Mientras el fútbol argentino es cuestionado por su resistencia a la modernidad, Facundo Farías reivindica con su gambeta la esencia que lo caracteriza. El delantero de Colón, una de las apariciones que más entusiasma a futuro, es al mismo tiempo una brisa retro entre tanto futbolista robotizado. “Mi estilo de juego –confiesa– me hace acordar al de Carlitos Tevez en sus comienzos, es guapo y atrevido”. Con solo 19 años, Farías ya lleva un título histórico bajo la suela –la Copa de la Liga de Colón–, aparece en el radar de algunos clubes de Europa y es seguido de cerca por Juán Román Riquelme, el ídolo de su padre, para que juegue en Boca.

–¿Qué se necesita para ser un futbolista atrevido?

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–No se necesita mucho. Hacer una de más, encarar, animarse. Cada uno tiene su estilo de juego, pero siempre se puede aprender de otros y mejorar lo que uno ya trae. Yo siempre estoy tratando de tirar algún caño o una bicicleta porque los uso como recursos. Soy más enganche que delantero.

–¿Le tenés miedo al error?

–Un poco, cuando debuté, aunque trataba de equivocarme lo máximo posible para mejorar y perderle el miedo al error. Tomar la pelota y hacer una de más es mi forma de jugar, lo hago desde las inferiores. Me tocó jugar mucho en este tiempo que no hubo público. A los chicos que debutamos hace poco nos sirvió bastante para sacarnos la idea de no equivocarnos o de no arriesgar por lo que pueda decir la gente. La hinchada es un plus que te da motivación, pero cuando no salen las cosas es una presión. Igualmente, con el público presente, me habría animado a equivocarme.

–¿Estás atento a lo que se dice de vos en las redes sociales o sos de seguir tus propias estadísticas?

–Más o menos. Al principio le prestaba atención. Llegué a buscar mi apellido en Twitter para leer lo que decían. No había muchas críticas, eran más los comentarios buenos, pero entendí que no era necesario saber qué opinaban de mí y decidí eliminar la aplicación. Solo me quedé con Instagram. Tampoco soy de fijarme en las estadísticas, no estoy tan al tanto de mis números porque pienso más en el juego, aunque entiendo que se complementan y sirven.

–¿Te gusta que se te relacione con un fútbol más antiguo?

–Me pone muy contento. El fútbol actual perdió un poco la esencia del potrero porque todo es más físico y hubo cambios hasta en la alimentación, pero esa forma de jugar está volviendo con las nuevas camadas. Mi estilo de juego me hace acordar al de Carlitos Tevez en sus comienzos, es guapo y atrevido.

–¿Cuánto del Facundo Farías que jugaba en los potreros de Santa Fe sale a la cancha cada fin de semana?

–Antes de salir a la cancha veo videos míos para motivarme. Mi representante me armó un compilado con jugadas mías de las inferiores para que no pierda esa esencia que me caracteriza. Nunca me faltó nada, pero a veces en el potrero jugaba en ojotas o descalzo para cuidar las zapatillas y me parece muy importante mantener esa pica en mi juego. Vengo de una familia humilde que siempre hizo lo posible para que no me faltara nada. Nunca tuve que salir a trabajar, eso se los agradezco mucho. Hicieron un gran esfuerzo que hoy da sus frutos. Mi deseo de ser futbolista nació por ellos: el regalo siempre era una pelota. Son todos muy futboleros.

–Cuando no tenías contrato profesional te fueron a buscar de Unión pero rechazaste la propuesta, ¿por qué?

–Yo estaba fichado en la Liga Santafesina. Cuando desaparece Corinthians Santa Fe, el club de barrio donde jugaba, quedamos todos los jugadores con el pase libre, en mano, y la mayoría de mis compañeros se fueron a Unión porque los querían probar ahí. Ellos me facilitaban el cómo ir a entrenar y no quería sentirme solo yéndome a otro lugar, así que fui con ellos a una prueba. Quedé, pero a la semana siguiente me animé y fui a probarme a Colón, donde también quedé. Me decidí porque soy hincha fanático y gracias a Dios empecé acá mi camino en las inferiores.

–Cuando te tocó jugar en La Bombonera, Riquelme te mandó una camiseta de regalo. ¿Te propuso jugar en Boca?

–Román le preguntó a mi compañero Gonza Piovi si a mí me daba para jugar en Boca y después nos sacamos una foto. Yo estaba muy emocionado porque toda mi familia es de Boca. Mi papá, que falleció hace poquito, lo tenía de ídolo, así que pude cumplirle el sueño a él también. Desde chiquito que trato de copiarle cosas a Román, igual que a Messi y a Tevez. Pero mi ídolo es Diego. Lo tengo tatuado. Me veo reflejado en él en todos los sentidos: me sigo manteniendo humilde y siempre que puedo estoy ayudando a mi familia.

–¿Cómo hace un chico de 19 años para adaptarse a cambios tan rápidos sin perder el foco? Hasta se dijo que Scaloni estuvo a punto de citarte para que te fueras adaptando a la Selección.

–En Colón no tenemos psicólogos deportivos. He ido en inferiores y me ayudó muchísimo. Ahora estoy tratando de retomar. Es importante, más que nada cuando pasan cosas buenas y se rumorean transferencias o compras, para mantener la cabeza fría. La Selección es un sueño para todos. Fui a la Sub 15 y a la Sub 17 pero hasta ahí llegué. Me citaron para la Sub 23 pero no pude ir porque estaba cursando el aislamiento por el coronavirus. Ojalá tenga otra oportunidad, me encantaría representar a mi país.

–Tu representante contó que te cambian el número de teléfono seguido porque te escriben para sondearte y vos querés estar enfocado en Colón. ¿Extrañás el anonimato?

–De vez en cuando necesito un poco de paz. Pero relacionarme con el hincha en la calle no me molesta, al contrario, me hace muy bien. Saber que con una foto puedo hacer feliz a alguien me encanta. Siempre soñé con jugar en el exterior, competir en torneos internacionales, compartir con grandes jugadores, tener una vida allá. Cuando te sondean desde clubes europeos te impactás. Si el nene que fui me viera hoy, no lo podría creer. De Europa me gustaría que me dirija Guardiola porque es un hombre que puede enseñarme muchísimo y hace explotar a cualquier jugador. Del fútbol argentino me gustaba mucho Gago en Aldosivi por lo que proponía en el juego.

–A la mayor alegría de tu carrera la seguiste por televisión porque quedaste afuera de la final ante Racing por Covid. ¿Cómo lo viviste?

–Sentí mucha emoción. Era un sueño que tenía desde chiquito porque soy hincha del club. Habían pasado cosas fuertes en el camino antes de esa final, así que tenía un poco de bronca por no poder jugarla, pero obviamente estuve muy feliz porque fui parte del proceso. El técnico y todo el plantel me hicieron sentir parte a la distancia. Eduardo (Domínguez) siempre fue muy atento conmigo. Me pasaron muchas cosas malas y, en el proceso, él y su cuerpo técnico me ayudaron muchísimo para poder seguir.