Y Argentina resistió lo que necesitó. El gol de Lautaro alivió el final. El de Messi abrió la puerta de la felicidad. Lo que iba a ser una victoria envuelta en la angustia, fue una victoria para la liberación.

Sea por la forma en la que se quedó con el cargo, por la falta de antecedentes, a Scaloni se le pide una confirmación atrás de otra, como si todo fuera una prueba. Una tras otra. Ya sabemos cómo funciona esto: la dilapidación ante la derrota, la idealización ante la victoria. No es tiempo para grandilocuencias. Tampoco para la severidad. La selección hizo lo que tenía que hacer y aún así tiene mucho para mejorar. Tiene una base con la cual trabajar. Lo tiene a Messi. Y está en semifinales. Ahora es el momento de Colombia.