Tic. Tac. Ya quedan cada vez menos relojes que marquen el paso del tiempo con ese ruido, pero en la cancha de Boca son cerca de las diez de la noche y ese ruido se percibe en la cabeza de los más de cuarenta mil asistentes. Tic. Tac. Pasa el tiempo y la Selección no puede hacer un gol, la Selección no le puede ganar a Perú, la Selección se aleja del Mundial. Tic. Tac. Tic. Tac. Tic. Tac.

El encuentro dura noventa y pico de minutos, pero este partido contra Perú se hizo eterno en la previa y efímero en su desenlace. Que la cancha, que la lista, que las lesiones, que las entradas.

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Arranca el segundo tiempo, palo, atajada, palo, atajada, y de pronto todo se escurre entre los dedos. ¿Cuánto queda? Tic. Tac. Cada vez menos y todos los saben, no pueden evitar ser conscientes de lo poco que le queda al partido. Y a las esperanzas. Los hinchas los sufren. Los jugadores y el entrenador, también.

«Cueste lo que cueste, esta noche tenemos que ganar». Tic. Tac. «Este noche no podemos perder». Tic. Tac.

Murmullos nerviosos porque no sólo se va el tiempo, se va el juego, se va la pelota, se va el terreno.
Ahora faltan cinco minutos, nada, y Ecuador mete un gol. Pocos se enteran, pero ese gol vuelve a poner a Argentina en el repechaje, en esa posición a la que ya nadie desprecia. Tic. Tac.

Lo bajan a Messi, faltan tres minutos y por un instante todo cambia porque Messi es el mayor vendedor de ilusiones del mundo. El reloj no se ve más porque todos quieren registrar el gol de tiro libre en sus celulares. Barrera y todo vuelve a su estado anterior. Tic. Tac.

Tanto vuelve a ese estado que Chile mete un gol y Argentina vuelve a caerse del repechaje. Tic. Tac.

Romero salva Argentina en la última y ya nadie sabe que pensar, qué sentir. Falta un partido. Tic. Tac. Faltan cinco días para la última fecha. Tic. Tac. No falta nada casi. Tic. Tac.

Y nada puede quedar. Tic. Tac. Tic. Tac. Tic. Tac.