Hola, ¿cómo están?

Imagino que con nervios, algunos con dolor de estómago, otras con más optimismo. Todavía estamos acá y esto es fútbol, nuestro gran regenerador de esperanza. Vamos a sufrir pero que no decaiga.

Ya sabíamos que el Grupo B era el grupo más político del Mundial. Inglaterra, Gales, Irán y Estados Unidos. Todos con viejas disputas y también con actuales. Pero además con sus gestos. Los jugadores ingleses pusieron su rodilla al césped antes de los partidos con Irán en protesta porque su capitán, Harry Kane, no puede utilizar la cinta multicolor. También lo hicieron con Estados Unidos. 

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Pero lo que conmueve es la selección de Irán. Los jugadores no habían cantado el himno contra Inglaterra como una forma de sumarse a las manifestaciones en su país por el asesinato de la joven Mahsa Amini. Los hinchas los apoyaron desde la tribuna. “Woman, Life, Freedom”, se leía en las banderas. El golpe futbolístico fue duro, perdieron 6-2. Vivieron estos días con amenazas de represalias. Ayer, antes del partido con Gales, hubo un canto del himno dispar. Algunos sí, algunos no. Las protestas en las tribunas continuaron. Un hincha llevó una camiseta con el nombre de Mahsa en la espalda. La seguridad se la sacó. 

Con toda esa carga a cuestas, los jugadores tenían que levantar la humillación frente a Inglaterra. Para más emoción, los goles llegaron en el tiempo adicionado. A los festejos los invadían las lágrimas. Primero Robert Cheshmi, después Ramín Rezaeian. La celebración fue un desahogo. De los jugadores y de los hinchas. Para el entrenador portugués Carlos Queiroz debió haber sido un alivio. “Este partido -dijo- fue un regalo para los fanáticos iraníes del norte, sur, este y oeste”. No sólo por lo que significa para sus jugadores, también por las preguntas de los periodistas. “¿Por qué no le preguntan a Southgate sobre Afganistán?”, le respondió a un periodista de la BBC.

Lo que iba a ser un partido de la geopolítica ahora definirá la clasificación a los octavos de final. Porque el fútbol te guarda estos asuntos. Irán y Estados Unidos se jugarán mano a mano el pase a la siguiente ronda. Será el martes a las 16 de la Argentina en el estadio Al Thumana. Ahí estaremos.

En Doha convivo con un mexicano y trabajo cotidianamente con otro. Fernando Segura Trejo es sociólogo, tiene 45 años, vivió muchos años en la Argentina y también en Brasil. Armando Meneses es un documentalista mexicano, 40 años, criado en Zacatecas. Con ellos, Daniel Arcucci y Ezequiel Fernández Moores hacemos Tertulias desde Qatar para el Canal Catorce, una de las emisoras públicas de México. Les comparto la última, una charla sobre Diego Maradona, acá.   

Ahí también hablamos de lo inevitable, del partido de hoy. Les había preguntado antes, durante el desayuno, de dónde proviene la bronca de los mexicanos contra los argentinos, que ahora parece una realidad aumentada por el partido crucial en Qatar. Recordé que México le había abierto las puertas a los exiliados durante la dictadura militar. “En esa ocasión llegaron personas de izquierda, intelectuales, se insertaron en la universidad”, dice Fernando. Pero ambos observan una diferencia respecto a una segunda ola migratoria de argentinos, la que produjo la crisis de 2001. Ahí se expuso en algunos cierta arrogancia y altanaería. 

“El mexicano -me dice Armando- tiende a idolatrar a personas de otras nacionalidades y eso fue un caldo de cultivo perfecto. Porque mucha de esa gente que llegó en ese tiempo abusaba de la confianza, de la amabilidad, y eso comenzó a generar una animadversión con los argentinos”. Fernando agrega algunas victorias de la Argentina a México que todavía duelen: la final de la Copa América 1993, la semifinal de la Copa América 2007 y los cruces mundialistas de octavos en Alemania 2006 y Sudáfrica 2010. El bombazo de Maxi Rodríguez no se olvida.

Le escribo a Carlos Ulanovsky, uno de los argentinos que se exilió en México durante la dictadura militar. Me marca varios puntos. El primero es la huelga de 1948, cuando muchos jugadores argentinos se fueron al fútbol mexicano. Uno de ellos fue José Manuel Moreno, al que desde entonces le quedó el apodo de El Charro. “La inquina empieza desde entonces -me dice Ula-. Escuché, mientras vivía allí, a muchos mexicanos sostener que jugando al fútbol los argentinos eramos intolerantes, mandapartes, especialistas en dilatar el juego, llenos de maniobras sucias. Esos prejuicios se mantuvieron firmes muchas décadas”. 

Pero también está México 70, con el Brasil de Pelé y su fútbol de fantasía, al que los mexicanos se abrazaron. “Y desde entonces -dice Ula- aman incondicionalmente a la verde amarelha porque les evoca esos momentos de buen fútbol que eligieron e hicieron suyos, propios, para siempre”. ¿Y por qué eso no ocurrió en México 86 con la Argentina? Fue al revés. Salvo en el partido contra Inglaterra, hubo silbatinas permanentes a la selección y apoyo a cada rival de Maradona y su equipo de hombres comunes. Alentaron por Brasil hasta su eliminación en cuartos de final, aquel partidazo con Francia que se definió en los penales y apostaron por los alemanes en la final. Me escribe Ula: “Entre todos los exiliados, los futboleros, un tema fuerte de análisis era por qué los mexicanos apoyaban a Brasil como si fuera la tri. Seguro que en cada partido los hicieron sentir locales, y a nosotros, todo lo contrario. Ni siquiera los sedujo el excepcional nivel de Maradona, como sucedáneo de aquel Pelé”.

De México 86 recomiendo una historia bellísima que mezcla a los hijos de exiliados con Maradona. La contó en la agencia Telam la periodista Marina Butrón, hija de militantes desaparecidos por la dictadura, y ella misma de familia exiliada en México. 

De ahí pasamos a que por las calles de Doha, en los alrededores del Souq Waqif, se canten serenatas contra Messi. Se unan a ellos brasileños y uruguayos. El despiste contra Arabia Saudita resignificó este partido que ahora nos enfrenta a posibles fatalidades. México tiene demasiadas cuentas pendientes con la Argentina para cobrarse esta tarde. Pero la Argentina tiene un equipo en el que confiar, una idea a la cual aferrarse. Los cambios que se esperan en el equipo son actos coherentes con lo que hasta acá fue la gestión de Lionel Scaloni. No sólo porque tiene antecedentes de haber cambiado  mucho sino también porque hay puestos (los laterales, por ejemplo) donde titular y suplente son indivisibles. Enfrente habrá un técnico conocido, Gerardo Martino. Y quizá un delantero argentino, Rogelio Funes Mori.

Y estará Messi. Todo está en juego esta tarde donde nos acechan otros fantasmas. Hay un refrán mexicano que dice que no hay sábado sin sol. Hagamos apropiación cultural. Como el título del libro de Ula que tiene las bellas crónicas del exilio, seamos felices mientras estemos aquí. 

 Y tomemos fuerza con esta maravilla del Quartieri Spagnoli en Nápoles. 

Hasta la próxima carta,

AW