Daniel Yofra es secretario general de la Federación de Trabajadores del Complejo Industrial Oleaginoso, Desmotadores de Algodón y Afines de la República Argentina, entidad gremial más y mejor conocida como Aceiteros. En diálogo con Tiempo, cuenta los logros de la lucha obrera en el sector, critica a sus pares “que no luchan”, aboga por “un salario digno, no de pobreza” y critica la negociación del gobierno con el Fondo Monetario Internacional.

-¿Cómo fueron las paritarias del sector?

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-Una es Desmotadores de algodón, que cerró hace poco y la otra es Aceiteros, que cerramos a fin de año pasado. A partir del 1 de enero, los aceiteros cobran 153 mil pesos de básico para un peón. Hay tres categorías más, con una diferencia del 25% entre la categoría más baja y la más alta. Desmotadores cerró en $ 110 mil de básico. La escala es más baja porque arrancamos en 2009 con ellos, cuando ese salario no alcanzaba a cubrir siquiera el Salario Mínimo Vital y Móvil. O sea, estaban por debajo de la indigencia.

-Llama la atención los números que logra Aceiteros. ¿Cómo hacen?

-Hay un prejuicio con Aceiteros, con respecto a que nosotros logramos esas paritarias porque trabajamos en empresas grandes. En parte, es verdad, pero en parte es una excusa de aquellas organizaciones que no quieren pelear por un salario que dignifique la vida de los trabajadores. El problema no es cuánto saca Aceiteros, sino cuánto pide el resto. Hay muchas organizaciones que piden la canasta familiar como si eso fuese lo suficiente como para que los trabajadores vivan dignamente. Es en primer lugar una cuestión conceptual. Hay empresas en nuestro sector que son pymes con pocos empleados y pagan de todas formas el salario que acordamos nosotros.

El primer paso es que los trabajadores sepan cuánto tienen que ganar. El segundo paso es enfrentarse a las empresas y a los gobiernos de turno, que también empujan para que los trabajadores no tengan un buen salario, con la excusa de que genera inflación. Eso es una mentira. El siguiente paso es que si los patrones no pueden pagar esos salarios, tienen que demostrarlo con balances y eso nunca ocurre porque los dirigentes gremiales no lo piden y los gobiernos no lo exigen.

-¿Cómo construyen ese salario por el cual pelean?

-Nuestra fórmula de Salario Mínimo la empezamos a plantear en 2004, en Dreyfus. Yo llevaba 15 años trabajando ahí, con un sueldo de pobreza. Teníamos que vivir adentro haciendo horas extras y no podíamos tener una vida digna. Empezamos a utilizar la herramienta de la huelga, a ganar y a generar conciencia. Tuvimos éxito con el salario y con otras reivindicaciones. A partir de 2010, llegamos al salario que buscábamos.

Lo construimos con datos oficiales, del Indec. La Ley de Contrato de Trabajo establece una serie de necesidades que el salario debe satisfacer a todos los trabajadores. En base a eso, recogimos de distintos informes del Indec cuáles son los valores de esas necesidades. Ese número no es de Aceiteros, no es un capricho de los dirigentes, es lo que establece la Ley, en el artículo 116 de la LCT y en el 14 bis de la Constitución. A partir de ahí, empezaron a haber presiones por parte de los gobiernos.

Por parte de las patronales, siempre hay un “no” como respuesta. Pero cuando avanzás te das cuenta de que debés enfrentarte también al gobierno de turno y al silencio estigmatizante de un sector de las organizaciones de trabajadores.

-Pero el Salario Mínimo del que hablan ustedes no es el mismo que el oficial.

