“Cada dos palabras que digo -dice ahora Julia Paz Dupuy- encuentro una conexión entre el fútbol y la escritura”. A los 21 años, la jugadora de Poio Pescamar de España y de la Selección alzó la voz argentina en el reclamo a la FIFA para que exista un Mundial femenino de futsal, como el masculino que se juega desde 1989 y ya suma nueve ediciones. Parte activa de la Asociación de Jugadoras de Fútbol Sala, la exjugadora de Boca, Sportivo Barracas y Racing es una de las cinco argentinas en la élite europea del futsal. A distancia, desde Galicia, hace además un curso de escritura creativa de Casa de Letras. Y, a la par, cursa el de entrenadora en España. Porque Dupuy no para: encontró sus pasiones de niña y, cuando habla, le brillan los ojos.

-¿Qué es el futsal?

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-Hoy es mi trabajo. Parece simple, pero no. No muchas jugadoras de fútbol sala tienen la oportunidad de trabajar de forma profesional. Estoy en España y tengo un contrato. Hay días que lo naturalizo, pero de pronto me levanto y digo: “Fa, qué privilegio, soy profesional y vivo de lo que me gusta”. Siempre ha sido mi pasión. Me cuestiono si es innata, porque uno la va encontrando, y cuando sos chique te van dando ciertos estímulos para que puedas encontrar esa pasión. Tenía dos hermanos varones y los fines de semana íbamos a jugar a la plaza los tres a la pelota. Y como somos hinchas de Belgrano de Córdoba, también íbamos a la cancha cada vez que jugaba en Buenos Aires.

-¿Qué te fascinó de jugar a la pelota?

-Me gustaba esa rebeldía, desafiar lo establecido. Era la única jugando en mi colegio, literalmente la única jugando en la plaza. Sentía que estaba yendo contra la corriente. Pero nunca me cuestioné si era un deporte para chicos o chicas. Lo que me gustó de la pelota es jugar, crear, inventar, estar inmersa en ese juego. Está relacionado con la literatura: jugar a la pelota es estar inmerso en otra realidad. En el patio del colegio jugaba al Mundialito. Decía: “Yo soy Riquelme de Argentina”. Era un jugador y estaba en un Mundial. Estás en una realidad paralela, porque al fin y al cabo tenés diez años y estás en el patio del colegio. Ahora, cada entrenamiento me da esa oportunidad. El fútbol y la escritura no dejan de ser un juego.

-¿Cuál es el nivel del futsal femenino en Argentina?

-El torneo argentino se centra sólo en Buenos Aires, con dos divisiones, y cada club tiene que tener obligatoriamente una Quinta División, lo que fomenta que más chicas empiecen antes a formarse. Pero deja de lado a jugadoras con buen nivel de otras provincias, como San Juan, Mendoza y Tierra del Fuego. Necesitamos que la liga se federalice. Tenemos a la selección, somos subcampeonas de la Copa América. Los pasos se van viendo de a poquito. Crecemos pero muy paulatinamente, cada dos años. A nosotras se nos canceló la Copa América 2021, supuestamente por Covid. Eso te baja el nivel. Lo que hace crecer a una selección es competir, viajar, jugar finales. El crecimiento podría ser más acelerado con el apoyo de Conmebol y FIFA.

-¿Por qué hay que reclamar por un Mundial femenino en 2021?

-Mi enfado, angustia y rabia es que tendría que estar entrenando para un Mundial. Que las jugadoras tendríamos que estar preparándonos, no haciendo campañas. Nosotras la hicimos a pulmón. Escribimos la carta, hicimos videos, la ilustración, nos comunicamos con los medios. Siempre las jugadoras están luchando, cuando ya deberíamos tener un Mundial. Necesitamos miembros en puestos jerárquicos para que puedan tomar las decisiones. Pero nuestra realidad es completamente distinta: es luchar, reclamar, porque hace 32 años vemos sólo el Mundial masculino. Si no lo hacemos ahora, lo vamos a seguir viendo por televisión. Nadie nos va a regalar el lugar. El contexto de la mujer es de lucha en cualquier ámbito. El comunicado llegó a la FIFA. No tuvimos ninguna respuesta formal. Informal, sí. Nuestra presidenta del sindicato, Natalia Orive, quedó en una reunión con Sarai Bareman, directora de FIFA. Pero hay un silencio extremo de las federaciones nacionales y de la FIFA. No vamos a romantizar la lucha, su lado poético, aunque sea increíble hablar con jugadoras iraníes, haber logrado juntarnos con todas de todo el mundo.

