Martín Guzmán redobló la apuesta. El ministro de Economía planteó públicamente que la actividad crecerá más de lo previsto y se animó a poner números. «Esperamos un crecimiento del Producto Bruto del 7% para 2021, eso lo establecemos como una base», dijo en una videoconferencia con representantes de fondos de inversión soberanos extranjeros.

La nueva estimación es un punto y medio mayor que la consignada en el Presupuesto 2021. «Ya se está viendo una recuperación del empleo y un fortalecimiento de las cuentas públicas. La economía argentina es la que más rápido se está recuperando en todo el continente», argumentó el ministro, con el presidente Alberto Fernández a su lado, como respaldo de sus palabras ante los hombres de negocios.

Sumate y apoyá el periodismo autogestivo

ASOCIATE

Sin tanto estruendo, algunos análisis privados ya estaban augurando que el rebote de la actividad iba a ser mayor del 5,5% planteado a comienzos de año. El Relevamiento de Expectativas de Mercado que elabora el Banco Central en base a consultoras, bancos y centros de estudio pronosticaba a fin de febrero una suba del 6,2%. El informe del sitio FocusEconomicus también planteaba un crecimiento del 5,8%, superando el ritmo de los demás países de la región, a excepción de Perú.

Aunque la mejoría en los niveles de empleo a los que aludió Guzmán todavía no está certificada (en la semana entrante el Indec recién difundirá los datos del último trimestre de 2020), en el Palacio de Hacienda ven con satisfacción que los ingresos públicos están subiendo y creen que eso es una señal de mayor actividad económica. La recaudación tributaria lleva seis meses creciendo por encima de la inflación, los pagos de intereses bajaron un 69% a partir de la reestructuración de la deuda y en enero, por primera vez en casi un año y medio, hubo superávit primario.

Luces verdes, luces amarillas

En el tablero de Economía hay luces verdes y otras amarillas. Entre las primeras se encuentran algunos ingresos no contabilizados en el Presupuesto. Uno de ellos es el impuesto a las grandes fortunas, aprobado en diciembre, que permitiría recaudar unos $ 300 mil millones a partir de marzo. También se espera una mayor entrada por derechos de exportación, gracias a la soja, cuyo precio subió otro 10% en lo que va del año: se esperan U$S 2000 millones adicionales en concepto de retenciones.

Ese dinero extra podría dar margen para que el gobierno haga política fiscal. Por ejemplo, los proyectos de ley que rebajan Ganancias a los asalariados y las pymes, lo que redundaría en mayor consumo y actividad, y la anunciada rebaja de aportes patronales para empresas del norte del país que tomen personal. También el ambicioso plan de obras públicas, con eje en infraestructura vial, ferroviaria y viviendas, estimado para este año en $ 842 mil millones. En la última reunión del gabinete económico, además, se discutieron detalles de los Repro (programas de Recuperación Productiva) para auxiliar a las empresas que, después de la pandemia, aún tienen dificultades para pagar los salarios.

Es precisamente la cuestión sanitaria una de las que enciende luces amarillas. El Presupuesto no contempla gastos adicionales para combatir las consecuencias económicas del Covid-19, que en 2020 costaron al Estado casi un billón de pesos extra. Una segunda oleada de coronavirus tan fuerte como la del año pasado obligaría a rehacer todos los cálculos.

¿Hay billetes?

Otro obstáculo en el camino lo supone la histórica dependencia de divisas que tiene la economía argentina para sostener una recuperación duradera. Un estudio publicado por el Banco Central señala que el problema abarca a toda América Latina, porque «su matriz productiva incompleta genera una fuerte dependencia por parte de la producción doméstica tanto de insumos como de bienes de capital importados que no son —ni pueden ser, al menos en el corto y mediano plazos, por falta de conocimiento técnico, infraestructura o economías de escala— producidos localmente».

Pero la publicación también hace hincapié en que ese problema es mayor en la Argentina. El resumen de diferentes trabajos empíricos indica que en las últimas tres décadas la elasticidad importaciones-ingreso osciló entre 1,72 y 3,62. Esto significa que por cada punto que crece el PBI, las importaciones crecen hasta un 3,6%, mucho más que en otros países de la región.

Los datos revelan la necesidad de dólares para sostener un mayor volumen de importaciones que habilite ese crecimiento. Si bien el Banco Central viene engrosando sus reservas a buen ritmo (compró U$S 1300 millones en marzo), todavía no está resuelta la negociación con el FMI y el Club de París, que puede requerir desembolsos al contado.

En base a esos números, Emmanuel Álvarez Agis, ex viceministro de Economía, planteó en el último informe de su consultora PxQ que aun en el supuesto de un acuerdo con el Fondo, la Argentina necesita llevar sus exportaciones a U$S 77 mil millones anuales (un 34% más que el nivel actual) para 2025. Solo así obtendría divisas suficientes para hacer frente a los pagos de deuda en moneda extranjera y a las importaciones que permitan sustentar un crecimiento sostenido del PBI del orden del 2% anual. Ese cuello de botella puede ahogar, una vez más, la recuperación de la economía. «

Salen datos de la actividad en 2020

El Indec dará a conocer este martes su informe sobre el nivel de actividad del último trimestre y el global del año pasado. La cuestión pasa por saber si la pandemia logró hacer de 2020 el año con mayor retroceso del Producto Bruto Interno desde que se llevan estadísticas de este tipo. La mayor depresión medida hasta ahora fue la de 2002, a la salida de la convertibilidad, cuando la economía se achicó un 10,9 por ciento.

Un anticipo de ese resultado lo dio el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), que arrojó una caída del 10% para todo el ejercicio. Ese indicador es bastante más pequeño que el PBI, pero podría servir como indicio para creer que la triste marca de aquel año, por suerte, no llegó a ser batida.

En la elaboración del Presupuesto 2021 se partió de la base de que el año previo cerraría con una caída de 12,1% del producto. En principio, ese número quedaría descartado.