-El Salario Mínimo de la CGT, la UIA y el gobierno no sé de dónde sale. Nosotros podemos justificar el nuestro: es un estudio que el Indec hizo hasta el 97 y después se discontinuó; lo retomó el kirchnerismo en 2012 y en 2014 lo sacaron de nuevo. Pero en distintos informes el Indec te va diciendo cuánto necesita un trabajador para la vestimenta, para una vivienda, para alimentarse, para vacacionar, para esparcimiento, para salud, para educación. Nosotros lo unimos y hacemos una proyección anual. El oficial no sé de dónde sale porque no lo explican. Ellos plantean un piso de Salario Mínimo por debajo de la línea de indigencia. Se pelea por una base que ni siquiera es de pobre, sino de indigente.

-¿Dónde está ese número?

-A partir del 1 de febrero, cualquier trabajador o trabajadora debería cobrar como mínimo $ 153 mil.

-Además del salario, ¿en qué otros frentes pelean?

-Hemos recuperado espacios dentro de los derechos de los trabajadores, que también nos quitó la burocracia en complicidad con las patronales. Las patronales siempre avanzan porque esto es una cuestión de lucha de clases de toda la vida. En 2016, hicimos los comités mixtos; en todos los lugares del país, se pueden constituir los comités de higiene y seguridad industrial, incluso donde no hay ley provincial. Ese logro es muy importante porque tiene que ver con la salud de los trabajadores. Cada vez que uno vaya a hacer un reclamo debe tener la capacidad de ir a hacer una huelga. Si no, que no haga ningún reclamo.

-¿Cómo impacta el contexto internacional en la lucha obrera?

-Las patronales siempre van a interpretar que el contexto perjudica a la industria. Siempre tienen una excusa para cagar a los trabajadores. El problema más grande del sector es con los gobiernos de turno, que no entienden que deben industrializar la materia prima. El capitalismo, en los 50, 60, 70, avanzó en contra de los trabajadores metiendo militares adentro del gobierno. Hoy, gana las elecciones. Pasó en 2015. El problema es que los dirigentes gremiales estamos esperanzados en que si participamos dentro de los partidos políticos vamos a cambiar las cosas desde ahí y eso no pasa. El partido los termina absorbiendo. Eso solo puede ocurrir si primero empoderamos al movimiento obrero. En los 70, no iban los dirigentes a buscar a los políticos para que les den un lugar.

Aceiteros tiene los logros a través de la lucha. Mi lugar lo puede ocupar cualquiera de los compañeros. Si la conciencia de clase se establece, no pasa por quién esté al frente. Hoy, el movimiento obrero tiene a los dirigentes completamente debilitados. Antes, al menos se peleaban con los que no eran peronistas. Hoy, ni siquiera eso, se alían a partidos que desprecian a los trabajadores.

Si hubiese diez organizaciones con impacto económico en el país, que pelean como Aceiteros, Bancarios o Camioneros, la cosa sería diferente y tal vez no necesitaríamos de la central obrera para poder organizarnos y organizar a la clase. Pero no ocurre. Todos elogian a Aceiteros, pero nadie pelea como Aceiteros.

-¿Cómo ves la lucha contra la inflación?

-Es muy difícil dar una orden cuando ni vos la cumplís. Te mandaron a cuidarte y hacían fiestas clandestinas. Necesitamos que los políticos no pelotudeen más, que dejen de hacer chistes y todo eso. No estamos para chistes, tenemos el 50% de los trabajadores pobres. Entonces, ves a un político atajando un penal en la arena y te querés morir. En tema precios, entre que sale la materia prima y llega a la góndola, hay una cadena enorme de especuladores que agregan precio y no pasa nada, nadie les dice nada. Sacaron un decreto que prohibía los despidos; al otro día, Techint despidió a 1.500 trabajadores y no pasó nada. El garrote solamente es para los trabajadores.

-¿Cómo viste las elecciones en la Federación?