-¿Qué es la selección argentina?

-Como dice (Pablo) Aimar: a nosotras, para entrenar, nos dan la ropa que las otras personas suelen pagar en 15 cuotas. Es un privilegio enorme la selección. En nuestra selección, como en la masculina que jugó la final del Mundial, hay un sentido de pertenencia, un orgullo que no veo en tantos lados. Va más allá del dinero. En España, una jugadora citada a la selección tiene un sustento económico muy grande. Si salen campeonas, se pueden comprar un auto. Una locura. Nosotras estamos en un etapa de crecimiento, no pensamos ahora en lo económico. El objetivo hoy es ser visibilizadas, que muchas más nenas nos conozcan en Argentina y conozcan el deporte. Estamos en la selección para hacer crecer a lo que amamos, y nos sentimos responsables, a pesar de todas las dificultades. Ese es nuestro plus.

-¿Qué valor tuvo el subcampeonato en la Copa América 2019?

-Una vez fui a jugar a El Pozo Murcia y ahí está Diego Giustozzi, el entrenador campeón del mundo en Colombia 2016. Estaba frustrada, habíamos perdido la final de la Copa con Brasil. Me dijo: “¿Sabés cuántas veces perdimos contra Brasil antes de ser campeones del mundo?”. El que se puso tantas veces la medalla de plata en el pecho lo sabe. No podés ganarle a Brasil de un día para otro, es un proceso. La suspensión de la Copa América 2021 le puso pausa a esa apuesta al trabajo y al crecer, y hasta fueron unos pasos atrás. La gente se acuerda de que Giustozzi fue el técnico que ganó la final, pero no todas las que perdió con Brasil, que son la mayoría. El subcampeonato fue bronca en el momento pero sentir que se está en el camino correcto.

-¿Qué es escribir?

-La escritura es una forma de comunicación, de encontrar la propia voz. Estoy en contra de llamarnos “escritores”. Para ser escritor tenés que tener un deseo de expresar algo a través de la escritura, con el lenguaje. Se dice que no hay más que literatura autobiográfica, y eso está relacionado con el estilo tuyo, con tu tono de escribir. Lo que escribo y ese mundo que construyo está muy relacionado al fútbol, a mi vida, a mi infancia. No es que escribo de fútbol. Es esto de entrenar, persistir, insistir. Afrontar el entrenamiento tratando de hacerlo mejor que el anterior. La escritura es muy parecida: todo el tiempo tenés que estar entrenando. Si sólo escribís cuando estás “inspirado”, o cuando estás triste, vas a escribir un texto cada tres meses. La escritura y el fútbol es entrenar. Entrenar la mirada, la observación de los detalles. Para jugar un partido tenés que entrenar muchísimo y para escribir tenés que leer muchísimo. Y en la lectura tengo que trabajar la imaginación, no es una serie de Netflix que me deja todo servido. Los textos, sobre todo los buenos, son un argumento contado a través de imágenes. Antes era un hobby llevar un libro de vacaciones. Hoy si no leo me cuesta mucho más escribir.

-¿Cómo te ves hacia futuro?

-Cada dos palabras que digo encuentro una conexión entre el fútbol y la escritura. Sé que en un futuro voy a estar ligada al fútbol sala. Hago el curso de entrenadora para encontrar esa gracia del juego interno, para entender por qué se hacen algunas cosas. Son como esos truquitos que tienen algunos textos que lees y decís: “Ah, por eso acá omitió esto, este detalle”. Esos juegos internos están en el futsal. No sé si seré entrenadora. Estoy intentando también estudiar gestión deportiva. Lo que sí, no me veo alejada ni del futsal ni de la escritura, ni de la lucha política. Queda muchísimo camino por construir.