Ya en la última semana del Mundial 86, en el hipnótico viaje desde los cuartos de final contra Inglaterra hasta la vuelta olímpica frente a Alemania –a fines de junio de 1986, hace 36 años-, Doña Tota llamó por teléfono de Buenos Aires a México para felicitar a su hijo reconvertido en celebridad. Lo curioso es que los elogios no fueron únicamente por el arte del juego desplegado y la excelencia de los goles convertidos sino, también, por las capacidades epistolares de Maradona. “Diego, qué lindo lo que escribís en Tiempo Argentino”, le dijo.

El recuerdo lo filtra Juan Presta, hoy de 68 años, entonces enviado especial a México 86. Entre otras funciones para un Mundial con muy pocos periodistas argentinos acreditados, el actual secretario de actas del Círculo de Periodistas Deportivos transcribía al papel las cartas que Maradona debía escribir para Tiempo Argentino, según el contrato que su representante había firmado antes del torneo. Diego podría haber convenido otros compromisos económicos durante el Mundial pero prefirió restringirlos al mínimo para concentrarse en el juego: esas columnas periodísticas fueron su única actividad extrafutbolística de México 86.

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En total, Maradona publicó 19 columnas acompañadas por la ilustración de un Diego melenudo, más acorde a su estética de los años previos al Mundial que al de 1986, frente a una máquina de escribir. Al principio de la Copa, las columnas fueron publicadas tres veces por semana hasta que, ante la gran campaña de la selección –y seguramente el rédito económico de los textos, primero auspiciados por Fernet Branca y luego por Puma-, pasaron a ser impresas todos los días. Maradona y Presta se encontraban en la concentración argentina del Distrito Federal: uno declaraba frente a un grabador y el otro le daba forma y contenido a esas palabras frente a una Olivetti Lettera 32, portátil, de viaje, en la que redactaba antes de enviar el material por télex.

Tras un comienzo en que el ídolo se mostraba algo reticiente a cumplir su compromiso comercial-periodístico, Maradona y Presta terminaron en gran relación, en especial después de que el futbolista supiera que a Doña Tota le gustaban sus columnas, que encima resultarían proféticas. En el primero de sus textos, tres días antes del Mundial –y tras el agradecimiento de protocolo, “qué bueno que ahora no tengo que esperar a las conferencias de prensa para decir lo que quiero”-, Maradona empezaba a percibir buenas sensaciones en la selección. Atrás quedaban las dudas que habían envuelto al equipo en las Eliminatorias. “La selección se sintió muy sola pero esa soledad sirvió para unir al grupo”, escribió Diego –o mejor dicho, dijo Diego y escribió Presta-. Esa percepción positiva se agrandó tras el partido inaugural, un 1-1 sin gracia entre Italia –la vigente campeona del mundo- y Bulgaria: “Jugaron con más lentitud que algunos equipos de veteranos, el gol de (Alessandro) Altobelli no se lo pueden hacer ni a una Tercera División, pero el calor del mediodía y la altura van a influir mucho más de lo que algunos europeos creían”.

Con la confianza en aumento, ninguna revelación intimidaba a Maradona, cuyas columnas confirman cómo el 10 ya interactuaba entre su obra y su personaje: el Maradona declarante o escribiente del Mundial 86 ya era pícaro, incluso punzante. “Dinamarca no me asusta. A Laudrup (Michael, entonces delantero de Juventus) lo veo en Italia y no le saca dos metros a ningún jugador. Ojala nos pongan a los daneses mañana, así les ganamos. Le tengo el mismo respeto que a Irak. En cambio al equipo al que le tengo respeto es a Alemania Federal”, minimizó al equipo que había goleado 6-1 de Uruguay. “Tenemos equipo para ganarle al que venga. Cuando se habla de favoritos, todos mencionan a Dinamrica, Francia y Alemania, pero los favoritos nunca ganan el Mundial así que espero que sigan sin considerarnos”, dijo tras el 2-0 de Argentina ante Bulgaria, en el cierre de la primera fase.

En la previa contra Inglaterra, Maradona usó su columna para dejar conceptos futbolísticos que resultarían puro presagio (“Este equipo inglés es muy fuerte pero me gusta como rival porque es leal: los marcadores se tiran desde cinco metros pero van a la pelota y no hacen marcas personales, así que podremos jugar más libres”) y, en simultáneo, recurrir a medias verdades, omisiones inofensivas y el manual de corrección política para no generar polémicas sobre la Guerra de Malvinas, librada cuatro años atrás: “Nunca un partido decidió un problema de límites ni ningún otro conflicto político. El periodismo internacional me pregunta sobre las implicancias políticas y estoy cansado de repetir que vinimos a jugar fútbol”. Ya era un gran Mundial para Maradona, acababa de brillar contra Uruguay, y un Diego íntimo le decía a Presta –y a sus lectores de Tiempo Argentino-: “Todo el mundo habla con sorpresa sobre mi nivel, incluso me llamo por teléfono mi mamá y me preguntó ‘Nene, ¿qué comés que estás jugando tan bien?’”.

Ya en plena reverberación tras el 2-1 ante Inglaterra, Maradona usó su columna para negar que hubiera dicho su primera gran frase. “En diarios mexicanos, y no sé si en algún periódico argentino, me hacen autor de la frase que el primer lo gol lo hice ‘con la mano de Dios’, y es totalmente falso. Lo que dije fue que salté y la pelota me pegó pero que no lo hice a propósito, hasta pensé que lo haba metido Shilton en contra”. Más allá de la modestia algo impostada, sus palabras siguientes, sobre el segundo gol, parecen esconder la plena conciencia de que, efectivamente, Maradona acababa de nacer por segunda vez. «Fue muy lindo pero quiero ser una persona normal y el gol no me cambiará la vida”.

Sin relatores ni comentaristas de la televisión enviados a México, y con solo dos radios con derechos de la FIFA adquiridos (Argentina, de Víctor Hugo Morales, y Rivadavia, de José María Muñoz), las columnas de Maradona se convirtieron en un documento muy esperado de esos días. «Yo no rendí pero el equipo jugó un partidazo: los alemanes me marcaron a mí y descuidaron a Brown, Buru y Valdano para los goles», le dijo tras la final, ya campeón del mundo, a Presta, el hombre de las verdaderas manos de Dios en México 86.