Los bonos en moneda local atados a la inflación sufrieron una fuerte depreciación en las últimas jornadas y crece la desconfianza sobre las posibilidades del gobierno de seguir financiándose con ese tipo de instrumentos, como había hecho en los últimos meses. El lunes volvieron a caer y algunos de esos papeles ya acumulan una baja del 10% en la última semana.

Mientras tanto, en la City se da por cierto que entidades oficiales salieron a comprar esos bonos para sostener su precio. Las versiones señalan que el Banco Central invirtió unos $ 200 mil millones en las últimas tres ruedas para evitar bajas más pronunciadas y calmar la corriente vendedora. Otros rumores también dicen que la Anses, a través del Fondo de Garantía de la Sustentabilidad, también se sumó a las compras.

Fuentes del mercado aseguran que la corrida contra esos bonos arrancó la semana pasada cuando Enarsa, la empresa estatal de energía eléctrica, liquidó unos $ 9.000 millones en Boncer para cumplir con un pago de importaciones de combustible. Ante la falta de demanda, el precio de la operación se pactó a la baja y eso disparó la alarma en los sistemas informáticos de muchas agencias y fondos de inversión, que cuando la caída superó cierto límite dispararon órdenes de venta de esos papeles.

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Uno de los directores del Banco Central, Agustín D’Attelis, salió a desmentir la especie. “Esta hipótesis es falsa porque la salida que tuvo lugar a partir de la necesidad que tenía Enarsa para pagar algunas cosas fue sobre fondos con liquidez donde colocan dinero para que, cuando necesitan, rescaten y al día siguiente tengan la plata. Esos fondos no tienen instrumentos indexados porque estos liquidan con plazos más largos”, explicó el economista en declaraciones a Radio 10.

Lo cierto es que la caída de los bonos CER puso nerviosos a los mercados, que reaccionaron con fuertes subas en el dólar blue, que este martes al mediodía cotizaba a 220 pesos, y en el CCL (contado con liquidación), que se disparó a 237. No fue el único motivo: en el ámbito internacional también hay inquietud por los sombríos pronósticos sobre una recesión en Estados Unidos y una inminente suba en las tasas de interés por parte de la Fed, que aceleraría la salida de capitales de los mercados emergentes.

En el ámbito local también hay preguntas sobre cuál será el margen del gobierno para seguir apostando a los títulos en pesos como mecanismo para solventar su déficit primario, en un contexto en el que la inflación se supera día a día y la suba de tasas no logra alcanzarla. Por eso en las últimas licitaciones de deuda los inversores venían exigiendo los bonos ajustables por el índice CER, que replica la suba de precios: esos papeles ya representan el 17,2% del total de la deuda pública (más de $ 7 billones).

Otro rumor que atraviesa la City afirma que economistas de Juntos por el Cambio, en reuniones privadas, adelantaron que esa fuerza planea “reperfilar” la deuda en pesos en caso de acceder al gobierno a fines de 2023, imitando lo que hicieron cuatro años atrás. De esa manera, ganarían margen de acción en el inicio de una eventual nueva gestión. El ministro de Economía, Martín Guzmán, rechazó la posibilidad de que el actual gobierno tome semejante medida: “En cuanto a la barbaridad de defaultear deuda en pesos, nuestro Gobierno jamás haría eso. El crédito en la moneda propia es un pilar de todo Estado soberano”, tuiteó.