Un programa de diez años de duración, sin sobrecargos y con la posibilidad de que se reembolsen los pagos en efectivo que se hagan antes de fin de año. Ese es, en líneas generales, el bosquejo del acuerdo que se está definiendo con el Fondo Monetario Internacional. Lapicera en mano, el gobierno espera que la Junta de Gobernadores del organismo, que se reunirá entre el 11 y el 17 de octubre, consagre la reducción de tasas. Si ello ocurre, el acuerdo podría firmarse casi de inmediato.

A esta altura, la renegociación de la deuda de más de U$S 44 mil millones está vinculada más a los tiempos de la burocracia de Washington que a las elecciones argentinas. La razón es sencilla: las fechas de pago están a la vuelta de la esquina y si bien el Banco Central cuenta con divisas para las primeras dos cuotas, la acumulación de vencimientos del año que viene haría inevitable el default.

Una mejor perspectiva sobre el grado de avance en la negociación se conocerá en la semana entrante, cuando se presente en el Congreso el Presupuesto 2022. Allí se sabrá si el Ejecutivo prepara pagos para todo el año por los casi U$S 18 mil millones estipulados en el cronograma original del stand by, lo que incrementaría los gastos totales casi en un 20%, o si no los incluye en las previsiones.

“Un acuerdo necesita de dos partes. El Fondo debe estar de acuerdo con cambiar algunas condiciones que son muy dañinas para la Argentina, por ejemplo reducir las sobretasas”, afirmó el ministro de Economía, Martín Guzmán, en una entrevista concedida en los últimos días al canal A24.

¿Por qué se le adjudica tanta importancia a esa cuestión? Porque ese adicional de dos puntos anuales que cobra el Fondo a los países que superan cierto límite de exposición crediticia (el que Argentina supera con holgura) representa unos U$S 900 millones anuales. En el gobierno, además de desembarazarse hasta fines de 2025 de los pagos de capital, quieren reducir el flujo de intereses de los casi U$S 1300 millones anuales a poco más de U$S 400 millones.

Guzmán dejó abierta otra posibilidad: que si la firma se dilata, el organismo reembolse los pagos que Argentina debe cubrir hasta diciembre. Allí entran dos cuotas de U$S 1880 millones, una a abonar dentro de diez días y otra en diciembre, más intereses por U$S 390 millones en noviembre. La suma coincide, en líneas generales, con los U$S 4334 millones en DEG que se recibieron por la asignación extra que realizó la entidad entre sus países miembro y que en el Palacio de Hacienda prefieren guardar en reservas antes que usar para quedar al día. “Estamos trabajando en eso. Se negocia un programa que permita tener una posición cambiaria más robusta”, admitió el ministro.

A cambio, el FMI impondría su postura de que el nuevo programa siga los lineamientos de los acuerdos de facilidades extendidas (EFF, por su sigla en inglés) con diez años de duración. En Economía quieren que si en los próximos años surgiera una línea de crédito más extensa o más beneficiosa para el deudor, el Fondo la aplique al caso argentino.

De todas maneras, los mercados siguen pensando que el cuadro electoral puede cambiar ese panorama. En los últimos días circuló un informe de la agencia Barclays Capital que sugería que en caso de ser derrotado este domingo, el gobierno podría postergar el acuerdo y crearse un espacio para ganar votos de cara a las legislativas de noviembre en base a un mayor gasto público. “Este escenario es particularmente probable si el gobierno gana o si las elecciones tienen un resultado ajustado. En ese caso, esperamos que el gasto se mantenga alto en el segundo semestre del año y las reservas sigan disminuyendo porque pagarán la amortización del FMI de septiembre con la asignación de DEG”, dice el paper. El dato muestra que una parte de la City desconfía de la voluntad política del gobierno para llegar a un acuerdo. «

Dólar electoral

El Banco Central terminó la semana con un saldo negativo de alrededor de U$S 320 millones por sus intervenciones en el mercado oficial, según datos extraoficiales. La sangría se suma a los U$S 340 millones que había perdido en la primera semana del mes.

Entre los operadores se atribuyen los movimientos a la merma en la liquidación de divisas de las empresas del sector agroexportador, por cuestiones estacionales, y a la tensión preelectoral, que también se reflejó en un mayor movimiento en el mercado de futuros. El dólar blue, en tanto, cerró el viernes a $ 185, después de haber alcanzado un par de días antes sus valores más altos del año.