Olivier Giroud no sólo no había metido un gol en la Francia campeona del mundo en Rusia 2018, sino que no había pateado al arco. Sus nueve remates en los estadios rusos -en siete partidos, durante 546 minutos de un total de 630- habían cruzado el arco como flechas esquivas al corazón. Un Cupido errático del gol. En el debut de Francia en Qatar 2022, después de haber empezado abajo y empatarlo ante Australia en el estadio Al Janoub, Giroud direccionó una pelota a la red por primera vez a los 32 minutos. Gol. Y marcó otro más en el 4-1. Con el doblete, sumó 51 goles en la selección francesa, igualó a Thierry Henry como máximo goleador histórico y, este sábado, volverá a merodear las áreas frente a Túnez en el segundo partido del grupo D. Cuando la presencia de Karim Benzema -al final, afuera por lesión- parecía presagiarle los minutos de recambio durante el Mundial, Giroud se elevó en Qatar en modo línea mundialista de Francia, en la que otro delantero, Just Fontaine, resalta desde Suecia 1958, aún máximo goleador en una sola edición de la Copa del Mundo, con 13 tantos.

Giroud no recorrió el camino futbolístico de Benzema, nacido crack. A los 23 años aún jugaba en la segunda división, en el Grenoble Foot 38, un club de Los Alpes franceses. Un entrenador incluso creyó que no daba el piné. Fue cedido al Istres, en la tercera categoría (sólo Franco Armani, entre los argentinos en Qatar, jugó en la tercera categoría, con Deportivo Merlo). Hasta que volvió a subir y la rompió en el Tours: fue el goleador de la Ligue 2 en la temporada 2009/2010. Pasó al Montpellier y, en la 2011/2012, volvió a ser el goleador pero de la Ligue 1, con un detalle: el Montpellier ganó la liga francesa, la primera -y única- en su historia, arrebatándosela al PSG. Lo que sobrevino es lo más resonante: la Premier League (en el Arsenal post Henry, comprado a cambio de 12 millones de euros, y en el Chelsea) y la Serie A (Milan).

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Si Qatar 2022 es el Mundial de la prohibición de las cintas arcoíris de capitanes en apoyo a la comunidad LGBTIQ+, Giroud se manifestó públicamente -muchas veces y mucho antes- a favor y en defensa de la diversidad sexual. Hace diez años, tras el título con el Montpellier, fue tapa de la revista gay Têtu. “Es imposible declararse homosexual en el fútbol”, declaró años más tarde. Profesa, además, el cristianismo evangélico. Lee la Biblia antes de los partidos, en los micros camino a los estadios, mientras otros compañeros se aíslan en la música de los auriculares. Le sirve, confesó Giroud, para concentrarse. Durante Brasil 2014 -su primer Mundial, un gol en el 5-2 a Suiza, en el segundo partido del grupo- fue a una iglesia con algunos compañeros. También suele regalar ediciones del Nuevo Testamento. “Es el único jugador que habla mucho de su fe, de la importancia que tiene en su vida -dice Georges Quirino Chaves, periodista francés, corresponsal en Argentina-. Su madre le dio la fe en Jesús. Siempre está con una Biblia. Encuentra cosas para su vida como ser humano y jugador de fútbol. Habla mucho con sus compañeros, incluso con los musulmanes. Y fue editor invitado de una revista llamada Jesus!, que sale una vez por año en Francia”.

Apartado Benzema en 2015 después del escándalo de chantaje a un compañero, Giroud fue titular en Rusia 2018, el elegido de Didier Deschamps. Al principio, los hinchas franceses lo hostigaban, más por ocupar el lugar de Benzema que por él. En la previa a la Euro 2016, en un amistoso ante Camerún en Nantes, hasta lo silbaron después de un gol. Era la sombra torpe de Benzema. En 2020, antes de que regresara a su selección, Benzema advirtió: “No confundan un Fórmula Uno con un karting”. En la Euro de aquel año jugó apenas 40 minutos. Sin ser amigos, convivieron. Cero rispideces. Giroud, en cambio, criticó ante la prensa a Kylian Mbappé por su juego egoísta: “No me llega la pelota”.

Deschamps, reacio a las polémicas, de carácter rocoso, le hizo pagar el escarmiento -cortó sus citaciones- y lo puso a prueba. Giroud salió campeón con el Milan de la Serie A 2021/22, como goleador del equipo. Y repetía que estaba a disposición. Deschamps lo llamó en marzo de 2022, tras ocho meses, como acople de Benzema, que había regresado a Les Bleus luego de seis años. Pero se tenía fe. Hay que tenerla para transitar un Mundial como el 9 del campeón sin patear al arco. Y para jugar el siguiente y debutar con dos goles. En Francia, ahora, ironizan: dicen que no van a salir campeones porque, como Giroud en Rusia, el 9 de la selección campeona en Francia 98 -Stéphane Guivarc’h- tampoco había marcado un gol. A los 36 años, es el gran infravalorado en Qatar. “No puede haber hecho todo mal en su carrera -escribió Claudio Catuogno en Süddeutsche Zeitung-. Pero, ¿sobrevivirán los franceses a un torneo sin un debate sobre Giroud?