El 6,7% que arrojó la inflación de marzo terminó de encender las alarmas que le faltaban a un año que no da tregua. A contramano del bolsillo, todo indica que la tendencia seguirá alta en los meses que vienen y que a fin de año el promedio será de entre el 60 y el 65%, con especial incidencia del factor inercial, en un contexto de fuerte inestabilidad de todos los precios.

Pese al pronóstico, los economistas piensan que la política da algunas señales positivas y aconsejan profundizar la intervención a futuro.

Mara Pedrazzoli, del Departamento de Economía Política del Centro Cultural de la Cooperación (CCC), respaldó una propuesta que combina una política de control de precios con reapertura de paritarias y asignaciones de subsidios.

«Es positiva la actitud de (el secretario de Comercio Interior, Roberto) Feletti con los programas de referencia. En el IPC de marzo, los aumentos de alimentos fueron la cuarta categoría más alcista y cabe preguntarse si se empieza a ver algún tipo de efectividad en la política de Precios Cuidados. Son señales de que el Estado está monitoreando, y ahora se empieza a meter en los comercios de barrio, a profundizar», evaluó en diálogo con Tiempo. La previsión inflacionaria del CCC para 2022 está sin embargo en el orden del 60 por ciento.

En cambio, Nicolás Pertierra, economista del Centro de Estudios Scalabrini Ortiz (CESO), consideró que los acuerdos de precios son débiles como ancla para las subas de precios, y advirtió la falta de un patrón claro para usar como ancla en relación a las tarifas de los servicios o los valores de combustibles, que podrían tener impacto en el corto plazo.

Pertierra también destacó la utilidad de las medidas sobre ingresos, como la implementación de la Tarjeta Alimentar, la asignación de bonos extraordinarios y la política alimentaria por su correlato en la actividad y el consumo.

Para el CESO, en 2022 la inflación será del 60% como piso: «No la vemos bajando bruscamente, sino volviendo a la velocidad crucero que tenía previamente a la crisis internacional», indicó.

Un concepto similar planteó la economista Paula Malinauskas, de la consultora LCG. Con datos de los primeros días de abril, donde la evolución de la canasta de alimentos y bebidas fue del 16%, consideró a este medio que es esperable que este mes la dinámica «se muestre algo más normalizada» que en el mes anterior, «pero aún en niveles inflacionarios altos». Para esta fuente, con los números de la primera parte del año, la inflación anual «ya ronda un piso del 65 por ciento”.

Factores de fondo

Los consultados remarcaron la influencia de los factores estructurales locales en el recalentamiento de los precios, el impacto de los factores externos, como la salida de la pandemia y la guerra ruso-ucraniana; pero señalaron que el factor inercia es una clave para entender la dinámica actual y la tendencia para el resto del año. En el mismo sentido, advirtieron que el gobierno se mueve con lentitud o directamente no se mueve para controlar subas que se repiten periódicamente y que son previsibles.

«Más allá de los acuerdos de precios, hay una dimensión en la que se nota la falta de gobierno, la falta de presencia política para cortar algunos procesos, observó Pedrazzoli, del CCC. Si se mira el IPC de marzo, se ven aumentos muy importantes en el sector textil y en la educación, dos sectores que en el IPC de marzo de 2021 habían tenido el mismo comportamiento. Ahí faltaron ganas de regular. Son señales de adormecimiento de la política o de indecisión. Un sector debe perder. Hay que elegir».

Pertierra sumó que el factor inercial es importante en la economía local desde 2014. «Es una inflación que ya está muy incorporada en la actividad; se expresa, por ejemplo, en la presión que ejercen la tasa de interés y los precios de los alquileres. Te ponen un piso y algo de expectativas. Es un número que se instala como referencia para la rentabilidad desde algunos sectores», explicó.

El referente del CESO desestimó conspiraciones y habló de que «un escenario de precios relativos tan cambiantes y con inflación es río revuelto para recuperar ganancias rápido. La inercia también hace que la peluquería suba el 50%».

Para este economista, una alternativa para frenar la inflación inercial demanda al gobierno una mayor capacidad de coordinar variables entre sectores de la economía. Pero advirtió que «falta coordinación política y económica fuerte, algo que no está pasando». «