-Cuando apenas arranqué, dije que solamente iba a estar un período. Ya voy por el tercero. No me gustan los personalismos. De hecho, propuse en la reforma de nuestro estatuto que el Secretario General solo debía estar un período, pero me sacaron cagando. Como asumí sin pedirlo, la continuidad fue también sin pedirla. Obviamente, estoy cada vez más cansado; uno deja de lado muchas cosas. Pero me entusiasma la lucha de clase y la lucha obrera y voy a trabajar estos cuatro años por varias cosas: mantener lo logrado, que no es fácil; y porque no me vengan a pedir dentro de 4 años que siga, lo cual sería muy frustrante para mí. Estamos acostumbrados a los líderes eternos y eso a la larga no funciona. El mejor legado que podemos dejar es el cambio cultural.

-¿Te gustaría pelear desde alguna central obrera?

Sí, me gustaría. Todo lo que sea más abarcativo y que el beneficio llegue a más trabajadores es satisfactorio, pero habría que ver qué gente hay para armar un bloque importante. Me interesa poder agrupar a diez o veinte organizaciones con impacto económico –porque a los gobiernos y a las patronales les duele lo económico-, para llevar adelante al movimiento obrero y a los trabajadores desocupados y precarizados. Pero en la medida que no nos pongamos de acuerdo los gremios más fuertes, va a ser muy difícil. Paco Manrique, Pablo Moyano, Omar Plaini, Sergio Palazzo. Hay compañeros que tienen conciencia de clase, pero son los menos en una CGT que está abarrotada de tipos que están hace 40 años y tienen a sus representados con sueldos de pobres.

-¿Hay luz al final del túnel?

-Si el movimiento obrero no activa, no va a haber nada. Las últimas movilizaciones grandes que hubo fueron para resistir, ya sea la reforma laboral, previsional o el acuerdo con el FMI. Pero resistir no es avanzar. Queremos que el Salario Mínimo sea lo que dice la ley. ¿Qué implica eso, que los empresarios ganen menos? Sí, implica eso. Y bueno, es la lucha que debemos dar. ¿Por qué tengo que justificar las ganancias del empresario? Ellos quieren ganar. Bueno, nosotros también. Yo no quiero achicar ninguna grieta con el empresario. Yo sé que avanza él o avanzo yo. Porque la única manera de achicar la grieta con el capitalismo es que nosotros seamos la servidumbre de ellos. Esa es la grieta que quieren achicar. Los trabajadores queremos vivir dignamente y eso no solo es pasar la línea de la pobreza.

Foto: Pedro Pérez

Renegociación de la deuda con el FMI: «Es un acuerdo de ajuste»

Para Yofra, el acuerdo con el FMI “es un acuerdo de ajuste”. El líder aceitero reniega de una negociación que, a su criterio, debió hacerse mucho antes, de otra manera.

-¿Qué te pareció la negociación con el Fondo?

-Yo no soy economista, pero sí soy negociador desde hace muchos años. Soy un negociador nato y sé cuándo hay que apretar o soltar o negociar o demostrar lo que uno dice. Lo primero que hizo este gobierno al asumir fue decir que iba a investigar la deuda y su ilegalidad. No pasó nada. Yo hubiera negociado en 2020, en el momento más duro de la pandemia. El FMI no estaba fuerte en ese momento y era la oportunidad para por lo menos achicar. Si la deuda fue ilegítima, como lo manifestó el propio Fondo, que se investigue y negociar desde ahí.

-¿Hay espalda para otro ajuste?

-Si esto no mejora en cuanto a los ingresos, por más que el Fondo nos condone la deuda, no se aguanta más. Ya no hay espalda para aguantar. La gente no va a soportar. Ya está cansada. Hay que apurarse con la toma de decisiones. En la medida de que no haya un panorama real de la situación y se actúe en base a eso, con decisiones importantes, va a ser muy difícil.

Tenemos que pensar que los dirigentes gremiales debemos tomar el toro por las astas. No podemos esperar más, ni a este gobierno ni a ningún otro. En la medida de que los trabajadores tengan un salario digno, se va a revertir el problema. Pero con el 50% de trabajadores pobres, es imposible que se reactive la economía.