La decisión de Sergio Massa de sumar a su equipo a Daniel Marx comenzó a provocar rechazos en integrantes del Frente de Todos, que recordaron el rol de Marx en la corrida cambiaria en el final del gobierno de Raúl Alfonsín; en la política de endeudamiento masivo durante el primer menemismo y en el megacanje de deuda en el segundo semestre de 2001, considerado ilegal por muchos.

Massa designó a Marx como responsable de un “Comité para el desarrollo del mercado de capitales y seguimiento de la deuda pública”. En algunas usinas se lo mencionó como un integrante más, pero en rigor va a ser su titular.

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Felisa Micelli, ministra de Economía durante 2005 y 2007, durante la presidencia de Néstor Kirchner, dijo a la radio AM 750 que acordaba con la designación de Massa como ministro de Economía, pero cuestionó a Marx. «Por ahí, a una le hace ruido el nombre de Daniel Marx porque estuvo en procesos económicos que no fueron beneficiosos para el país».

Claudio Lozano, director del Banco Nación y presidente de Unidad Popular, partido político que integra el Frente de Todos, observó que Marx “es y ha sido uno de los responsables principales de mantener la lógica del endeudamiento perpetuo y la subordinación a esta lógica por parte de la economía Argentina prácticamente desde el comienzo de la democracia hasta aquí”.

Lozano analizó que luego de cincuenta días de corrida cambiaria y financiera, “en la que el poder económico ha pretendido marcarle la cancha y la política económica futura al gobierno nacional, resulta francamente alarmante que aparezca en el equipo del futuro ministro Sergio Massa alguien como Daniel Marx”.

¿Currículum o prontuario?

Marx cumplió un papel clave en la decisión de no investigar el endeudamiento externo acumulado durante la última dictadura cívico-militar. En 1986, con solo 32 años, fue designado director del Banco Central. Marx era un firme partidario de la teoría de la razón de Estado, por la cual la abultada deuda en dólares asumida por el Estado argentino durante la dictadura de 1976-1983 debía ser asimilada, incluido el traspaso de los pasivos privados al Estado durante la gestión de Domingo Cavallo en el Banco Central en 1982.

En aquel momento, el gobierno radical de Raúl Alfonsín consideró que las fluidas relaciones de Marx con los bancos de inversión de Estados Unidos podía procurarle un auxilio financiero al plan austral, que ya mostraba su debilidad por la falta de dólares.

A pesar del fracaso en esas gestiones –el plan austral pasó a mejor vida con el plan primavera de 1988- Marx se mantuvo como negociador de la deuda externa nacional. Como tal, jugó un papel central en la formulación del plan Brady, por el cual los países latinoamericanos sobreendeudados salieron al rescate de sus acreedores, un puñado de bancos de Estados Unidos. El esquema implicaba que los deudores aceptaran la emisión de deuda nueva en forma de bonos soberanos que cotizarían en las bolsas de valores de EEUU. En el canje de deuda, los deudores reconocieron a los títulos de deuda en poder de los bancos un valor muy superior al que tenían en el mercado. El esquema incluyó la sanción de legislación que permitió usar los nuevos bonos en la privatización de la economía, algo que el menemismo usó en forma masiva. El plan Brady, pergeñado por el secretario del Tesoro de EEUU, Nicholas Brady, benefició a los bancos por partida doble, ya que se desprendieron de bonos sin valor y pudieron usar los nuevos títulos en la adquisición de activos estatales a precio vil. Pasó en Argentina, México y Brasil, las principales economías del “hemisferio Occidental”.

Fernando de la Rúa designó a Marx como secretario de Finanzas a fines de 1999. Durante los dos años que duró el gobierno de la Alianza, Marx fue el responsable de un proceso de mayor endeudamiento externo para sostener un régimen político y económico, la convertibilidad, que agonizaba. A partir de la renuncia del vicepresidente, Carlos Álvarez, en octubre de 2000, y del ministro de Economía, José Luis Machinea, en marzo de 2001, la política del experto en endeudamiento fue crear las condiciones financieras para que los fondos del exterior con inversiones en la Argentina pudieran retirarse “en orden”.

Es decir, la toma de nueva deuda –incluida la del Fondo Monetario– se empleó para facilitar la fuga de esos capitales del país. Ese circuito incluyó el blindaje, a fines de 2000, y el megacanje, a mediados de 2001.

El blindaje fue presentado por De la Rúa en la Navidad de 2000 (el recordado spot del “qué lindo que es dar buenas noticias”) como una solución a los problemas financieros argentinos. Sin embargo, solo blindó a los fondos que querían fugar, lo que generó choques con sectores de acreedores que veían cómo se les diluían sus posibilidades de cobrar. Por eso, en marzo de 2001 el blindaje ya era historia.

El megacanje intentó repetir el esquema del plan Brady: canjear papeles soberanos basura por nuevos títulos, está vez ya no garantizados por activos estatales sino en la propia recaudación de la Afip para lo cual el Congreso repitió el comportamiento de 10 años antes y esta vez aprobó una ley que delegó facultades legislativas en favor del Poder Ejecutivo.

Domingo Cavallo, Daniel Marx y Federico Sturzenegger estuvieron procesados por esta estafa al país, que derivó en una suba de la deuda externa del 35% en un abrir y cerrar de ojos, y que solo sirvió para favorecer la fuga de capitales que para ese entonces se había convertido en una avalancha imparable. Hasta el Argentinazo.