En las tribunas de Qatar y en las calles de Doha, las mujeres de la región, las árabes y las persas (Irán), encontraron en el fútbol y en el Mundial 2022 dos lugares de libertad y lucha. Y otras mujeres, en su mayoría europeas, llevaron el brazalete LGTB+ a los estadios para plantarle cara a la FIFA y al Estado del país organizador por sus políticas discriminadoras contra las diversidades sexuales.

En Qatar, se sabe, rige un sistema de tutela masculina a partir del cual las mujeres están ligadas a un tutor varón, generalmente su padre, hermano, abuelo o esposo. Las mujeres no acceden a su derecho a tomar sus decisiones y necesitan permiso de esos tutores para casarse, estudiar en el extranjero, trabajar en el gobierno, viajar al exterior y recibir servicios de salud reproductiva. Sin embargo, en la cancha, las qataríes tienen un espacio de libertad. “En Qatar, no tenemos restricciones sobre el acceso de las mujeres al estadio. Asisten a los partidos desde hace mucho tiempo”, señaló Nasser Al Khater, secretario general del Comité del Mundial 2022.

Entre partido y partido, Tiempo habló con mujeres locales. Tas es qatarí y así lo hace notar con una bandera local que recubre su espalda. Junto a su mamá, su hermana y sus dos hermanos recorre los laberintos del Souq Waqif, el mercado más antiguo de Doha. Es la única en la familia -al menos por ahora- que jugó alguna vez al fútbol. Durante dos años, lo hizo en la academia Aspire. Tímida, cuenta que era delantera y que dejó una vez que terminó el secundario. Habla y le responde a la madre, la mira fijamente y busca su aprobación. Agrega que Harry Kane es su jugador preferido, pero que también le gusta Cristiano Ronaldo. El hermano menor la interrumpe: “Juega bien, pero no tanto como Mohamed Salah”. La madre -la única en vestir una abaya negra que deja al descubierto los ojos- interrumpe a su hijo. “Salah es árabe, por eso es nuestro jugador preferido”, acota. Y por primera vez en la conversación se la nota relajada, amigable. Rígida desde un comienzo, no dejó que sus hijos dijeran su nombre y, ante varias preguntas, les pidió que no respondieran.

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Dima es la hermana mayor de Tas y lleva a los estadios la bandera con la consigna «Free Palestine». Jamás jugó al fútbol pero va frecuentemente al estadio a ver Al-Sadd Sports Club. Su entrenador es el español Juanma Lillo, ex asistente de Pep Guardiola en Manchester City. La madre no es qatarí, nació en Arabia Saudita y, por eso, lleva sobre su espalda el manto de los halcones verdes. “Messi no me gusta y Cristiano tampoco”, dice. Sus hijas ríen con respeto. Arabia Saudita es uno de los pocos países en el que las mujeres tienen complicado practicar deportes. Y hasta hace poco, incluso, tampoco podían acceder a un estadio para ver un partido. En 2018, el príncipe heredero Mohamed Bin Salmán impulsó medidas simbólicas como permitir a las mujeres entrar a un estadio, eso sí, acompañadas por hombres y en tribunas específicas.
En el Mundial, sin embargo, las mujeres árabes van solas a los estadios. Se las ve en grupo, acompañadas por otras mujeres. En el desierto qatarí donde las mujeres son discriminadas, las hinchas esconden un pozo de agua durante el Mundial.

Desde el otro lado del Golfo Pérsico, las iraníes también llegaron a Qatar para hacer lo que en su país no pueden: ir al estadio. Fue notable cómo algunas iraníes, antes del debut, no querían que su selección ganara porque temían que el valor propagandístico de derrotar a Inglaterra fuese usado a favor para los gobernantes del país. Desde hace dos meses, Irán protesta. Mahsa Amini, de 22 años, fue detenida por no llevar velo como exige el código de vestimenta islámico y murió bajo custodia de la Policía de la Moral de Teherán.

“Esperamos la victoria del otro equipo, porque este equipo no es representativo”, declararon dos mujeres iraníes, mientras escribían en sus manos la palabra “Libertad”. La cancha la recordó y recordó la lucha de las mujeres en Irán. “Woman, Life, Freedom” se pudo ver en una bandera desplegada en la tribuna iraní. Ya ante Gales, cuando Irán ganó 2 a 0, una mujer portó la camiseta de la selección con el nombre de Amini en la espalda. La policía local se acercó y se la quitó. «Prohibidas las declaraciones políticas», dijo FIFA.

“¿Sabe lo doloroso que es ser la mayor hincha de fútbol y no haber ido nunca a un juego en 34 años?”, dijo Afsani, iraní de 34 años. Para algunas iraníes, que tienen prohibido ir a ver partidos de fútbol masculino en su país, Qatar fue la primera oportunidad para ver a su selección. Durante 40 años, la República Islámica de Irán no permitió la asistencia de mujeres a los estadios hasta que en 2019, ante la presión de la FIFA, 3000 mujeres vieron a su selección ante Camboya.

En tanto, la exfutbolista inglesa Alex Scott, ahora comentarista de BBC Sports, salió al campo en la previa de Inglaterra-Irán con el brazalete arcoíris, una reivindicación que llega después de que la FIFA amenazara con amonestar a los capitanes que lo portaran. Scott ya había criticado al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, por su discurso en el que dijo que «se siente gay». “Gianni, no eres gay y nunca entenderás viajar a un país donde temes por tu vida solo por a quién eliges amar”, dijo Scott.

Sentada en el palco del estadio Khalifa, la ministra del Interior de Alemania, Nancy Faeser, vistió la cinta con los colores LGTB+. A su lado, Infantino. «Me preguntó si ese era el brazalete y le dije ‘No es tan malo como crees, ¿no?», contó Faeser. La ministra de Relaciones Exteriores de Bélgica, Hadja Lahbib, también se sentó junto a Infantino y reveló su conversación: «Me explicó que no había permitido llevar a Bélgica el brazalete One Love por las reglas de la FIFA. Pero como esas reglas no se aplican en las tribunas, me quité mi campera y mostré mi brazalete”.