El auge del Futsal masculino tras la obtención del primer título del mundo tiene la contracara en su rama femenina. El logro de los chicos dirigidos por Diego Giustozzi choca contra el presente del Futsal femenino. Y del fútbol femenino en general. “A nosotras nos alegra mucho lo que lograron los chicos porque sabemos todo lo que tuvieron que luchar para llegar a esto. Esperemos que este título mundial sea un puntapié para que también se tome enserio al Futsal femenino”, se esperanza casi al unísono un grupo de chicas que hoy, a pesar de jugar en la primera de los principales equipos del país, siguen luchando por ser profesionales y reconocidas como merecen.

Las caras de todas se transforman en segundos. La sonrisa grande, de oreja a oreja, mientras tienen la pelota en sus pies, cambia de manera abrupta cuando les toca hablar de su realidad. Ese deporte que tanto aman y al que tanto talento y esfuerzo le brindan hoy no les devuelve nada. Ellas juegan únicamente por amor.

No tienen remuneración alguna y en casi todos los casos, ni cobertura médica. Una situación que suena más chocante a la hora de hablar del seleccionado nacional. “Ni la AFA nos tiene en cuenta”, disparan.

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Lo saben y lo sufren, pero no abandonan. “Somos nosotras, las jugadoras, las que tenemos que generar un cambio. Tenemos que defender nuestros propios derechos generando obligaciones a la otra parte. Tenemos que hacernos respetar porque lo que pasa hace tiempo con el fútbol femenino también es violencia de género”, afirma con crudeza Florencia Pereiro, actual jugadora de la Primera del Futsal de Sportivo Barracas, donde además dirige a la 4ª División.

Hoy la realidad del fútbol femenino es dura, en gran medida por la pata dirigencial. “A la mayoría de los dirigentes no les interesa el fútbol femenino, tanto en Futsal como en cancha de once pasa. Jugamos sólo por amor al fútbol, no hay otra. Yo ya sé que acá no voy a poder vivir de lo que amo y sé hacer”, reconoce Julia Dupuy, quien con sólo 16 años ya juega en la Primera del Futsal en Sportivo Barracas, en fútbol once en Boca Juniors y fue convocada para el Sub20 nacional.
Por más que luchen, hoy las chicas juegan gratis. No importa si son de Primera o lo hacen en divisiones menores, sólo algunas llegan a cobrar algún viático en cancha de 11, aunque son casos esporádicos. La desidia dirigencial es tal que hasta en la AFA hacen la vista a un lado. Para marcar un parámetro, cuando se participa de algún torneo se cita a un grupo de jugadoras con apenas unos días de anticipación y varía de acuerdo a la disponibilidad de cada una ya que tienen que vivir trabajando de otras cosas. Es más, ni jugando en la Selección cuentan con algún viático.

“Hay mucho maltrato, mucho desprecio por lo que hacemos. El torneo de Futsal de varones, por ejemplo, comienza en marzo, mientras que el nuestro arranca pasada mitad de año. Nos entrenamos desde febrero y no sabemos cuándo arrancamos”, asegura Bárbara Abot, quien junto a Pereiro se fueron de Boca con un proyecto integral que presentaron a Víctor Santa María para llevar fútbol femenino a Sportivo Barracas. Hoy el club cuenta con varias divisiones y compite en el torneo de AFA gracias a la idea de ambas.

Pero el drama de las chicas no pasa sólo por no recibir sueldos o viáticos, casi ninguna cuenta con cobertura médica. “Yo me rompí los ligamentos jugando para Boca en un partido ante SECLA y no me brindaron nada. No me dieron cobertura, dijeron que eso pasaba sólo si nos hacíamos socias del club y tampoco. Me hice socia y me dieron mil excusas para no cubrirme nada. Por culpa de esa lesión me tuve que retirar”, expresa con bronca y resignación Yamila Gopfrich, quien jugó en la Primera xeneize hasta que tuvo que decir basta por lesión y hoy apuesta a su carrera como guardavidas.

“Creo que el deporte femenino en general no tiene el apoyo necesario para el crecimiento, aunque en el fútbol se nota mucho más. A nivel selección, previo a una competencia, no hay preparación suficiente para enfrentarse a las grandes potencias. La difusión es nula y tampoco hay intención por parte de la dirigencia y los medios de que esto crezca. Acá todo el mérito es de las jugadoras que entrenamos y luchamos por amor al deporte”, asegura Sofía Cagnoni, jugadora de Racing Club.

La situación es tan compleja que ni siquiera a las chicas que vienen a jugar del interior del país les cubren lo suficiente. A pocas jugadoras, algunos clubes les cubren alguna pensión, a otras les bancan algún viaje en micro, pero son escasísimas las veces que esto pasa. Para peor, en general, los horarios de entrenamiento en los equipos de cancha de once son de 14 a 17, un horario que deja poco margen para que además puedan conseguir un trabajo bien remunerado.

Situaciones desgastantes, una tras otra, que sólo chocan con el amor por la pelota de estas chicas y mujeres. Como Melina Bentacor (ex Boca Juniors), quien llegó desde Uruguay con una expectativa mayor a lo que realmente es el fútbol femenino. “La verdad es que yo no pensaba que era tan así. Luego de salir campeona en Uruguay me vine a probar a Boca pensando que al menos podía llegar a cobrar algo como para los viáticos y pagar un alquiler, pero me encontré con la triste realidad de que ni para eso me daban. Por suerte, conocí un grupo de chicas que me aguantó y con el que la luchamos por amor al fútbol”, cerró Melina con razón. Hoy están solas, sólo cuentan con el gran amor que ellas, las jugadoras, le ponen.