La primera final de la Copa América –Campeonato Sudamericano, en ese entonces- fue fallida. Fue tanta la gente que se acercó aquel 16 de julio de 1916 al estadio de GEBA, en Palermo, para ver la definición entre Argentina y Uruguay que la multitud desbordó las tribunas, invadió el campo y suspendió el partido. Al otro día, en la antigua cancha de madera de Racing, en Avellaneda, la Celeste empezaba a construir su mito y le robó el título de campeón a la Argentina que quería festejar el centenario de su independencia. Aquella prueba fue la confirmación de que el fútbol se transformaba en el deporte popular de la región, el más convocante. Más de un siglo después, la Copa América de Brasil sorprende a la inversa: en uno de los países con más fanáticos del fútbol en el Mundo, las tribunas están casi vacías.

«No sé si es el precio de las entradas o qué es. No soy hipócrita, no tenemos la sensación de jugar en casa, de estar representando a nuestro país», aseguró el capitán brasileño, Dani Alves, después del partido inaugural. Y agregó: “Yo soy del pueblo, siempre voy a predicar por el pueblo, para que esté en los estadios. Pero nosotros no controlamos los precios de las entradas, en todo caso elevadas”. En lo que va de la Copa, el promedio de público por juego es de 25 mil personas. Es un número similar al de la Copa América de Chile 2015, pero los enormes estadios brasileros exponen la falta de hinchas en las tribunas.

Apenas 11 mil personas vieron el empate 0 a 0 entre Perú y Venezuela, en el Arena do Gremio, donde entran 55 mil. En total, apenas se lleva vendido el 41% de las entradas. Sin embargo, el partido de apertura en Sao Paulo, reportó unos ingresos de 22 millones de reales, récord para el fútbol brasileño. Más allá de la falta de entusiasmo por el torneo, uno de los argumentos parece ser el valor de las entradas y la crisis económica que atraviesa Brasil. Las ubicaciones más baratas valen casi unos 170 reales (unos 2000 pesos argentinos), un precio demasiado alto. En 2019, el promedio de entradas vendidas en Brasil durante la Libertadores fue de 34.281, 19.405 en el Brasileirao y 16.711 en la Copa Sudamericana (homóloga de la Europa League). El precio promedio de las entradas fue de 43 reales para la Libertadores, 34 para el Brasileirao y 26 para la Sudamericana.

En el centro de todas las críticas aparece el presidente de la CONMEBOL, Alejandro Domínguez, quien se negó a rebajar el precio de las entradas. Para la entidad, el balance hasta ahora es positivo. Es la misma federación que decidió que la final de Libertadores entre Boca y River se jugara en Madrid, en un estadio a menos de la mitad de su capacidad.