El año del Mundial más extraño de la historia en tiempo y espacio comenzó para la Selección en una fecha atípica y en un escenario inusual. El 27 de enero la Argentina dio el primer paso de este 2022 en Calama, Chile, a 2260 metros de altura: sin su capitán Lionel Messi en el campo, sin su conductor Lionel Scaloni en el banco, se impuso por 2-1 y estiró su invicto a 28 partidos. No hay otra Selección en el mundo que lleve tantos juegos al hilo sin perder. Si el desafío es sostener ese estado zen hasta noviembre, cuando la pelota empiece a rodar en suelo qatarí, el equipo argentino da cada vez más señales de que este andar tiene más que ver con los argumentos que con las casualidades.

“Dos años sin perder no creo que sea una ráfaga”, contestó Rodrigo De Paul a la pregunta de un periodista de si esta Selección era un equipo de ráfagas. Argentina no pierde desde la semifinal ante Brasil en la Copa América 2019, el caldo fundacional del cuadro de Scaloni, que luego edificó su identidad sobre 18 victorias y diez empates. A 295 días de Qatar, como lo demostró el jueves, no parece haber obstáculos imposibles para este equipo: ni el calor, ni la altura, ni las ausencias. 

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Ante un necesitado Chile que todavía cuenta con las figuras de la mejor generación de todos los tiempos (Alexis Sánchez, Gary Medel, Charles Aranguiz, Mauricio Isla y Claudio Bravo jugaron en Atacama), la Selección se impuso con aplomo. Las bajas del 10 y del entrenador no fueron las únicas adversidades: “Creo que acá las cosas se podrían haber hecho diferentes. Estuvimos casi tres horas en el aeropuerto sin que nos dejaran ir al baño, haciéndonos bajar todos los bolsos, después dos horas y media de viaje… Nosotros intentamos poner la mejor predisposición. Si está bien o mal, lo deberá evaluar otra gente. Luego llegamos al hotel y en las habitaciones hacía entre 30 y 32 grados y no andaban los aires acondicionados, tuvimos que abrir las ventanas para dormir; había sirenas, nadie pudo dormir bien. Y cuando nos levantábamos no teníamos agua…”, fue el resumen que hizo De Paul de la excursión al otro lado de la Cordillera. 

Es, al cabo, un capítulo más en la serie de esta Selección que templó su espíritu en pandemia: ganó en el Maracaná una Copa América que estaba planificada para que se jugara de local; vivió una insólita experiencia meses después en Brasil, con un partido suspendido tras el ingreso a la cancha de los fiscales de la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria brasileña; jugó fechas triples de eliminatorias en las que algunos futbolistas aseguraron su presencia contra la voluntad de los clubes europeos con los que tienen contrato. Lo repiten cada vez que declaran y también lo demuestran en el césped: el combustible parece ser las ganas de trascender con la celeste y blanca, de ayudar al ídolo Lionel Messi a cumplir el sueño que le queda en el fútbol.

Por eso, el partido de pasado mañana ante Colombia, en el Mario Alberto Kempes de Córdoba, se plantea como un episodio más. A las ya conocidas bajas a la hora de armar la convocatoria, se suman las suspensiones por doble amarilla para Rodrigo De Paul, Nicolás Otamendi, Leandro Paredes y Nicolás Tagliafico. Como ocurrió en Calama, el juego en Córdoba puede ser una oportunidad para aquellos futbolistas que pelean por ganarse un lugar entre los convocados a Qatar.

Mientras cruza los dedos para que la FIFA permita estirar la lista a más de 23 jugadores, adecuado a los tiempos de pandemia, Scaloni ya tomó nota del aporte que entrega el zurdo Lisandro Martínez desde la zaga y de que Alejandro “Papu” Gómez no es solo un influencer: a la izquierda de Leandro Paredes jugó un gran partido ante Chile. Ya había ocurrido algo similar con Nicolás González, Joaquín Correa, Guido Rodríguez y Germán Pezzella, cuando les tocó ser titulares en lugar de piezas de recambio. Esa parece ser la otra gran característica de esta Selección, en la que pueden modificarse los nombres pero no el rendimiento ni el resultado. 

Buena parte de los 28 partidos sin caídas, de todos modos, se puede explicar desde los arcos, con un apellido común. En el de enfrente Lautaro Martínez asegura su presencia: con 24 años es el goleador del ciclo de Scaloni, lleva 18 gritos en 36 partidos con la camiseta argentina y se metió entre los 20 anotadores históricos. En el propio, el que brilla es Emiliano Martínez, la gran figura argentina en Atacama: el arquero del Aston Villa lleva diez vallas invictas en sus 15 partidos con la Selección. Bestial. Más allá de los Martínez, los números en las áreas de estos últimos 28 juegos impresionan: 51 goles a favor y 16 en contra. 

¿Qué hay en el horizonte argentino tras el partido del martes ante Colombia? A finales de marzo llegará la última doble fecha de las Eliminatorias Sudamericanas: el 24 de marzo como local, ante Venezuela, aún con estadio a confirmar; y luego el 29 de marzo como visitante ante Ecuador. Después vendrán dos ventanas de amistosos, donde Scaloni podrá rendir una de las materias que aún le faltan como seleccionador: una prueba ante una Selección europea. En junio, en Wembley, se jugará el partido entre Argentina e Italia, el campeón de América y el campeón de la Eurocopa. Aún falta definir el segundo rival de esa ventana. Para septiembre llegará la última tanda de amistosos, ya con el grupo del Mundial sorteado: la idea del cuerpo técnico es sostener la tradición de buscar rivales similares a los que se enfrentarán en la Copa del Mundo. 

Si el 11 de julio de 2021 el deseo generalizado era que había que intentar no tocar nada hasta noviembre de 2022 cuando comenzara el Mundial, si el desafío era estirar en el tiempo esa sensación onírica de que todo saldrá bien, la propia Selección se encargó de mostrar su cintura para esquivar los obstáculos que aparezcan. Todavía quedan siete antes del 21 de noviembre.